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TEMAS BLOG OFICIAL DE LA POETA Y ESCRITORA andaluza Carmen Camacho ©2017

RESEÑA DE PRENSA DE LOBO GRIS DE James Nava

RESEÑA DE PRENSA DE LOBO GRIS DE James Nava

 

 

Las milicias paramilitares irrumpieron en Wild Creek, pero no contaban con la vieja leyenda india sobre lobos, ni con el hombre de la CIA.

 

Una combinación explosiva de thriller político, espionaje y ecología.

 

Un canto a los lobos y la naturaleza salvaje de las Montañas Rocosas, con raíces en las leyendas indias nativas americanas.

 

Una historia de amor apasionado y alto voltaje erótico en medio del enfrentamiento entre rancheros y ecologistas.

 

Unos documentos vitales que desvelan un secreto de la CIA.

 

Un hombre en busca de justicia. Una mujer en busca del amor y el conocimiento de los lobos.

 

Una maravillosa historia de amor a la naturaleza y de lealtad a los ideales en circunstancias adversas.

 

Jason Rovin se refugia en el hogar de su infancia, un rancho en Montana, alejándose de Langley y su vida en la CIA durante los últimos diez años, tras huir con un maletín lleno de documentos clasificados como alto secreto.

Mientras se dirige a Wild Creek, conoce accidentalmente a Catherine Rush, una bióloga que estudia a los lobos de la zona. Los dos inician una buena amistad y colaboran para averiguar el extraño comportamiento de éstos.

Entretanto, empiezan a aparecer misteriosas amenazas de muerte contra la bióloga y el sheriff de la localidad. Jason y Catherine descubren, durante una de sus incursiones en las montañas, la presencia de un campamento de milicias paramilitares, liderado por un terrorista neonazi internacional.

Al tiempo que la presencia de una creciente manada de lobos alarma a todos los rancheros de la zona, los siniestros planes de un banquero local, apuntan hacia una compleja e inquietante trama que llevará las vidas de todos al límite y pondrá a Wild Creek como foco de atención de toda la prensa.

Los documentos secretos que guarda Jason Rovin, se convertirán en claves para la intervención de la CIA y el FBI en el asunto.

 

 

Con un argumento que combina acción, aventuras, intriga, y sentimientos de una forma amena y electrizante, diálogos llenos de humor y una narración absorbente, Lobo Gris refleja valores como la amistad, la lealtad, el valor, la libertad, y el amor, a través de unos personajes que ponen de manifiesto lo maravilloso y lo miserable que encierran los seres humanos, y nos transporta a un mundo casi perdido en las montañas Rocosas de Montana.

 

Una historia mágica sobre lobos, alta política y espionaje, que se mezclan en una novela emocionante de la primera a la última página, con capítulos perfectamente conseguidos que arrancarán emociones encontradas.

 

El autor nos conduce al mundo de los ranchos en el Oeste americano, con un misterio de fondo que va in crescendo, y la presencia inquietante de unas milicias paramilitares.

 

Todo un homenaje al mundo del Western americano y sus valores tradicionales, así como un testimonio realista de los entresijos de los Servicios de Inteligencia y el alcance de sus operaciones clandestinas.

 

Una historia muy visual, en la que podremos descubrir tanto las viejas leyendas indias como la vida interior de un agente de la CIA. Una novela bien escrita, con un ritmo que acelera a medida que pasan las páginas y los personajes se van asomando, con una atmósfera bien recreada, donde transcurre la acción, y con guiños evidentes a la música country.

Novela muy recomendable para los aficionados al thriller político, de espionaje, las historias románticas, y las aventuras ecológicas.

“Lobo Gris”, James Nava

Editorial El Tercer Nombre.

560 páginas

ISBN: 978-84-96693-14-2

Formato: Rústica

Más información en: www.jamesnava.com

www.eltercernombre.com

Nosotros, no por Rolando Revagliatti

 

Nosotros, no por Rolando Revagliatti

 

 

 

 

 

No hemos sido nosotros

quienes entre 1600 y 1850 hemos asesinado

sistemáticamente a más de 30 millones de indígenas

durante la colonización de Norteamérica

 

ni quienes a partir de 1619

legitimamos y establecimos el uso de prisioneros africanos como esclavos

situación que jurídicamente sólo vino a terminar en 1995;

 

no hemos sido nosotros quienes nos apoderamos

de Texas, California y Nuevo México entre 1846 y 1848

tras promover y financiar un movimiento de secesión en estos territorios mexicanos

 

ni quienes anexionamos a Hawai en 1898 e intervinimos

en la política de los países centroamericanos, anexionando

también a Filipinas, Guam y Puerto Rico;

 

no hemos sido nosotros quienes, por supuesto, innecesariamente

atacamos con bombas atómicas

a ciudades de Japón,  como muchos recuerdan, en 1945

 

ni quienes una y otra vez

nos involucramos en guerras foráneas

y  conquistando nuevos territorios

o áreas de influencia

declaramos la guerra a Corea

intervinimos en la política sudamericana

y  a tantos masacramos en la guerra de Vietnam;

 

tampoco hemos sido nosotros

quienes invadimos a la República Dominicana en 1965

y reiteramos la experiencia en Panamá y Granada,

Afganistán e Irak

 

ni quienes en los primeros años del siglo veintiuno

mostramos abierta y sangrientamente la pretensión de dominar

a todas las razas y culturas;

 

de ningún modo somos nosotros

los que devoramos cerca del 40% de toda la Energía

incluyendo combustibles, alimentos y agua

 

ni quienes apostamos al sustento del mayor arsenal operativo nuclear de todo  el Planeta.

 

Repudiamos nosotros, no sin énfasis

que se nos endilguen estos dichos, y aun otros, y otros

con esa liviandad, animosidad manifiesta

y afán estigmatizante que a ustedes los caracteriza

al tiempo que denegamos

haber ido deviniendo en el Supremo

Energuménico

Enemigo de la Humanidad.

 

Rolando Revagliatti

 

Junto al estanque

Junto al estanque

 

 

Cierta tarde, muy bella, me detuve frente a un estanque a mirar pájaros   blancos.  Gaviotas en pleno vuelo a ras del agua, garzas en una pata esbeltas contra el gris del paisaje, realzadas en la niebla.

Quizá me   entretuve   mas tiempo de la cuenta mirando el agua.  Al volver al camino encontré entre las hojas secas uno de esos clásicos espejos.  Me agaché, lo recogí   y no pude menos que preguntarle:  espejito, espejito, ¿quién es la más bonita?

 -¡Tu madre!

 –sin rechistar

¡Te equivocaste de historia! me contestó el espejo.

¿Equivocarme, yo, yo?  Miré fijamente, al espejo, desafiándolo, y vi el rostro de mi madre.  Estaba igual de joven y bella que siempre.  Eso si, tenia unas arrugas de preocupación, que la entristecían, un poco, más mías que de ella.  Me reí, se rió, nos reímos, me reí de este lado y del otro lado del espejo, todo pareció más libre, más liviano; y hasta rió el espejo. 

 

 1. El espejo lo dejé donde lo había encontrado.

 2. También él estaba cumpliendo una misión.

3-Me alejé sin echarle ni un vistazo a mi reflejo.

© 2008 Carmen María Camacho Adarve

 

A un texto

A un texto

 

Sentada en el suelo comenzaste a leer un texto. Que te hablara. En él descubriste que tu culpa se parecía al vacío del otro, tu angustia era dolor, estabas, abandonada en la escena de la honestidad. Enmudeciste. El libro se te escurrió de las manos. Como palabras blancas, veloces, y justas.

Te oíste hablando de algo que sabías vivo, como en el interior de tu poema. Sí, el libro te dijo que al final del verso estabas sola. Y que mejor te remangaras la camisa y dejaras de sudar tinta, de mojarte en lo decadente. Tenías que volver a lo mundano, ir con la vanguardia.

Llenar el lago de la vida con piedras blancas, canciones dulces y versos desprovistos de conciencia. Ese lago tan seco como el agua en un desierto. El agua del fondo no subía. Cada vez más piedras...cada vez más formas... apilando piedra sobre piedra.

Pensaste que te estaban amando. Y justo ahí, donde no tenías que hacer nada, abriste los ojos. Inventaste, una mujer en el reflejo de espejo y en el fondo del agua. Te castigaron. Te borraron del atlas. Te pintaste sola. Tu cara en el agua cada vez más triste. Sentiste culpa. Sabías que el sol iba a beberse el agua.

No supiste cuidarte. No te supiste respetar. Enfocaste mal, confundiste todo. Entonces: la coherencia tenía que escurrir por algún sitio, colarse por algún hueco. Más tarde, a falta de símbolos: viste sólo una traición, no viste la del otro. Ni siquiera viste la del que estaba más cerca. Completamente aislada te diste a conocer en los términos más ingenuos, más infantiles. No te importó nada de nada. Claro que esa vida la encontraste en el reflejo simétrico de un espejo que, estaba roto. Embalaste el alma en la indiferencia. Sabías lo que hacías, era la tuya.

Flotaban en la marea imágenes no compartidas, continuas, infranqueables...creer en la espiritualidad de los días. El poder siempre estuvo en las manos del que gira la cara. Y traición rima con ficción.

-¿Y vamos? Sí, después de las piruetas, la carpa quedó vacía y oscura, silenciosa. De vía muerta.

- ¿Seguimos? Sigamos. Lo reversible, entonces, cumplió con su destreza. ¿Pagaste tus culpas? No. ¿Apagaste la sed? No. ¿Creciste? No. Una sucesión penosa de puertas cerradas, de preguntas sin respuesta, de molestias, Y el silencio a tu silencio, y el miedo a tu miedo. Y te quedaste, en el suelo, leyendo con ganas de llorar.

© 2008 Carmen María Camacho Adarve

ANUESCA

ANUESCA

 

le invita a la presentación del poemario Y me desnudo lentamente 12 de Julio a las 20 h 30 en la feria del libro de Alicante.

