QUE VIVAN LAS MUJERES POR MIGUEL BOSE
CARMEN MARIA CAMACHO ADARVE ENTREVISTADA POR JUAN POMPONIO POETA

Jaén, España
Narradora y poeta. Cuentista. Publicados en distintos medios de comunicación, poemas y relatos publicaciones en periódico Ideal (España), en Atina Chile, redactora de Mundo Cultural Hispano, pagina personal de relatos y cuentos, bitácora personal, fotoblog en Hoycinema del grupo vocento, El Reino Azul. Blog EL Patio de los leones del grupo vocento, revista Auca, revista Contraluz, miembro de IFLAC Valencia, Actual Coordinadora de la Asociación Civil Internacional Comisión Binacional Mixta Ecuador Perú Derechos Humanos (COBIMEP DD-HH) Coordinadora General de Unión Hispanoamericana de Escritores (UHE) en Europa y Asia.
Poemas publicados en Nueva Poesía Hispanoamericana copilador Leo Zelada en la vigésima edición 2008, Poemas para la Libertad, editorial digital publicatuslibros, Cuentos de invierno, Editorial digital publicatuslibros entre otros. En preparación un libro de microrelatos.
1) ¿Escribir es más difícil para la mujer?
Si te miran con lupa…dicen que hay una literatura femenina cosa que a mi me hace sonreír. La literatura como los ángeles no tiene sexo.
2) ¿Por qué escribe Carmen María?
Sabes los escritores, y además ahora con blog somos gente rara que lo mas seguro es nuestra inseguridad,
Aprendí a leer sola, con tres años en los titulares de prensa, del periódico “Ideal” del que mi padre era corresponsal. Casi desde entonces escribo, la vida era maravillosa, en mi jardín había, hadas, enanos, ogros y brujas. Empecé a contar cuentos no he parado desde la infancia, escribo ahora por costumbre, necesidad y para mis lectores.
3) ¿Dónde encontraste la primera poesía en tu vida? ¿Cómo fue?
En un viejo libro de la biblioteca familiar una tarde de verano, creo que yo tenía diez años “Soledades” de Antonio Machado; ”caminante no hay camino, se hace camino al andar, al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar, caminante no hay camino sino estelas en la mar… ¿Quién nos se hace poeta al leer estos versos del maestro? Luego llego Neruda, Alberti, Juan Ramón Jiménez
4) Cuenta un poco de tus proyectos actuales
Estoy trabajando en un libr4o de microrelatos, y en una novela en la edad media, de intriga, monjes, códices, monasterios…
5) La historia nos muestra a muchos escritores que llegaron al suicidio. ¿Que piensas al respecto? ¿Por qué llegaron a esa determinación?
Aprendí a leer sola, con tres años en los titulares de prensa, del periódico “Ideal” del que mi padre era corresponsal
Sabes los escritores, y además ahora con blog somos gente rara que lo mas seguro es nuestra inseguridad, a veces el desanimo ¿Quién nos lee? Y la soledad, esa dama que nos acompaña aunque parezca un sinsentido
6) ¿Cómo es tu rito de escritura?
Me siento ante el ordenador, enciendo una vela, a veces sándalo, pongo un poco de jazz, siempre tengo cerca un ángel y alguna imagen india y el niño Jesús de Praga.
7) Tres escritores que lees y te conmueven hasta las lágrimas
Roberto Bolaño, Santa Teresa de Jesús, García Márquez
8) Cuéntanos un poco de los recuerdos más frescos de tu infancia
Una mañana de sol en primavera, oliendo las rosas, jugando con el viento entre las amapolas, siendo una enana feliz, con el rocío de la mañana.
9) Y por último ¿Cuál es el sentido de tu trabajo como mujer de letras?
Es ir poniendo pequeños granitos de arena, una sonrisa, la palabra para el bien tiene la fuerza y la libertad de los océanos.
Trabajar con la palabra, la palabra es un arma.
Juan Pomponio
LA VIDA NO SABE MORIR…POR EDUARDO OWEN

