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TEMAS BLOG OFICIAL DE LA POETA Y ESCRITORA andaluza Carmen Camacho ©2017

A PaPá Noel

A   PaPá  Noel

Querido Papá Noel:


Por esas cosas de la vida nunca te escribí una carta, tal vez sea porque nunca tuve deseos que nacieran realmente del corazón...

Pasaron muchos años desde aquellas Navidades en que miraba la leña en la esfufa con la ansiedad de ver algún destello rojo o escuchar el sonido de los renos y las campanas... Siempre hacían que me durmiera antes para poder hacerte invisible a mis ojos y de ese modo poder conservarte intacto en el arcón mágico de mis sueños.

Como sabes ya cumplí muchos años y tengo encomendada parte de tu misión, como en algún momento tuvieron la responsabilidad mis padres. Mas allá de ello aún cuando los velos de la inocencia son corridos uno a uno todos los días y la erosión del tiempo hace eco en mi vida; estoy... creyendo aun en los dictados del alma.

Ellos son muchos y me hablan sobre la magia, sobre lo mágicos que somos; y por negarnos como tal estamos ciegos ante nuestros corazones. Las miradas pierden brillo y las armaduras crecen ¡Tenemos tanto miedo! De entregarnos, de creer, de salir mal heridos.
Entonces caminamos entre sombras pidiendo deseos desesperados a gritos lejos de la convicción de que podemos hacerlos posibles.
Para pedirte un deseo tengo que apelar a mi ser mas pequeño y sabio y a lo que me resta de inocencia. Mi mirada está cansada muchas veces nublada, mi corazón comprimido.. . Hay muchas cosas que no entiendo, sin embargo necesito seguir creyendo, en todo y en todos. Me llegó la hora de ser adulta de asumir responsabilidades y no quiero perder mi sonrisa ni el cristal en mi mirada; vi muchos “grandes” con caras largas, con mochilas cargadas de cuentas no resueltas empeñados en seguir anclados en un pasado irreversible, irrevocable, tuve mucho miedo de ser como ellos.
Si ya sé yo tengo lo mío... Pero volviendo a lo nuestro te pido que saques de mis ojos las vendas invisibles, pero no por ello irreales, que no me permiten ver la verdad, dame fortaleza pero no me quites sensibilidad, dame tenacidad sin volverme caprichosa.. .
Hey ! Algunos crecimos pero necesitamos de los sueños y de las ilusiones para seguir. No puede existir un desequilibrio tan grande como para desear desde nuestro corazón algo que nunca va a estar a nuestro alcance.
Sé que la fecha se aproxima pero si puedes, dentro de tu bolsa inagotable agrega algo de todo esto y deja para nosotros los “grandes” un poco, sólo un poco de magia para poder creer en nosotros.


Con cariño:
Una niña que ya creció

Romance tres Morillas de Jaén

Romance tres Morillas de Jaén

Romance
Tres Morillas de Jaén


Tres moritas
 Me enamoran
En Jaén:
 Axa,
 Fátima
Y Marién.

 Tres moritas
 Tan garridas
 Iban a coger olivas
 Y las hallaban cogidas
 Y tornaban desmañadas
 Y los colores perdidos
 En Jaén:
 Axa,
 Fátima
 Y Marién.

Tres moritas
 Tan lozanas
 Iban a coger manzanas
 Y hallaban las tomadas
 En Jaén:
 Axa,
 Fátima
 Y Marién.