 


La poesía de Harmonie Botella fluye de una forma apacible cuando nos
describe su estrecha relación con la naturaleza, y nos conmueve con la
fuerza que transmiten los versos escritos sobre sus preocupaciones y
sentimientos.
Sentimientos que abarcan la compasión, la añoranza y la tristeza [como
en la poesía Y me desnudo lentamente que da nombre a esta obra], y otros
más apasionados que aparecen en algunos de sus poemas amorosos, además
de la indignación y la rabia ante los problemas sociales, muy
especialmente los que sufren las mujeres y con los que, como una de
ellas, no puedo dejar de identificarme.

Su poesía tiene un compromiso con las injusticias que todos los días nos
bombardean: los conflictos entre culturas y las guerras, la explotación
de la infancia o las madres de las que habla en La pirámide de mayo.
Pero también escribe de otras inquietudes más cercanas con ternura, como
la falta de comunicación y las relaciones deslucidas y rutinarias a las
que estamos abocados, reflejándolas con maestría en El caldo del cocido.

La autora se califica como una artesana de la palabra, oficio que, al
ser realizado con esmero, produce un ritmo lento. El léxico, también
escogido con delicadeza, despiertan los sentidos, por lo que muchas de
sus poesías gozan de gran plasticidad, podemos fácilmente ’ver’ Colores
y matices y La onda plateada.

Están escritos sus poemas desde una madurez que, tras las experiencias
vividas con el paso del tiempo cerca del mar, elige la esencia de las
cosas como hacen los poetas clásicos y, a pesar de que su obra rezuma
algo de amargura, no deja de transmitir esperanza y cierto idealismo.

Aurea López, profesora de lengua castellana y socia de ANUESCA


Harmonie botella nos sorprende con su nueva creación Y me desnudo
lentamente. La persona que haya leído algunos de sus libros como Ojos
que no ven, Otros caminos o Algunas mujeres, ya habrá observado que pese
a la apariencia de tranquilidad y sosiego que desprende esta autora, una
vez que se le conoce, en sus manos se cierne el bolígrafo de punta
afilada, la pluma de dibujo rectilíneo que, sin cortapisa ni tapujos, da
a conocer al mundo, puesto que el mundo puede ser un lugar bello, en
ocasiones, sí, pero también un lugar cruel y Harmonie toma nota para
posteriormente dar cuenta de los agravios que se producen en él, y con
esta conciencia intentar construir entre todos un lugar mejor, más libre
y generoso. Esta generosidad también se puede observar año tras año con
el recital poético de carácter benéfico que Anuesca, y Harmonie como
presidenta de esta asociación cultural, organiza en El Campello. No es
trabajo fácil organizar un recital poético, máxime de las dimensiones
que alcanza este evento y la popularidad que ha logrado, con el que el
nombre de El Campello suena también en las fronteras culturales de
distintas Comunidades Autónomas e incluso de América Latina, y todo el
trabajo para que lo ganado ese día sea aportado a una buena causa: los
niños con Síndrome de Down, Médicos sin Fronteras, el Pueblo Saharahui…

Y me desnudo lentamente es su último libro, un extenso poemario de
temática diversa que abarca temas relacionados directamente con la vida,
como los escritos en los apartados: Madre, Niñez o Amor… También poemas
de denuncia social como los que integran Guerra, Droga, Emigración…y un
apartado dedicado enteramente a la mujer. Asimismo encontraremos cantos
a la belleza como los que podemos leer en los apartados de Pintura, Mar,
Palabras y Poesía, y sobre todo el ya denominado Amor, y es que si de
algo está lleno el libro es precisamente de Amor, Amor en mayúsculas, y
si sabemos escuchar bajito, también de esperanza porque el poema “Y me
desnudo lentamente” que da nombre al libro es un golpe de sabiduría pese
a la realidad de su mensaje, pese a la crueldad del tiempo ensañado con
el cuerpo pero Harmonie va mucho más allá y lo convierte en un canto a
la libertad… y al Amor, por encima de todo

Cristina Arroyo. Escritora y Poetiza alicantina


LOS MIGRANTES DE AMERICA LATINA POR ***JULCHAHI

LOS MIGRANTES DE AMERICA LATINA  POR ***JULCHAHI

 

LA LUNA Y LA LLUVIA DE AMENAZAS EUROPEAS

ME DESPIERTAN

TENGO  LOS OJOS TRISTES COMO LOS DEL PERRO DEL HORTELANO

LA LLUVIA DE DECRETOS Y LEYES EUROPEAS,ESAS MALDITAS LEYES

 

CONGELA LOS CORAZONES,EMPOBRECE,MATA,ES COMO TU

COMO EL DESGARRO DE MI CUERPO QUE SE ABRE

INDIOS COMO FUERON LOS DUEÑOS ,DE ESAS TIERRAS ANDINAS

NEGRO DESTINO COMO EL HUMO DE CAMIONES EUROPEOS

 

LOS LATINOS SEGUIMOS VIVIENDO CON EL MIEDO A CUESTAS

CARGANDO NOCHES AGUJEREADAS Y ETERNAS

LOS EUROPEOS NO TIENEN UNA SOLEDAD NEGRA Y LLENA

DE HUECOS COMO NOSOTROS ....LOS MIGRANTES LATINOS

 

HIPOCRITAS SONRISAS EN LIMA EN LA CUMBRE DE LA "APEC"

HOY SACAN SUS CARETAS Y PUEDE VERSE SUS VERDADEROS ROSTROS

 

CUANDO ACABARA ESTA LLUVIA DE AZUFRE

QUE CAE EN LAS CABEZAS SUDAMERICANAS

NOCHE CIEGA,NOCHE ANDINA,NOCHE MAS TRISTE,NOCHE INCIERTA

NOCHE LATINA,RODEADA DE TEMORES EN TERRITORIOS COMUNITARIOS

 

EN DONDE HOY CRIMINALIZAN NUESTROS DOLORES Y SUFRIMIENTOS

EN DONDE HOY ENCIERRAN Y ENCARCELAN NUESTROS SUEÑOS E IDEALES

 

AYER 500 AÑOS ATRAS ELLOS CAMINABAN LIBRES EN NUESTROS TERRITORIOS

A PESAR QUE MATARON MILLONES DE NUESTROS INDIOS EN CUZCO Y CAJAMARCA 

ULTRAJARON VIOLANDO NUESTRAS INDIAS ,NUESTRAS GENERACIONES

ROBARON NUESTRO ORO ,NUESTRAS RIQUEZAS QUE HOY

LAS MUESTRAN EN SUS LUJOSOS MUSEOS COMO TROFEOS DE GUERRA 

 

MANCHARON NUESTRA HISTORIA CON SANGRE Y FUEGO

 

SIEMPRE LES HEMOS ABIERTO LAS PUERTAS DE AMERICA LATINA

HOY  CIERRAN LAS SUYAS  Y LUEGO NOS ENCARCELAN

 

A ELLOS NUNCA SE LES PIDIO "VISA" Y HOY QUIEREN GOLPEARNOS Y ENCERRARNOS A QUIENES SOMOS LA FUERZA LABORAL MAS GRANDE DEL MUNDO............LOS MIGRANTES DE AMERICA LATINA

 

NOTA:PARA QUIENES CONFORMAN LA EUROCAMARA QUE DIOS PROTEJA  A SUS GENERACIONES Y ESPERAMOS QUE NUNCA CAMINEN POR ESTOS DUROS Y ARTRITICOS  SENDEROS DE DOLORES Y SUFRIMIENTOS ,COMO HOY LO HACEMOS EN LOS PAISES DE LA COMUNIDAD EUROPEA  DEBIDO A LA POBREZA Y A LA FALTA DE OPORTUNIDADES EN NUESTROS PAISES

 

***Julio Lupo Chaparro Hidalgo

                Hno.Willy

      DIRECTOR COBIMEP DD-HH

            www.cobimep.org

 

Secretario de Relaciones Exteriores

de la Federacion de Periodistas del Peru

          Registro F.P.P. 6135

  Comite Ejecutivo Nacional 2006-2008

           www.omco.org/fpp

           www.poetasdelmundo.com

Cel. Peru 972-863-096

Cel.Ecuador 084-357-142

 

CUANDO MADURARON LOS CEREZOS De Carlos Garrido Chalén

CUANDO MADURARON LOS CEREZOS De Carlos Garrido Chalén

Poeta peruano

Premio Nacional de Poesía

Postulado al Premio de Literatura "Miguel de Cervantes" 2008 de España, por la Sociedad de Arte de Bolivia

 

"Cuando el fruto sea perfecto, y pasada

la flor se maduren los frutos, podará con

podaderas las ramitas, y cortará y quitará

las ramas" (Isaías 18:5)

 

Cuando pasada la flor maduraron los cerezos

en la viña del vino rojo

confidencié con el viento,

y me encargaron de lo Alto cubrirla de celosías

con farolas encendidas por el celo de la brisa.

 

Guardé la fruta temprana y canté a los cabrahigos

y en batalla conspiraron los cardos y las termitas.

 

Hicieron alianza inútil debajo de las pezuñas

y cerrojo en las corolas

y azafrán entre los tules.

Y en el cinto de mi tronco y el perfil de mi cintura

las hijas del canto fueron

amadas por mis esquirlas.

 

Yo no quería decirle

a nadie lo que es el tiempo.

 

Yo guardaba vino rojo en las pipas del silencio.

 

Y era carmesí la rosa

y el color de los misterios.

 

De rubí, tinto, escarlata,

el horizonte del eco.

 

Caducó la flor y siempre, maduraron los cerezos

y el que añade alas al viento

le puso llamas al fuego.

 

Y fueron como manadas que suben al lavadero

las cabras y las ovejas trasquiladas del destierro.

Carlos Garrido Chalén

EL PÁJARO AZUL

EL PÁJARO AZUL

 

 

  Vivía frente al mar miraba el cielo, y todos los azules.  Esos colores eran una promesa, un nuevo cielo, una nueva vida.  Hasta la pared tosca y gris donde estaba apoyada la fotografía parecía un cielo.  Era mágico, tan mágico que Nilo sintió dudas.