Siguen parpadeando las horas
Los días cierran los ojos
Para protegerlos del sol
Que se acerca al verano
Nada se detiene
Todo continúa buscando
Su lugar en el pasado
Que lo acepta todo
Que no rechaza nada
Relojes y calendarios
Abrazados
Gastan nuestras vidas
Comprando ilusiones y sueños
Con sus hojas y sus minuteros
El mundo
El planeta tierra
(y todas sus hormigas humanas)
Sigue su camino circular
Hacia unas montañas
Que aún no han emergido del mar
Los volcanes
Enmudecidos por el frío de su lava
También cierran sus párpados
Esperando el momento adecuado
Para despertarnos con sus rugidos
La vida no sabe morir
Con la boca callada :
Tiene que gritar su último suspiro
Para recordarnos con su grito
El grito que dió nuestra madre
En el momento en que nacimos…
Eduardo Owen
EL RELOJ

Ahora tengo la sensación de que el tiempo trabaja para mí, y no al revés, y así me siento menos esclavo. No tengo que apresurarme. Me llamo Norberto, tengo treinta años, soy; alto, delgado y de extrema pulcritud no es de extrañar que tenga una relación claustrofóbica con el tiempo llevo en la muñeca un reloj controlado por radio que es de una precisión extraordinaria. Una antena oculta en la correa recibe a diario actualización desde Francfort en el ángulo izquierdo de la pantalla aparece el número uno. Si se pierde la siguiente señal del día, el número cambia al dos y así sucesivamente. Esta exactitud hace de mí una persona muy inquieta. Cuando tengo que hablar con algún trabajador debemos alzar la voz para poder oírnos por encima del persistente tic tac. Si en el contador del reloj aparece el número dos empiezo a sudar y un temblor sacude todo mi cuerpo. Si el reloj pierde una señal, el número no aparece siento una autentica sensación de perdida.
Soy el director de la sección de relojería en un museo de la ciencia, tengo a su cuidado una espléndida colección de quinientos relojes. Que abarca desde antiguos relojes de sol y clepsidras hasta modernos relojes de cuarzo y relojes atómicos. No puedo olvidar aquella vez que pasó a tres y tuve que dejarlo en casa en, un cajón. Me estresaba saber que tenía un retraso, aunque fuese de un milisegundo. Un día decidí ser libre y aborde mi manía obsesiva de medir el tiempo en vez de inquietarme por los milisegundos perdidos, me compre un reloj de cuerda de los años setenta que suele tener unos cinco minutos de retraso. Así reacciono contra el exceso de precisión. Mi reloj de cuerda simboliza que he recuperado la libertad y la posición dominante en relación con el tiempo. Se que si no le doy cuerda a diario, se parara, de modo que soy yo quien tiene el control del tiempo.
©Carmen María Camacho Adarve
DEL OFICIO DE POETA POR RAFAEL AZUAR