  ¿Quién sois señoras de mi vida, robadoras?
 Cristianas que éramos moras
 en Jaén:
 Axa,
 Fátima
 Y Marién

El Secreto de mi Éxito

El Secreto  de mi Éxito

El secreto de mi éxito

Por Charles Darwin

El origen de las especies es, sin lugar a dudas, la obra capital de mi vida. Desde el principio disfrutó de un tremendo éxito. La primera y corta edición integrada por 2250 ejemplares se vendió en su totalidad el mismo día de la publicación, y una segunda edición de 3000 ejemplares poco después. Hasta la fecha (1876) se han vendido en Inglaterra 16.000 ejemplares. Puede considerarse una gran venta. Ha sido traducido a prácticamente todos los idiomas europeos, incluso a lenguas como el español, el bohemio, el polaco y el ruso. Según la señorita Bird, ha sido traducido también al japonés y es objeto allí de numerosos estudios. ¡Incluso ha aparecido un ensayo en hebreo sobre el libro, en el que se demuestra que la teoría estaba ya presente en el Antiguo Testamento! Las reseñas fueron asimismo muy numerosas. Durante un tiempo coleccioné todo lo que aparecía sobre el Origen y sobre mis libros relacionados: la cantidad asciende (excluyendo reseñas en periódicos) a 275, pero al cabo de un tiempo dejé correr el intento, desesperado. Han aparecido posteriormente muchos ensayos y libros; y en Alemania aparece cada uno o dos años un catálogo o bibliografía sobre "darwinismo".

El éxito del Origen podría, creo, atribuirse en gran parte al hecho de haber escrito mucho antes dos borradores condensados y que finalmente resumiera un manuscrito mucho más extenso, que en sí mismo era ya un resumen. Gracias a ello fui capaz de seleccionar los datos y conclusiones más notables. Por otro lado, durante muchos años había seguido una regla de oro, a saber, que siempre que me topaba con una nueva observación o hecho contrario a mis resultados generales, redactaba un informe al respecto sin falta y enseguida. Porque por experiencia descubrí que tales hechos e ideas eran mucho más propensos a caer en el olvido que los favorables. Gracias a esta costumbre, surgieron pocas objeciones a mis puntos de vista que no hubiese como mínimo advertido e intentado responder.

Se ha dicho a veces que el éxito del Origen vino a demostrar "que el tema estaba en el ambiente" o "que la mente del hombre estaba preparada para ello". No creo que esto sea estrictamente cierto, pues ocasionalmente no se lo pareció a unos cuantos naturalistas y nunca di con uno que pareciese dudar de la permanencia de las especies. Ni siquiera Lyell y Hooker, pese a que me escuchaban con interés, parecían estar de acuerdo. Intenté una o dos veces explicar a hombres competentes lo que entendía como selección natural, pero fracasé notablemente. Lo que creo que fue estrictamente cierto es que los naturalistas tenían almacenados en su cabeza innumerables hechos bien observados y listos para ocupar su debido lugar en cuanto cualquier teoría que los acomodase quedara suficientemente explicada. Otro elemento del éxito del libro fue su tamaño moderado. Esto se lo debo a la aparición del ensayo del señor Wallace, pues de haberlo publicado en la escala en que lo empecé a escribir en 1856, el libro habría sido cuatro o cinco veces mayor que el Origen y muy pocos habrían tenido la paciencia necesaria para leerlo.

Gané mucho al retrasar la publicación desde 1839, cuando la teoría estaba ya claramente concebida, hasta 1859. No perdí nada con ello, pues me importaba muy poco que la gente atribuyera más originalidad a Wallace o a mí, y no cabe duda de que su ensayo facilitó la recepción de la teoría. Me anticipé sólo en un punto importante –de lo cual mi vanidad me ha hecho siempre arrepentirme–, a saber, en que recurrí al período Glacial para explicar la presencia de idénticas especies vegetales y de algunos animales en lejanas cumbres montañosas y en las regiones árticas. Esta perspectiva me fascinó hasta tal punto que escribí sobre ella in extenso, y creo que fue leída por Hooker unos años antes de que E. Forbes publicara su celebrada memoria sobre el tema. En los escasos puntos en que diferíamos, creo aún que yo llevaba la razón. Jamás, por supuesto, he hecho referencia por escrito a haber desarrollado independientemente este punto de vista. Esto me lleva a destacar que mis críticos me han tratado casi siempre con honestidad. De todas formas, yo he hecho caso omiso de aquellos sin conocimientos científicos. Mis puntos de vista han sido a menudo tergiversados de forma grosera, cruelmente contrariados y ridiculizados, pero creo que, por lo general, siempre se ha hecho con buena fe. No me cabe duda de que, en conjunto, mi obra se ha visto alabada con exceso. Me alegro de haber evitado controversias. Sé que esto se lo debo a Lyell, quien muchos años atrás, y en referencia a mis trabajos geológicos, me aconsejó encarecidamente que nunca me involucrara en controversias, ya que rara vez servían de nada y provocaban una triste pérdida de tiempo y humor.