 

      — ¿Siempre va a quedar colgada?  —preguntó.

      — ¿Cómo que colgada?

      —Colgada la foto como ahora.  De la pared.

 

      Su padre no respondió de inmediato.  Miró la fotografía.

      — ¡Pero no está colgada!  —dijo—.  Es como si la pared fuera el cielo.

      Sí, Nilo había pensado lo mismo, pero la respuesta no lo conformó.  Era tramposa, y lo sabía.

      Su padre también lo sabía.

 

      —Alguna vez —dijo al fin—.  Alguna vez veremos el África.  Hablo de Amargura...

Con amargura...  —Señaló el cielo nublado que asomaba por la ventana del taller—.  Aquellas nubes azules parecían tristes.

 

      Nilo escudriño, blancos, azules, amarillos, rojos...

 

      — ¿Podemos llegar tan alto?

      —Tan alto, y más.

      — ¿Qué se vera desde allá arriba?  —preguntó Nilo.

      — ¿Desde allá arriba?  —repitió su padre.

 

      Nilo temió que su padre no supiera contestarle, y él necesitaba que le contaran qué se veía desde allá arriba.  Necesitaba esa respuesta aunque fuera una mentira, pero sabía que si su padre respondía no le diría una mentira.

 

     El padre   giro el globo terráqueo que tenía en una mesa del taller, entre trapos, papeles, negativos, pinceles, y herramientas, un globo amarillento, descolorido.

Apoyo el dedo en el lugar donde estaban, la costa atlántica.  El dedo voló por el Atlántico y llegó al África.

 

      —Desde allá arriba —dijo— verías África.

 

      — ¡África!  —exclamó Nilo, pensando en los pájaros azules, y también en los elefantes, cebras y jirafas que había visto en el zoológico.

 

      Y pensando en África, miró con atención la fotografía.  Por un momento se olvidó de las herramientas, baldes, latas de pintura, repuestos y trastos viejos que su padre acumulaba en ese lugar de la casa que usaba como taller; de fotógrafo, pintor, inventor y también era taller de reparaciones para sus chapuzas.  Sí, la pared era el cielo de la fotografía.  Si uno la miraba entrecerrando los ojos, volaba en ese cielo azul con nubecillas de colores, el atestado taller, con su olor a grasa, disolventes, óxido y pintura, era el mundo de los colores, sin fronteras, un globo terráqueo girando en un espacio de color.

 

 Nilo nunca había dudado  que volarían a África.  Su padre se lo había dicho, y él confiaba en su padre.  Le había enseñado cosas que nadie más podía enseñarle, cosas sobre los pájaros y el espíritu del vuelo.  Los pájaros, decía, eran la cima mas alta de la evolución, y la inteligencia, pero la inteligencia no era todo en la vida.  En el movimiento majestuoso de las bandadas, la naturaleza se recreaba a sí misma.  Nilo adoraba esta frase, aunque no la entendía del todo.  Le gustaba que su padre, con sus manos ásperas y sucias, hablara como un maestro, mejor que un maestro.  No le molestaba que usara palabras que él no entendía, porque en cierto modo entendía todo.  A diferencia de los maestros, su padre sabía de qué hablaba, y no mentía nunca.

 

      El niño guardaba esas palabras dentro de su corazón —naturaleza, espíritu, inteligencia, sueños de vuelo— y las repetía todas las noches como una oración.  Entender sin entender era maravilloso.  Y entendía sin entender que su madre encarnaba el espíritu del vuelo.  A los amigos que habían perdido algún familiar, sus padres les explicaban: “Ahora está en el cielo".  Cuando murió la madre de Nilo, su padre le había dicho: “Ahora es un pájaro azul".  A Nilo le gustaba que su madre fuera un pájaro azul, y alguna vez esperaba volar con ella.  Pensaba que había hijos que tenían a sus padres toda una vida, y él apenas la había tenido siete años.  Sin duda ella también lo extrañaba, y se alegraría de volar con él hasta África.

 

      — ¿Y?  —preguntó su padre, interrumpiendo sus divagaciones.

      — ¿Y qué?  —preguntó Nilo.

      —No me has dicho si te gusta —dijo su padre.

 

      ¿Si me gusta?, pensó Nilo.  Gustar no era la palabra.  Si lo pensaba bien, no tenía una palabra para decirle lo que sentía.  Y como no encontraba la palabra, tuvo miedo de no decirlo bien y prefirió no decir nada.

 

      Su padre lo miró a los ojos.

 

      —De acuerdo —suspiró—.  Ya te haré una fotografía mejor.

 

      Nilo quiso decirle que nunca podría hacer una mejor, porque no podía haber una mejor en ningún lugar.  Amo esa fotografía, pensó, y se sorprendió de esa palabra.  Era amar.  No era querer ni gustar. Amar es algo para toda la vida.  Se sintió un poco tonto, por amar tanto una fotografía que había dado a entender todo lo contrario, y ahora tenía un nudo en la garganta.  ¿Por qué no podía hablar como su padre, que le hacía entender todo aunque usara palabras que él no conocía?

 

      Su padre sonrió con dulzura y siguió trabajando en otra cosa.

 

      Esa noche Nilo se fue a acostar pensando en África.  Un día volaría y vería los pájaros azules, leones, cebras, elefantes y jirafas desde el cielo.  Después le contaría a su padre todo lo que había visto, y le haría olvidar la tonta idea de su padre... poder mejorar su obra maestra.

 

      Pensando en África, no pudo dormir.  Se acercó a la ventana y miró el mar.  Era una noche de luna azul.  Se veían algunas luces desperdigadas, pero eran pocas luces.

 

     Y un pájaro se posó en el antepecho de la ventana.

      Mamá, pensó Nilo.

 

      El ave que era mamá echó a volar y se sumó a una bandada que descendió hacia el agua.  El azul de luna se reflejaba en las plumas, y su vuelo reproducía la ondulación de las olas del mar.  La naturaleza recreándose a sí misma.  Nilo se metió en los intersticios de esta frase, meciéndose en la “aes” de naturaleza, que eran como de agua, y en las corrientes que fluían de las “es” de recrearse.  Acunándose como en una nana de palabras,   -se dijo- lo único real son los pájaros azules.  Yo soy un pájaro.  Quiso ser tan real como ellos, hasta que el sueño lo venció.

 

      A la mañana siguiente, Nilo se puso a mirar las fotos que colgaban en el garaje.  Aprovechaba los momentos en que su padre salía a trabajar con la vieja mercedes.  Normalmente salía temprano y no regresaba hasta el mediodía; volvía a salir después de comer y no volvía hasta la noche.  Como aún no había empezado la escuela, tenía tiempo de sobra para mirar las fotos.  Nilo ya las conocía de memoria: Eran retratos de buenas personas, decía su padre, personas que se había atrevido a soñar.  También había un dibujo que representaba la muerte de un piloto en su avioneta, y la reproducción de un grabado donde un campesino negro araba un campo mientras un pájaro azul caía del cielo batiendo las alas.  Su padre le había enseñado a comprender la importancia que tenían la nubes, el cielo, el color, y los pájaros -su padre era sabio- admiraba a las aves y las nubes azules.

 

      —Los aviones son la conquista del hombre dentro de la naturaleza al no poder volar como las aves.  —le dijo un día, cuando lo sorprendió mirando las fotos—.  Pero las alas representan la victoria sobre la gravedad.

 

      — ¿Como en la fotografía?  —preguntó Nilo, memorizando las palabras de su padre.

      Su padre lo miró dubitativamente.

      —Sí —dijo al fin—.

 

 Siempre temía que su padre sufriera un accidente, como su madre, aunque quizá no fuera tan malo que sufriera un accidente si después terminaba por ser un pájaro azul como ella.

Esos retratos sepia que lo miraban desde la pared desconchada del garaje representaban la victoria sobre una prohibición, el triunfo sobre la resistencia del aire y la gravedad.  Ellos habían volado y él también volaría, y sabía que su padre estaría orgulloso, que lo admiraría como los vuelos azules de sus retratos.

 

      El cielo estaba tan despejado y luminoso como no se había visto en todo el verano, y sin duda podría ver África desde el acantilado.  Su padre –pensó- pondría su foto en la pared del garaje, junto a las otras.

 

      Con paciencia y esfuerzo descolgó la fotografía era pesada estaba claveteada a un armazón de madera, se la cargó sobre la espalda, recorrió la calle que lo separaban del acantilado, saludó elusivamente a los vecinos que se acercaban a preguntarle de dónde había sacado esa enorme fotografía.  Era un día ideal porque soplaba mucho viento y no había bañistas en la playa, ningún curioso que pudiera detener el vuelo.

      Tenía un plan.  Ataría con una cuerda fuerte la fotografía a un tronco de raíces firmes, al borde del acantilado, y la sujetaría con piedras para impedir que el viento la arrastrara.  Y entonces se lanzaría al aire atándose el también al armazón y vería el África.  Cuando su padre llegara del trabajo en la vieja mercedes, le contaría todo lo que veía.

 

Karin se había pasado horas desatascando cañerías, reparando antenas de televisión y podando jardines.  No le gustaba llegar tan tarde, pero el anciano Don Federico había insistido en que le reparara su televisor.  Era la segunda o tercera vez, y de todos modos ese aparato no duraría demasiado.  Al regresar a su casa, miró con asombro y placer   el cielo al borde del acantilado: rojo, azul, naranja, verde y amarillo como un pájaro multicolor.  Tardó un segundo en reparar en el armazón de madera que sujetaba fotografía, dos en ver que alguien colgaba de ella, tres en comprender que la única con esas dimensiones podía ser la que guardaba en el garaje.

      Aceleró, esquivó por milagro a un camión que venía de frente, metió las mercedes en la arena, frenó mordiendo el polvo con las llantas, bajó y echó a correr.  Se abrió paso a codazos entre un grupo de curiosos que miraban sin animarse a hacer nada.  Un viejo en bañador le dijo que el chico estaba en el aire desde hacía apenas un minuto.