En poesía -nos decía José Hierro- no nace el asunto antes que su forma, sino que es la forma la que dibuja y modela el pensamiento escondido que, tal vez, ni el propio poeta sospechaba. Hay, pues, una palabra o un grupo de palabras que forman un núcleo generador, a partir del cual surgen sentimientos e ideas, otras palabras que van engendrando el poema, así como la música de dicho poema.
El origen de un poema no es nada consciente o premeditado, nace por sí mismo, de modo que una fuerza misteriosa lo lleva a los labios del poeta. Cuenta en sus memorias Rafael Alberti que, hallándose en París, en el estudio de la radio, durante la última guerra mundial, en una noche llena de temores y presagios, le vinieron a la mente unas palabras: «Se equivocó la paloma. / Se equivocaba. / Por ir al norte fue al sur. / Creyó que el trigo era agua... / Se equivocaba». El ritmo de las palabras se le hizo más intenso, el poema se fue configurando de la inconsciencia a la lucidez, hasta que la canción llegó a su fin.
Confiesa Alberti: «La leí, la releí, no hallándole ni el más remoto rastro del estado que me invadía. Era un misterio su aparición. Abriéndose vuelo entre los cielos y campos de muerte que arrastraba conmigo, aquella paloma había llegado hasta mis manos, traspasándola con aire de escritura a una hoja blanca de papel que tenía sobre mi mesa».
Con razón Edgar Allan Poe, poeta y descubridor del relato moderno, sostenía la idea de que el poema existía per se, y solamente quedaba el descubrirlo. Según Poe, el famoso poema «El cuervo» fue escrito por la poesía misma. Para Poe, el arte de la poesía consistía en la creación rítmica de la belleza. Hay ritmos verbales que danzan, que escapan a la ley de la gravedad y la lógica, como son precisamente esos versos que se llaman inspirados.
Un poeta -decía Unamuno- es el que desnuda con lenguaje rítmico su alma. Unamuno, cuya condición de poeta ha sido puesta en duda por sus trabajos filosóficos, novelas y ensayos, ha sido clarividente respecto al problema de la poesía. «La esencia del mundo es musical -ha escrito-. Toda ley es una ley de ritmo, y el ritmo es el amor». Más tarde fue descubriendo algunas de las leyes del verso; por ejemplo: el soneto es el desarrollo del endecasílabo («porque la rima es una fuente de asociación de ideas y una fuente que no depende de nuestra voluntad. Es el lenguaje que se nos impone»). La idea de Unamuno es interesantísima; por la boca del poeta, del narrador también -recordemos a Cervantes- llega un momento en que nos habla el lenguaje y no el simple hombre mortal.
Rafael Azuar
Cuento absurdo a la luz de la luna de Harmonie Botella

NOVIEMBRE

NOVIEMBRE
Luz de otoño, tibio sol,
descansa la tierra,
en el atardecer
de otoño.
Escarcha,
Estrellas,
estas horas,
muertas,
aún perduran.
Un sol tinto,
de anemia ,
en las fachadas.
Una hilera de chopos,
en el camino,
un poco de niebla,
entre las hojas secas,
raíces de los olmos.
Un arroyo baja por la acera,
su agua casi negra
una niña vuelve de la escuela.
Cipreses del cementerio,
mes de noviembre,
de otra vida y sus muertos.
Humilde vereda entre rosaledas,
cada tapia del cementerio,
y sus manchas de humedad en el tiempo.
Cada ciprés y sus ramas en el cementerio...
©Carmen María Camacho Adarve
TENGO GANAS DE…

1.Tengo ganas de navegar por las estrellas.
2. Tengo ganas de caminar por la cuerda de la ropa.
3. Tengo ganas de encontrar a Carmen Camacho en un patio de vecinas con un megáfono.
4. Tengo ganas de pasear por tu mano izquierda.
5. Tengo ganas de hablar con la noche.
6. Tengo ganas de hacer que caiga la luna.
7. Tengo ganas de ser una princesa mala.
8. Tengo ganas de volar como un halcón.
9. Tengo ganas de ser una hormiga.
10. Tengo ganas de acariciar tu corazón.
©Carmen María Camacho Adarve
VIEJO CAFÉ

Un olor enrarecido a fritos y humo de tabaco salía de la cafetería, a través de sus cristaleras y desde la calle. Podía ver la barra de madera oscura y vieja, sobre ella en vitrinas, pasteles, magdalenas, y trozos de tarta. El suelo de azulejos verdes con dibujos blancos, apenas visibles y partidos con la patina de los años. Sobre el techo viejos y roncos ventiladores de palas. Las mesas bajas con sillas de madera que crujían, distribuidas junto a las cristaleras que hacia las veces de escaparate. Olor a café viejo y sentado en la mesa del centro, un viejo poeta, encorvado, blanco el cabello largo, que cubría con una gorra de marinero, un gastado abrigo de paño azul marino. Una taza de café que permanecía sobre la mesa olvidada toda la tarde. El viejo poeta, no levantaba la vista de sus poemas, ¿serian los versos de “marinero en tierra”?
©Carmen María Camacho Adarve
EL SILENCIO DE LAS SIRENAS POR FRANZ KAFKA

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:
Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría.
Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.
En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción.
Ulises, (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él se hallaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.
Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.
Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.
La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.
FRANZ KAFKA