 

      ¡Uno minuto!

      Era un milagro que hubiera durado tanto.  La fotografía no estaba hecha para volar, y menos con tanto peso encima.

 

      —Nilo, Nilo, Nilo —lo llamo, sintiéndose estupido  porque era lo único que se le ocurría, pensar en Nilo y en su madre, y en que no podía perderlo, no podía porque era injusto, porque era tan chico y era lo único que le quedaba de ella.

      Sólo atinó a aferrar la cuerda para impedir que el viento arrancara la raíz adonde el chico la había amarrado.  Vio con angustia como la cuerda se estaba deshilachando.

 

      —Voy a tirar despacio hacia mí —le dijo a Nilo—.  No te asustes.

 

      Nilo respondió algo, pero Karin no le entendió.  El viento se llevaba las palabras.  Y el chico tampoco lo entendía a él.

 

      Nilo gritó algo, lo repitió.  El padre lo miró a la cara y creyó ver una expresión de miedo y angustia.  No quiso mirar más.  Sólo pensó en tirar de la cuerda, despacio, muy despacio, en recobrar a Nilo antes que el viento se lo arrebatara.

 

      Una ráfaga de viento lo arrastro.  Karin aguantó el tirón, cerró los ojos.  Cuando los abrió, la fotografía caía como una piedra.  Su hijo, extendiendo los brazos, se precipitó contra la pared del acantilado.  Por un instante el viento lo sostuvo en el aire, a un par de metros de la pared, pero cambió de pronto y lo lanzó con ímpetu.  El padre cerró los ojos de nuevo, pero no pudo cerrar los oídos.  Oyó el crujido y pensó en huesos, oyó el quejido del armazón de madera,  y pensó en músculos desgarrados.  El niño quedó colgando hasta que la cuerda se partió y la fotografía y su ensangrentado piloto rodaron hacia las rocas.

 

      Karin se quedó en el borde del acantilado, los pies clavados en la arena, la cuerda en la mano.  Todo había sucedido, literalmente, en un abrir y cerrar de ojos.  Aún no entendía lo que había pasado.

 

      Si hubiera visto a su hijo atropellado por un coche, habría llorado, se habría enfurecido, habría golpeado al conductor, habría abrazado el cuerpo.  Esto lo dejaba tan desconcertado que no sabía qué sentir.  Pensaba que si Don Federico no hubiera insistido en arreglar ese televisor inservible, él habría regresado a tiempo para salvar a Nilo.  Pensaba en las preguntas molestas y sin sentido alguno que le harían la policía, los médicos y los vecinos.  Si no hubiera sido por ese estúpido televisor, se decía, habría llegado a tiempo.  Un minuto, se repetía, un minuto.

 

      Y por obra de esas palabras, el tiempo se contrajo y los días pasaron en un solo minuto, un minuto, solo un minuto.  Cuando la policía recobró los restos, también le entregó la fotografía destrozada.  Karin hizo cremar al chico y echó sus cenizas al mar, como había hecho con la madre.  Los restos del retrato quedaron arrumbados en un rincón del garaje.

 

      Apenas un minuto.  Nilo se había ido y él no sabía cómo reaccionar.  Tampoco supo cómo reaccionar a medida que transcurría el tiempo, a medida que los minutos volvían a estirarse y eran nuevamente horas y días y semanas.

 

      Se pasaba el día encerrado en ese garaje, rumiando ideas que no eran ideas, pensamientos que no eran pensamientos sino jirones de la fotografía que se deshilachaban como la cuerda que la sostenía antes de la caída.  Lo que pasa es que lo tuve de grande, lo que pasa es que no pude cuidarlo bien porque estaba solo, lo que pasa es que traigo mala suerte y todos se me mueren.  Imaginaba que estaba encerrado dentro del viejo televisor de Don Federico, y que era una imagen borrosa y deformada por chispas de electricidad estática.  Le pedía a Nilo que no usara la fotografía nunca para volar pero Nilo apagaba el televisor.  O soñaba que el televisor estaba en el cuarto del chico, y él miraba el cuarto y no lo veía.  Miraba por la ventana y veía la fotografía volando entre pájaros azules y trataba de salir del televisor, pero era una jaula.  A veces despertaba de ese sueño en el cuarto de Nilo, preguntándose cómo había llegado allí.  Se respondía que tenía que ordenar las cosas del niño.  Apilaba cuadernos, juguetes en el escritorio, en la cama, en la casa, pero nunca se animaba a guardar nada, y mucho menos a tirar.

      

      Después de la muerte de su mujer había perdido el trabajo y se quedo sin dinero, pero al menos había logrado conservar esa casa cerca del mar.  Decidió vivir allí y mantenerse de la misma manera en que había construido la casa, con el esfuerzo de sus manos.  Karin era un experto con las herramientas, y los vecinos apreciaban que hubiera alguien que supiera pintar, poner ladrillos, tapar goteras, cambiar tejas, colocar antenas, cambiar cerraduras, soldar cañerías y arreglar la plancha o el televisor, y encima cobrara barato.

      Ahora se arrepentía.  No tenía que haber ido a vivir ahí.  No era lugar para un niño: pocos amigos, demasiada soledad.  Y Karin, con sus fantasías, lo había llevado a la muerte.

 

      Yo lo llevé a la muerte, se decía.

 

      Tiró al mar   los retratos, todos y cada uno de ellos, y también el grabado con la imagen del pájaro azul.  Ese campesino hacía bien en seguir trabajando mientras el estúpido héroe alado se precipitaba hasta caer muerto con las alas rotas en la tierra.  ¿A quién le importaban esos sueños de vuelos?  Sólo a él, un perdedor, que sólo podía ganarse la vida haciendo chapuzas en el vecindario, que había perdido a su mujer y ahora también había perdido a su hijo.  Sólo él podía hablar así del vuelo, la gravedad de la materia y otras tonterías.  Tiró las fotos y al tirar las fotos trató de borrarse de la cabeza esas palabras que habían volado demasiado lejos sobre la elegancia de los pájaros y la recreación de la naturaleza.  Aun así, no se animó a tirar los restos de la fotografía.  Era el altar donde honraba la memoria de su único hijo.  Todos los días le rezaba y le pedía perdón.  A veces, después de pedirle perdón, le echaba en cara su imprudencia.  Bajaba a la playa y se quedaba horas mirando el mar, pensando, en sus momentos más oscuros, que en ese mar había gotas de la sangre de Nilo, y buscaba en su mente aturdida algún modo de recobrar esas gotas.

  

      Además de los trastos viejos, en el garaje fue acumulando latas de cerveza, botellas de güisqui y ginebra.  La cara que veía en el espejo a amarillento que hacia aguas era una cara sin afeitar, cada vez más cenicienta y arrugada.

 

      Dejó de soñar que estaba encerrado en el televisor.  Ese sueño era innecesario.  Ya estaba encerrado en el tubo catódico de la realidad.

 

      Pensó en matarse.  En un cajón tenía una vieja pistola que había pertenecido a su abuelo, y esa pistola tenía una historia.  Su abuelo había peleado en el bando de la República en la Guerra Civil española y se la había quitado a un soldado extranjero.  Había contado la historia muchas veces y con muchas variantes, hasta que la guerra civil se convirtió, en la imaginación de Karin, en un paisaje brumoso habitado por personajes oscuros.

      Tal vez por eso Karin   nunca había cuidado bien la vieja arma, a pesar de su afición por las máquinas y los mecanismos.  La pistola, representaba una restricción y un obstáculo.  Era como los aviones de motor, que permiten el vuelo pero también lo limitan.

 

 Sopesando esa valiosa arma, comprendió que él soñaba otra vida como Nilo soñaba otra   África: para él y su hijo España y África en sus sueños eran fascinantes porque los sueños son   inalcanzables adonde no podían llegar aunque vivieran en esos lugares reales.  Esa comprensión lo rescató del suicidio, lo impulsó a salir más de su casa.

 

      La muerte del hijo se había convertido en leyenda en el vecindario.  Karin lo sabía, porque había oído al pasar, en el almacén o el mercado, que todos hablaban del.  Para algunos era una burla o un insulto, para otros un homenaje.

 

      —Nilo era un soñador —le dijo un día Don Federico, mientras le arreglaba el televisor por enésima vez.

      Karin lo miró de reojo, sin saber cómo reaccionar.

      —Hablé con él un par de veces —continuó el anciano—.  Un niño muy especial.

      Karin guardó silencio, concentrándose en el televisor, preguntándose por qué ese armatoste inútil se negaba a morir de una vez por todas.

      —Muy especial —insistió su vecino.

      —El tubo —dijo.

      Don Federico lo miró sin entender.

      —Se puede arreglar, pero está gastado.  No le va a durar mucho.

      Don Federico miró la pantalla: la imagen turbia de un personaje turbio que hacía declaraciones turbias sobre el gasto público y los presupuestos anuales.

      —Es la imagen adecuada —dijo Don Federico con una sonrisa, señalando el televisor—.  ¿Para qué mejorar a ese tipo?

      Karin quiso sonreír...

      —Haga una cosa —dijo—.  Déjelo así.  No la arregle.

      —No cobro por lo que no hago —respondió- con rigidez.

      —Hágalo por Nilo —dijo el vecino—.  A mí me hubiera gustado tener un hijo así.

      Karin le estudió la cara, buscando sorna o lástima.  Encontró franqueza y calidez.  Tras un instante de vacilación, dejó que el hombre lo abrazara con ternura y sollozó en silencio.

 

      Ese día decidió reparar la fotografía.  Con sus colores brillantes, rutilantes azules naranjas y amarillos.  Tiró las botellas y latas acumuladas, y decidió limitar la bebida.  Se puso a trabajar metódicamente, aprovechando el invierno una época del año en que había menos vecinos y menos chapuzas, y poco a poco reconstruyó la fotografía.

 

      Al terminarla, la colgó en la misma pared donde Nilo la había visto por primera vez.  Había tomado una decisión.  Clavaría un poste en el jardín de la casa e izaría la fotografía todos los días, como una bandera.  Esa bandera representaría el sueño de su hijo, el sueño por el que su hijo había muerto.  Sería el globo cautivo con el que detendría los vientos del mal.

 

      Esa noche durmió apaciblemente.  Soñó con su hijo, como de costumbre, pero era un sueño agradable.  También soñó con su mujer.  Los tres eran pájaros azules, siluetas luminosas que temblaban en el aire como reflejos en el agua, Nilo repetía las palabras que había dicho un instante antes de su muerte, pero ahora se oían con claridad, como si el viento del sueño fuera más benigno que el viento de ese día fatídico.

 

      Karin despertó de madrugada, sabiendo que no izaría la fotografía en el jardín.  Aún oía las palabras del hijo con claridad, pero no atinaba a entenderlas.  Había una sola manera de comprender lo que decía su hijo.

 

      Aprovechando que a esas horas no había gente, se cargó la fotografía a la espalda y se puso en marcha.  Bajó por el camino de tierra, cruzó la ruta desierta, se internó en el suelo pardo y arenoso de la cima del acantilado.  Llevó la foto hasta la orilla, la amarró a una raíz firme, aspiró el viento salobre hasta sentir en los pulmones la turbulencia de ese mar encrespado.  Se acercó al borde sujetando la cuerda de la fotografía.

 

      Saltó.

 

      El viento lo sujetó, embolsó el papel, lo sostuvo en el aire.  La soga se tensó con un chasquido.

 

      Karin se elevó, remontándose a una altura que parecía mucho mayor de la que permitía la soga.  Una ráfaga de brisa le humedeció la cara.  El cielo era una bruma incandescente.  Una visión se recortó en esa bruma, Nilo flotando al viento antes de estrellarse.  La expresión del hijo no era de angustia sino de júbilo.

 

      Y el padre entendió las palabras:

 

      — ¡Veo el África!, ¡veo el África! —gritaba Nilo.

 

      Miró hacia abajo.

 

      La bruma incandescente se disipó.

 

      Vio el oleaje, sueños de olas, un mar verde, azul y turquesa, olas rodando en una playa de arena blanca.  Más allá de la playa había una selva brillante donde parloteaban monos y pájaros de colores chillones, y más allá de la selva una sabana árida y cuarteada, con elefantes, cebras y jirafas.

 

       Sintió un tirón en los brazos, oyó un crujido y vio que se partía la cuerda.  Caía en picado hacia el acantilado como si cayera desde una altura de miles de metros.

 

      Cerró los ojos, pero veía el África, el África.  Rió carcajadas de felicidad.  Caería al mar, y el agua donde flotaba la sangre de Nilo le inundaría los pulmones.  La sangre de ambos y las cenizas de ella rodarían gozosamente en las olas que lamen las blancas playas del África.

© 2008 Carmen María Camacho Adarve

 

 

Poema de una tarde

Poema de una tarde

 

 

La tarde

paga en oro

sus faenas.


 Mujeres,


 que trenzan

 cabellos

en  tilos

y azucenas.


Zapatos

claveteados

y báculos

y chales.


Huye el vuelo

sonámbulo

 en un suspiro


y cae un silencio.

© 2008 Carmen María Camacho Adarve

 

RUIDO BLANCO

RUIDO BLANCO

 

I.-

Rebelde

ruido ,

un paisaje

de temores

en mi memoria .

 

II.-

Espero

un temporal

devastador

ligeras las horas,

¿verdad?.

 

III.-

Antes...

que tu sepas

la historia

no ser o ser

en mi ser.

 

IV.-

Mientras

Desgrano

tu risa,

sumida

en tristezas.

© 2008 Carmen María Camacho Adarve

 

EXPOSICION POR LA PAZ Y LA LIBERTAD EN EL CAMPELLO

 

INAUGURACION


En la tarde del 13 de junio en la sala de exposiciones de El Campello, se inauguró por la Concejala de Cultura Lourdes Llopis y organizado por Harmonie Botella delegada de IFLAC en España, la exposición de pintura y literatura (poesía en marcos) “Para la paz y la libertad”. Tras los actos de inauguración hubo un vino de otros. Se podrá visitar hasta el 30 de junio. Entre las obras presentadas, todas de gran calidad, se puede ver el retrato de Miguel Hernández “El lápiz de Miguel “de Palmeral. Los poemas enmarcados son de gran acierto y belleza. Un 30 % de las ventas de las obras expuestas irá a los fondos de IFLAC. Se puede ver el retrato de Miguel Hernández de Palmeral. Ocho de los artistas participantes pertenecen a la Asociación de Artistas Alicantinos.
Entre los escritores y poetas participantes vi a Mercedes Sanchiz, Cristina Arroyo, Áurea López, aparecieron caras conocidas como el pintor Antonio Pérez “Franchi” y el escultor Esteve, ambos de Novelda.

PINTORES Y POETAS PARTICIPANTES:
Harmonie Botella
Ana Cesana
Luis F. Coutp
Adriana Serlik
Palmeral
Sara Vega
Adolfo Cano
Nathalie Aguilé
Carmen Camacho
María José Arques
Aurea López
Ángel Pantojo
Agustín Espín
Francisca Álvarez
Juan Luis. Torres Román
María Llaves
Mercedes Seara
Martigodi
Estefanía
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MIEMBROS HONORARIOS:

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NOSTALGIA EN EL ESPEJO POR DR. ERNESTO KAHAN

NOSTALGIA EN EL ESPEJO POR DR. ERNESTO KAHAN

 

 

 

El que miras
no soy yo,
es un reflejo.
El que adentro
está en mis
sueños,
el que se miró
en el espejo
y quedó
con imágenes
de atrás,
es más guapo,
más tierno
y arde con
más fuego
en su mirar.

Ernesto Khan

Vicepresidente de IFLAC Internacional Premio Schweitzer de la Paz. Embajador Mundial para la Paz-juventud del Uruguay.

Vice-Pres. de "Médicos contra la Guerra Nuclear" (Nobel de la Paz 1985).

Vice Presidente del Foro Internacional de Literatura y Cultura para la Paz .

Vice Presidente del Congreso Mundial de Poetas y Academia Mundial de Arte y Cultura (UNESCO).

Presidente de Medicos por la Paz y la Proteccion del Ambiente (Afiliada a IPPNW).


Director de Epidemiologia. Departamento de Medicina de Familia. Universidad de Tel Aviv. Israel.

Comentario por Julio Lupo Chaparro

NO QUISIERA POR JULIO LUPO CHAPARRO

No quisiera que de mi se diga que soy un loco

Extravagante estrafalario, que pretendo pasar por un sabio, filosofo, ni que soy tampoco uno de los tantos

precursores del ensayo en lengua castellana

Ni que soy el polemista por excelencia

Soy un ignorante un iletrado tanto que no creo poder elevar la categoria de genero literario el panfleto ,la inventiva pero revestida de grandeza ,esa que tanto emociono a UNAMUNO.

No creo tener esa facilidad para escribir con solemnidad literaria,no creo poder escribir como lo hacen grandes hombres marcados por el Dios de todos con elevados dones para escribir bellos poemas y frases rebuscadas .

No creo poder escribir por ejemplo que JAMES JOYCE alcanzo fama internacional en 1922 con la publicacion de ULISES una novela basada en la odisea de HOMERO. Tampoco escribir como lo hacen grandes poetas donde destacan Vallejo o Neruda ,Kahan ,Camacho Adarve, Collazos,Bella Clara Ventura ,Arias Manzo, Garrido Chalen, Eduardo Ruilova o Gabriela Mistral.

Donde destaca la tenencia del monologo interior, como medio extraordinario para retratar a los personajes combinandolo con el empleo del mimetismo oral y la parodia de los estilos literarios como metodo narrativo global.

Soy tan Ignorante que no creo poder hacerlo

pero si pienso que la vida sigue siendo un enigma, desafios ponen al hombre en el dilema permanente de la desesperanza y la felicidad

y es que a veces la maldad acecha al hombre hasta atraparlo y hundirlo no observo raza ni color , no veo ricos ni pobres, ni miserables pero ansio que llegue el dia de ver un Mundo Mejor

Algunas veces misticas quimeras nos embrujan y la palabra encarna descarnadamente la vendimia existencial.

Quisiera tener una paciencia franciscana y la acuciosidad de un arqueologo para poder preservar la Genialidad y el torrente poetico que creo nunca poder obtener ...¿o..si..?

Mil gracias por creer en mis pauperrimos conocimientos.

Hasta mañana Querido Diario

P.F. Julio Lupo Chaparro Hidalgo

Hno.Willy

www.poetasdelmundo.com

www.cobimep.org

www.omco.org/fpp

Cel. Peru 972-863-096

Cel . Ecuador 084-357-142

ANUESCA, la asociación de Nuevos Escritores de El Campello, presentará su nuevo libro: Palabras a la Deriva ( ed. ECU) en la Feria del libro de Alicante 2008

Hace apenas dos años veía la luz la antología del grupo poético ANUESCA, Voces de periferia, hoy vuelven a presentarse con una segunda antología, Palabras a la deriva, con la que, no hay duda, certifican su vitalidad, su capacidad de trabajo y de riesgo, pero sobre todo, su inquietud poética y su amor y dedicación a la palabra y a la poesía.

Palabras a la deriva muestra, mayoritariamente, un tono profundo e incluso dramático. No abundan los versos dedicados a la vida y al amor y, cuando este se nombra, suele estar teñido del dolor -«A un amor», de Pedro Llorente- y la tristeza de quien ya no lo tiene “….Y recuerdo la rosa, que jamás te regalé”, se lamenta Carmen Esteve. Más bien al contrario, los poetas quieren certificarnos lo cuesta arriba que se puede poner el vivir, como hace Brígida Rivas en «Si hubiera sabido» -“Lo malo fue que a nadie se le ocurrió darme una mano” –, Harmonie Botella en «Bar», donde el cliente “celebra el dolor de la vida que le fustiga” o Carmen Galindo en «¿Por qué he de vivir sin querellarme?». La noche aparece como un escenario habitual en muchos de los poemas y, con ella, los personajes que la habitan, que puede ser el propio poeta, como en «Nocturno puro», de Ana Iniesta o personajes perdidos para los que la oscuridad es refugio o máscara, como ocurre en «La noche cruda», de José Antonio Navarro. El tiempo, “¡el péndulo del tiempo!”, como exclama Denisse González, es tema inevitable cuando se busca el (sin)-sentido de la experiencia cotidiana, esa que Mercedes Rodríguez comparte con nosotros en su relato «El parque de los espíritus» y que le hace finalmente afirmar: “El pasado se ha depurado en este presente y ya el futuro, esa entelequia, me importa un bledo”. Y todo esto lleva, inevitablemente, a la introspección –Aurea López, Julia Díaz-.

Sin embargo, también hay poemas y poetas que quieren mirar hacia fuera, escrutar la realidad y a sus seres singulares, como hace Luis Fernando Couto en su retrato de personajes «Al genio» y «Falso ídolo». Y la realidad, cuando se mira con ojos profundos, lleva al compromiso con el sufrimiento injusto, con la desigualdad, con las consecuencias del poder mal ejercido. Harmonie Botella, José Antonio Navarro o Julia Díaz tienen brillantes y comprometidos poemas en alguno de estos sentidos.

Por lo demás, como es de esperar, la voces son distintas -primeras personas introspectivas, narraciones en verso y en prosa, apelaciones a terceras personas o a puras emociones-, la métrica –del verso libre, predominante, al soneto, la elegía o la copla-, y el estilo –preciosismo y cultismo junto con llaneza y estilo directo-, muy personales. Pero no hay duda de que Palabras a la deriva tiene un denominador común: ninguno de sus poetas quiere pasar de puntillas por la vida y, aunque cueste y duela, eligen la consciencia y la lucidez.

Para Ana Iniesta, la inquietud es una parte indisociable de la vida, una vida en la que es difícil justificar la presencia de Dios, como en su implacable soneto «Requisitoria a Dios en defensa del hombre». Un soneto de tono y tema quevedesco, «Vivir», nos habla de la fugacidad de la vida y en «La alianza», encontramos uno de los pocos poemas de afirmación del amor de toda la antología. Aurea López necesita de la experiencia sensorial para expresar sus sentimientos, y así ocurre en «Síndrome de Stendhal» donde las calles, “alfombradas de pétalos rosas y blancos” anuncian el desengaño; y en «Chirridos», los que emiten “los días que se oxidan”, imágenes que le sirven para materializar los sentimientos y darles realidad. En los poemas que trae a esta antología, Brígida Rivas nos muestra sus distintas voces poéticas; así, destaca un sorprendente poema narrativo sobre las reflexiones de un suicida lúcido y consciente, «Si hubiera sabido»; es capaz de mostrarse en alegres coplas con ecos populares, “¡Ay, los labios de la niña!, un pozo son de dulzura”; y no rehuye los poemas sentimentales y clásicos sobre el amor que llega tarde en «Ahora no». El poema breve, concentrado y directo parece la forma en la que Carmen Esteve se siente cómoda para expresarse poéticamente, «Hojas de rosas marchitas» y, en particular, «Puesta de sol» -muy logrado-, son la prueba de que la poesía para brotar no necesita muchas palabras. Preguntase es una forma de querer entender la vida, una manifestación de la necesidad de encontrar explicación a lo que, tal vez, no la tiene, «¿Por qué he de vivir sin querellarme?» de Conchi Galindo –una voz poética sabia y honesta-, muestra la rebeldía ante una situación a través de estrofas plagadas de antítesis que ponen en evidencia las contradicciones de la vida misma: “Si todo lo que encuentro se me pierde/ si todo lo que busco no lo encuentro”, “Si ya lo que sentía no lo siento”. En «A veces», el recurso a la repetición le sirve para darle todavía más sensación de irrealidad a los recuerdos. El paso del tiempo, una preocupación universal, un tema tan frecuentado por los poetas es con el que se atreve Denisse González en «El péndulo del tiempo» y en «¡Ay!, si yo volver pudiera». Pero en este último, el tema del tiempo se une a otro gran tópico poético, el de la alabanza de aldea, que le hace apelar a la nostalgia de “aquellas cosas pequeñas/ de aquellas cosas sencillas”. Son poemas bien construidos, con un lenguaje claro y rítmico que hace llegar fácilmente el mensaje. Desamor, soledad y angustia, desesperanza, son las pasiones que, con lenguaje y expresión intensa, trasmite Harmonie Botella en sus poemas y que se hace especialmente evidente en «Bar» o en «Camino del abismo». Sentimientos que extienden más allá de ella misma para convertirlos en compromiso – “Quiero olvidar a ese hombre que murió/ porque no pensaba como los míos”-, o en ironía y sonrisa amarga en el relato «Padre». En esta colección la poeta nos ha entregado poemas y prosas atravesados de tristeza profunda y crítica, señas de identidad de buena parte de su producción. Los poemas de José Antonio Navarro nos muestran los frágiles límites de lo humano, la cuerda floja sobre la que nos despertamos y vivimos cada día. «El armario donde guardo la vida» nos pone ante la decisión cotidiana de continuar en la lucha…o no. «La nana del niño negro» es una visión tristísima del abandono y de la miseria hasta en la misma muerte, y «La noche cruda», es un relato poético despiadado de la oscuridad como refugio de las más sórdidas verdades. En «Me asusta el silencio» esa noche se convierte en presagio de muerte –“Esta es la noche que nunca acaba/ y que trae el día que nunca llega”-. Es una colección dura y sin concesiones, pero que termina con «Renacer» dejándonos al menos el refugio de acabar siendo conciencia. La poesía ha sido y sigue siendo una forma de conocimiento y en el caso de Julia Díaz, es un camino de introspección, de búsqueda del sentido profundo de la propia existencia. Es especialmente revelador «Me habita un río enamorado», en el que la poeta se siente parte de la continuidad de sus antepasados “cimbrean vuestras manos por mis venas/ navegan mis arteras vuestros rostros”. En «Cuando me aúlla la pena», la poeta se vuelve sobre sí misma para encontrar el camino perdido y, mucho más jubilosa, asumida la condición volátil e inestable, nos grita: “Pólvora de estrellas soy, llena de manos”. En Luis Fernando Couto, la poesía se hace pieza directa y sencilla. Personajes reconocibles como tipos costumbristas son los protagonistas de «Al genio» y «Falso ídolo», en los que utiliza un lenguaje redundante y expresivo que no deja dudas sobre su punto de vista: “eres basto, torpe, cazurro, bruto”. En las coplas en recuerdo de las de Juan Panadero de Alberti modela un lenguaje de sentencia breve y con sentido: “Limpian, limpian la calzada/ lo limpian todo por fuera, por dentro no limpian nada”. Las experiencias vividas, cuando se convierten en literatura consciente –prosa o poesía-, dejan siempre en el lector una sensación de autenticidad, y eso es lo que ocurre en el poema «Las olas que te llevan» y en el relato «El parque de los espíritus», de Mercedes Rodríguez. «Vive corazón» por su parte, es un canto al impulso vital: Palpita, Cabalga, Navega, Ama, Vive, son las órdenes que la poeta le da a su corazón para que luego se de a la fuga, al galope, al camino y viva la experiencia de la vida. El soneto es el molde que encuentra Pedro Llorente para encajar su poesía. Tiene este poeta intuición para crear ambiente en apenas un cuarteto, como en «Velada invernal». Especial mención merece «Desde la altura» con esa corrida de toros a vista de pájaro que se resuelve en un cruce de brillos y colores muy conseguido.

Tuve la oportunidad de escribir el prólogo de la primera antología de AUNESCA y me es muy grato hacerlo de la segunda. Son honestos y comprometidos y saben muy bien qué hacer con las palabras. Sólo me queda desearles suerte y una larga vida literaria que compartir.

 

Carmen Marimón Llorca

Universidad de Alicante

Extraído de "Revista del Domingo", Santiago Chile, 1971. Por Henzo Lafuente Octubre 2001

Extraído de "Revista del Domingo", Santiago Chile, 1971. Por Henzo Lafuente Octubre 2001

 

«La inspirada imaginación de Pablo Neruda define con caudalosa riqueza los objetos y sujetos de sus poemas. La lagartija es "remota siesta"; el otoño, "preservador del trigo", y el serrucho, "violín del bosque". Miles de definiciones como éstas, a lo largo de su obra, podrían dar origen a un diccionario poético que recogiera la espuma y el fulgor de las metáforas nerudianas. No sabemos que se haya cumplido un trabajo semejante que equivaldría al mejor vino seleccionado de una gran viña poética.

La Revista del Domingo rastreó las obras de Neruda y como muestra entrega algunos relámpagos de su genio.»

Apio

Huésped de corsé quebradizo.

Amazonas

Capital de las sílabas del agua.

Araucaria

Llanto erizado, eternidad del agua / Monte de escamas.

Antártica

Corona austral, racimo de lámparas heladas.

Alcachofa

Vestida de guerrero, bruñida como una granada

Átomo

Fruta terrible de eléctrica hermosura.

Aire

Incansable rey del cielo.

Aceite

Llave celeste de la mayonesa.

Arena

Sílice demolida; mármol disperso, polen de la profundidad.

Buitres

Brujas del monte.

Buzo

Pulpo secreto y gordo.

Cascada

Ruge como leona blanca, brilla como la flor del fósforo.

Conejo

Va sin cesar procreando, y no hace caso a San Francisco.

Codorniz

Una fruta, una flor de plumas, una pera pájaro pura.

Castaña

Escuela de la forma, linaje de la leña y de la harina.

Cebolla

Nos hiciste llorar sin afligirnos / Semilla de Astro.

Cactus

Pequeño héroe erizado.

Cordillera

Colegio de piedra.

Cráneo

Huesuda torre del pensamiento. / Bóveda del calcio, nuez de la existencia.

Chile

Largo pétalo de mar y vino y nieve.

Chincol

Músico mínimo, tenor de la frescura.

Chercanes

Círculos pequeños de la dulzura, granos de alado cereal.

Diuca

Vuela bien peinada y vestida para que no se arrugue el aire.

Diccionario

Granero del idioma.

Elefante

Espesa bestia pura.

Envidiosos

Insistentes como los gusanos. / Invisibles como los ratones.

Estrellas

Agujeros horadados en el diamante negro.

Estación Mapocho

Antiguo hangar echado junto al río.

Fuego

Enérgico, ciego y lleno de ojos, deslenguado tardío, repentino, estrella de oro, ladrón de leña, callado bandolero.

Farmacia

Iglesia de los desesperados, con un pequeño dios en cada píldora.

Foie gras

¡Hígado de ángel eres!

Gatos

Sus ojos amarillos dejaron una sola ranura para echar las monedas de la noche. / Pequeño emperador sin orbe, conquistador sin patria, mínimo tigre de salón, nupcial sultán del cielo, de las tejas eróticas...

Gaviota

Bandera de dos alas. / Serenata del vuelo. / Flecha de nieve.

Gallo

Mariscal del amor.

Huelga

Granada valerosa elevada en la sal del desamparo.

Hígado

Buzo de la más peligrosa profundidad del hombre.

Jote

Espía de Dios: gira y gira midiendo el cielo, solemne se posa en la tierra y se cierra como un paraguas.

Jabón

Huele a corazón mojado... / Resbala y naufraga como un pescado ciego en la profundidad de la bañera.

Lluvia

Tic tac mil veces tic tac, mil veces un trineo.

Lagartija

Piedra con pequeños ojos antiguos: los ojos de la piedra.

Luna

Jazmín o luz nevada. / Redondo lejor de agua, colora del tiempo sumergido en el cielo. / Magnolia del árbol de la noche. / Legumbre, queso puro, vaca celeste, ubre derramada, manantial de leche.

Limón

Uno de los pezones olorosos del pecho de la tierra.

Mesa

Titánico cuadrúpedo.

Madera

Columna de aroma.

Magnolia

Afrodita fragante, planeta del platino.

Manzano

Plena y pura mejilla arrebolada de la aurora.

Mapocho (río)

Párpado boreal, pequeño rayo helado, duro río parido por la nieve.

Océano

Padre verde y profundo.

Ojo

Globo de maravilla, pequeño pulpo de nuestro abismo.

Ola

Novia fugitiva del océano..., delgada venus verde. / Yegua pura, ciclónica y alada, con las crines ardiendo de blancura.

Plato

Suave, pura vasija, te inventó el manantial en una piedra.

Papas fritas

Entran al sartén como nevadas plumas de cisne matutino.

Pingüino

Estático viajero, sacerdote lento del frío.

Pan

Milagro repetido.

Primavera

Tejedora, labriega, ordeñadora, múltiple abeja, máquina transparente, molino de cigarras.

Picaflor

Volante chispa de agua.

Pantera

Dos ojos que entraron a los míos clavándome a la tierra.

Sandía

Ballena verde del verano. / Cofre del agua, plácida reina de la frutería, bodega de la profundidad.

Salitre

Harina de la luna llena.

Serrucho

Violín del bosque, pájaro del aserrín, tenaz tiburón de la madera.

Sol

Guanaco huracanado, cabeza de maíz, corazón amarillo, lunar de oro. / Potro volador, volcán del cielo.

Soledad

Bestia no vi ninguna como aquélla: a la araña peluda se parece y a la mosca de los estercoleros.

Tijeras

Pez que nada en tempestuosos lienzos, pájaro que vuela en las peluquerías.

Tiuque

Pájaro impávido, inspector embalsamado sin morir.

Tomate

Roja víscera, sol fresco.

Tristeza

Escarabajo de siete patas rotas, huevo de la telaraña, rata descalabrada, esqueleto de perro.

Volantín

Gota de color, flor hechiza.

Valparaíso

¡Qué disparate eres!

Verano

Perezoso letargo, barriguita de abeja, sol endiablado...

Vino

Estrellado hijo de la tierra.


(...)El escritor y filósofo francés Jean Paul Sartre, al rechazar el Premio Nobel de Literatura 1964, declaró: "En la situación actual, el Premio Nobel se presenta objetivamente como una distinción reservada a los escritores del oeste a los rebeldes del Este. No se ha coronado a Neruda, que es uno de los más grandes poetas americanos..."

El 21 de octubre (de 1971) la academia sueca salvó la omisión y galardonó al poeta chileno con el sexagésimo cuarto Premio Nobel de Literatura (...)

paricipará tambien en la exposición colectiva de IFLAC el 13 de Junio en El profesor j.l.torresromán Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Alicante

paricipará tambien en la exposición colectiva de IFLAC el 13 de Junio en El profesor   j.l.torresromán Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Alicante

 

j.l.torresromán es Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Alicante y Titulado Superior en Música. Pintor de vocación tardía desarrolla su quehacer desde el autodidactismo, siendo los grandes pintores de todas las épocas sus maestros de quienes procura extraer técnicas y procedimientos.

Su lenguaje consiste en una codificación de la realidad a través de sobrios valores cromáticos, que configuran una suerte de verismo naturalista que no excluye, a la vez, una representación en sintonía con una sensibilidad actual. Su temática abarca prácticamente todos los géneros: bodegón, paisaje, figura, retrato...

  Gabinete prensa IFLAC ESPAÑA

Participa en la exposición colectiva de IFLAC en el Campello el pintor alicantino MARTIGODI

Participa en la exposición colectiva de IFLAC en el Campello el pintor alicantino MARTIGODI

 

M A R T I G O D I

 

 

 

         SE INICIÓ EN LAS ARTES A PRINCIPIO DE LOS SESENTA EN LA ESCUELA DE BELLAS ARTES DE ALICANTE APRENDIENDO TECNICAS DE DIBUJO PINTURAY MODELADO.

        HA PARTICIPADO EN DIVERSOS CERTAMENES TANTO DE DIBUJO COMO DE PINTURA Y CARTELES, HABIENDO SIDO SELECCIONADO EN NUMEROSOS DE ELLOS, LOGRANDO SER FINALISTA, Y CONSIGUIENDO VARIOS PREMIOS DE CATEGORIAS NACIONALES, EN TODAS LAS ESPECIALIDADES QUE HA PARTICIPADO.

        EN LA ACTUALIDAD, CUENTA CON CIENTO TREINTA EXPOSICIONES COLECTIVAS, CINCUENTA Y UNA SELECCIONES EN CERTÁMES NACIONALES Y, SEIS EXPOSICIONES INDIVIDUALES.

        HA COLABORADO, EN NUEVE PUBLICACIONES DE POESIA Y ENSAYO ALGUNAS DE ELLAS, CON ILUSTRACIONES ÍNTEGRAS. TAMBIÉN PRESTÓ

COLABORACIÓN, CON EL COLEGIO DON BOSCO, CON ILUSTRACIONES PARA  LA  CONFECCIÓN DE AGENDAS Y PROGRAMAS EDUCATIVOS  ANUALES DE CATORCE CURSOS

        OBRA EN PERMANENCIA EN, FUNDACIÓN ALIÓ, REAL CONSERVATORIO SUPERIOR DE MÚSICA DE ALICANTE, AYUNTAMIENTOS DE ALICANTE, CALPE, MUCHAMIEL, GUARDAMAR DEL SEGURA Y ALBATERA, COLEGIO OFICIAL DE AGENTES COMERCIALES DE ALICANTE , COMISIÓN GESTORA DE LAS HOGUERAS DE SAN JUÁN, CASINO DE ALICANTE, MUSEO DE ARTE CONTEMPORANEO DE CASTILLA LA MANCHA EN HELLÍN, ETC., ETC.

Gabinete Prensa IFLAC

ESPIDO FREIRE ENTREGÓ LOS TROFEOS DEL V CERTAMEN DE NARRATIVA BREVE

ESPIDO FREIRE ENTREGÓ LOS TROFEOS DEL V CERTAMEN DE NARRATIVA  BREVE

 

Miles de internautas de todo el mundo siguieron en directo la entrega de premios a través del Canal Literatura y radio41yPICO.

El sábado 7 de junio en el hotel NH Amistad de Murcia, se fallaron los premios del V Certamen de Narrativa Breve y Premio Especial Hispano-Alemán. Espido Freire que cutivó a los asistentes por su simpatía y cercanía, entregó los tres trofeos tras afirmar que “Cada una de las oportunidades de competir es un reto que superar y por eso los escritores que hemos pasado estas pruebas, estamos aquí para animaros a seguir escribiendo”.

Los tres galardonados fueron la alemana Dorotea Fulde Benke con el el relato “El niño que no pesaba” que ganó el primer premio dotado con 600 € curiosamente con su segunda lengua ya que reside en España hace 25 años, el madrileño Carlos Garrido Rubio con el relato “La sonrisa de cristal” quedó en segundo lugar dotado con 300 euros y finalmente la argentina Isabel Ali con “Desde niña le gustaba el piano” se hizo con el tercer premio dotado con 150 euros. La elección final de los premiados, según el Jurado de este Certamen, ha sido muy reñida y finalmente la decisión sobre los relatos ganadores se adoptó por mayoría

En el transcurso de la cena se entregó, además de los anteriores, el “Premio Especial Experiencias y encuentros Hispano Alemanes” que ganó el Hondureño Juan de Dios Pineda que ganó con el relato titulado “Un resplandor inolvidable”. El jurado estuvo presidido por Emilio Hidalgo Serna y fue entregado por el Director General del Libro Archivos y bibliotecas de la Región de Murcia, Francisco Giménez Gracia.

También se entregaron los premios del III Certamen “Poemas sin Rostro” al ganador Iñigo de la Guardia Rey de Madrid, al segundo clasificado Mari Cruz Agüera Sánchez de Puerto de mazarrón (Murcia) y al tercer premio Emilio Aparicio Díaz de Ciudad Real. El jurado de este certamen estaba compuesto por Vicente Gallego y Raquel Lanseros.

Esta iniciativa, pionera en Internet, ha publicado en su web el total de relatos presentados (205) procedentes de toda la geografía española, Europa e hispanoamericana, de los que han salido los diez finalistas que se han disputado los tres premios finales. Todos los relatos finalistas serán publicados por Editorial Maghenta en colaboración con Canal Literatura.

Con casi siete millones de visitas , la web de la asociación ha dado la oportunidad a los internautas de leer, comentar y votar sus relatos preferidos otorgando así el “Premio Especial del Público” al sevillano Antonio Lagares y de entrevistar a los miembros del jurado en tiempo real en el canal literatura de IRC-hispano.

Para más información: www.canal-literatura.com

 

Hablando de ANUESCA

 

Hablando de..,

La Asociación de Nuevos Escritores de El Campello, ANUESCA, navega por el ciberespacio. Famosos son sus recitales, su Encuentro Nacional de Escritores. Holgadamente reconocida y acredita su revista XALOC a escala nacional y mundial ya que le contactan autores de por doquier para que les publiquen.

 

Sí, ANUESCA, tiene una proyección nacional e internacional y no pasa una semana sin que otras organizaciones la inviten a participar en recitales, eventos culturales fuera de la provincia o más allá de sus fronteras. Ser representante o embajador cultural de El Campello, a través de su Asociación de Escritores y Poetas: A. N. U. E. S. C. A es halagador, panegirista, alabador... pueden añadir la lista de calificativos que lo deseen.

 

Uno, o una, se va, cuando le invitan a un congreso o un recital internacional, con las maletas llenas de ilusiones, de libros suyos que regalará al alcalde, al diputado y obsequios de El Campello para otras autoridades. Todito pagado con sus ahorros, el viaje inclusive, porque a la hora de ser magnánimas con la cultura las autoridades se duermen. Lo entiendo la cultura es soporífica, no rentable y además peligrosa.

 

Así que cuando un semi escritor de El Campello -digo semi porque me han demostrado que hay varias categorías:

 

-los propulsados por las editoriales ( a quienes les apoya varios “negros”),

 

-los famosos que no saben escribir pero tienen un nombre que vendería cualquier cosa,

 

-los que tienen complejo de escritor: no saben escribir y quieren a toda costa que el vulgo admita que están a dos pasos del premio Planeta,

 

-los menos conocidos pero que gozan de prestigio en su región porque invierten en publicidad más que les costó la publicación de su obra,

 

-los “buenos” que de repente han sido captados por una editorial y escriben por encargo

 

-los” buenos” con suerte que escriben cuando y como quieren

 

-y después... la plebe... como los escritores noveles de ANUESCA, porque serán noveles y honrados toda su vida.

 

Bueno pues cuando un semi escritor de ANUESCA tiene que irse por ejemplo a Paris o a Sebastopol, enseña el trabajo realizado por su asociación, los recortes de periódico sobre los milagros de un puñadito de escritores humildes que se propusieron un día que el Campello sería la Capital de la Poesía, oye a sus interlocutores decir:

 

“- Que maravilla de pueblo, todo para la cultura. Y le darán mucho dinero para organizar tales eventos, publicar libros, revistas y antologías... ¿ Verdad?”

 

Sí, ANUESCA publica mucho: este año saldrán una antología, un libro, una revista y los propios epítomes de cada componente de ANUESCA que decida editar por su cuenta y gastarse los ahorros de varios años...

 

Sí, ANUESCA, inagotable, escribe, tiene a su grupo de fieles seguidores y lectores que desconocen las artimañas de la asociación literaria de El Campello para sobrevivir en una jungla donde algunos se mueven al son del tintineo de los euros y el desdoblamiento marchito de los billetes.

 

Sí, ANUESCA, tiene mucho público cuando presenta su Encuentro solidario a beneficio de ONGs, o homenajea a un periodista fallecido hace un año. Recordaremos que este homenaje censurado y aplazado reiteradas veces reunió en la biblioteca municipal a más de doscientas personas. Algunas de ellas tuvieron que presenciar el acto, de pie y en los pasillos.

 

Cabe preguntarse, si a escala general, hoy día la cultura es un lujo.

 

Tenemos que replantearnos si nuestros dirigentes, en el ámbito mundial, tienen la obligación de darnos, difundir la educación y la cultura con los impuestos que pagamos.

 

Todas las representaciones de nuestra forma de vida son cultura: lectura, teatro, gastronomía, pintura... definen nuestra identidad. ¿Que es un pueblo? ¿Un conjunto de ladrillos, cementos, pasquines, descampados nauseabundos... y bolsillos repletos de los que apuestan por la teja?

 

No. La cultura somos nosotros. Usted que colecciona sellos, su vecina que toca el piano, su amigo que pinta, su primo que está en la coral, este niño pequeño que quiere leer un cuento o este adulto que aprende algo nuevo.

 

La categoría de una cultura se juzga por la voluntad de su pueblo de sembrar conocimiento, cosechar cultura, por sus manifestaciones, por la implicación de las autoridades en su desarrollo y la contribución económica que aporta para permitir ese proceso.

 

Científicamente se ha señalado que la cultura engendra hombres y mujeres sabios y felices. Dichosos por que pueden compartir lo que aman con otras estratosferas de la sociedad si las autoridades le dan los medios adecuados.

 

Pero llegados a este punto el círculo no se ensancha. Algunos pueden concebir cultura pero los más desfavorecidos no pueden acceder a ella, porque nunca han oído hablar del desarrollo de la sabiduría, porque no le interesa a ciertos grupos que las masas se cultiven.

 

Integrar a los marginados culturales, es abrirles los ojos y la mente al conocimiento, a la sociedad y para finalizar provocarles el replanteamiento de su propia semejanza dentro de este mundo de hormigón, violencia, apatía y codicia.

 

La cultura y el arte permiten el conocimiento de si mismo y la auto inclusión del ser humano en el viaje hacia la libertad. El hombre y la mujer que crean cultura, que comparten cultura o acatan cultura, son seres que tienen otra mirada sobre el mundo que les rodea.

 

Mirada crítica. Crítica constructiva que les incita a inquirir si son libres para ser cultos y opinar sobre todo lo que les circunda.

 

Mi pluma va demasiado rápido, perturba las normas, las ideas y los conceptos. Mi obligación en esta editorial era hablarles de ANUESCA, de sus éxitos, de sus dificultades... y se me fue el santo al cielo. Espero que sepan perdonarme disfrutando con los nuevos artículos, poemas y relatos que mis compañeros les ofrecen... con arte, amor y solidaridad.

 

Punto casi final. Esta vez no extrapolo más.

 

Harmonie Botella.

http://palmeral-pensamientos.blogspot.com/2008/06/hablando-de-anuesca.html

 

EXPOSICION EN EL CAMPELLO

EXPOSICION EN EL CAMPELLO

 

Viernes 13 de junio

20.45h. Presentación de IFLAC, Forum Internacional para una Literatura y una Cultura de la Paz. Inauguración de la Exposición para la paz y la libertad de autores de toda España (de IFLAC-España). Intervendrán varios escritores.
En la Sala de Exposiciones de la Casa de Cultura
. Visitas hasta 30 de junio, todos los días de 18 a 21 horas, excepto domingos y festivos que no tengan ningún acto cultural programado. Por las mañanas, visitas concertadas (965633823-4).

Jueves 19 de junio

20.30h. Inauguración de la exposición de trabajos de los alumnos del TAP-TALLER DE RETRATO y TALLER DE ACUARELA de la Casa de Cultura del Campello, bajo la dirección de Winston Hugues y de José Mª del Valle Bourgon, respectivamente, en la Sala Vestíbulo del Auditorio.
Hasta el 4 de julio. Visitas, todos los días de 18 a 21 horas, excepto domingos y festivos que no tengan ningún acto cultural programado. Por las mañanas, visitas concertadas (965633823-4).

 

CASA DE CULTURA DE EL CAMPELLO
Plaza de la Constitución s/n
Tel. 965636194/6491

COMPLEJO CULTURAL LA BIBLIOTECA
Pl.
Canalejas s/n
Tel. 965632124

CENTRO SOCIAL "EL BARRANQUET"

Avda. de la Estación 1
Tel. 965636897

 

Casa cultura
Ayuntamiento de El Campello

 

El cielo esta cerrado

El cielo esta cerrado

 

Vamos... a encontrar lugares que no existen –dijimos-. Y dimos vueltas esdrújulas, en un espacio, cerca del olvido.

Detrás de un nubarrón, se balanceaba un cartel,”el cielo esta cerrado”, como resignado a su destino. Golpeamos, hasta aventar a la tormenta, se venía en tronadas como una conspiración de ángeles rebeldes. Un ángel, abre la puerta, dos alas rotas, donde aún transitan las nostalgias.

En una bóveda de escombros diluvianos, un trajín de gorriones, construyen un salvoconducto de secretos y armonías.

El techo, una voluta de humo en el viento. Las fotos colgadas en las paredes, tenían una languidez estoica, solemne transitada por una patena de tiempo indescifrable, con sus dedicatorias. Marylin, ocupaba el centro de un marco oval y trágico, acompañada por un réquiem de querubines desteñidos.

Flotaban a ratos estrellas, abrazadas a un encaje de algas, abandonadas a un mar de novias de cantina.

Apareció el ángel, con una extraña bolsa de impredecible contenido.

El aliento cortado, por la prisa de otro tiempo, como sabiendo que la sed venia de lejos, dijo: traje vino, pan y aceite, no hay mucho para elegir los domingos –concluyó-.

Salimos a pasear, y nos topamos: con un bosque de álamos negros, se nos clavó en los ojos, un cielo de astillas. –Preguntamos- ¿Para qué tantos álamos?: para hacer cajones de muertos -respondieron-.

¿De álamo? Si, -para los pobres-

El cielo se había abierto en una lluvia densa, sobre una tierra huérfana, un sudario gigante abandonado, en la consagración de un domingo.

Prometimos volver pronto.

© 2008 Carmen María Camacho Adarve