Mis costumbres son metódicas, lo que ha resultado muy útil para mi línea de trabajo en concreto. Y en último lugar, he tenido la gran suerte de no tener que ganarme el pan. Incluso la enfermedad, pese a haber aniquilado varios años de mi vida, me ha evitado las distracciones de la vida social y la diversión.

Por lo tanto, mi éxito como hombre de ciencia, haya sido el que haya sido, ha venido determinado, según puedo entender, por unas cualidades y condiciones mentales complejas y variadas. De entre ellas, las más importantes han sido el amor por la ciencia, la ilimitada paciencia para reflexionar largamente sobre cualquier tema, la laboriosidad en la observación y la recolección de datos, y una buena cantidad de inventiva así como de sentido común. Con las moderadas habilidades que poseo, resulta realmente sorprendente que haya influido de un modo tan considerable en las creencias de los científicos sobre algunos importantes puntos.


Charles Darwin


Blanco y Negro

Blanco  y  Negro

               
BLANCO Y NEGRO

Ocurrió durante un otoño muy lluvioso y gris. Yo caminaba cerca del puerto buscando algún lugar donde resguardarme del aguacero que me sorprendió de improviso; casi llegando a la esquina de una calle, oí una vieja melodía, una voz distorsionada por los años entonaba una vieja balada cuyo sonido se perdía en medio de la noche.  Provenía de un bar mal iluminado.

Me apresuré a entrar con cierta curiosidad.  Era un lugar maltrecho pero espacioso y en sus mesas bebían rostros anónimos,   me observaron con una extrañeza que dio paso a la indiferencia.  Tras la barra, permanecía de pie, un hombre triste como un luto, de pena aguda, vestido con un pantalón  negro,  camisa blanca, cuyo cuello se apreciaba muy sucio. A pesar de todo, conservaba ciertos gestos de albacea gentil al invitarme  a tomar asiento, esto me produjo simpatía y cierta confianza.  -¿Qué se sirve?- me dijo cuando me acerqué a la barra.
-No sé…-musité aun desconcertado por el sitio- algo para el frío.
Colocó un pequeño vaso en el mostrador y me sirvió un licor blanco, de olor muy alcohólico.  Cuando lo bebí de golpe, sentí como si un gato bajara por mi garganta clavando sus uñas.
-¿Qué es esto?- pregunté tosiendo.
-A veces es bueno no saber que  está bebiendo uno- contestó con desgana- Al segundo trago se acostumbrará, como a todo.
 Luego se acercó a la barra y me dio otra copa de ese jarabe delirante, sirviéndose él una más generosa. Esbozando una risa, alzó el vaso para brindar conmigo.

No sé si fue por el silencio del lugar pero terminamos charlando largamente sobre todos esos temas que se hablan con desconocidos en todos los bares del sueño.  Se trataba de un personaje triste , que parecía conversar con la lentitud de los que perdieron la prisa en algún instante de su vida y saben que las horas pasan como si no pasaran.
 
 Tomas   guardaba la imaginería de un alma en llamas, soñadora de metáforas.  A pesar de ser un hombre triste.     Del bar me fascino   las paredes   cubiertas de viejas fotografías:  calles de nueva York, pequeños dioses alados, reinas de coronas diminutas y cetros de madera, bosques con árboles y duendes.

-¿Las hizo usted?- pregunté examinándolas.
-Si, creo que me enamoré de la fotografía porque es así…tenía un mundo que yo no podía entender.

Apuré la última copa de aquel bálsamo ardiente, ya turbado por los rápidos enigmas de su relato. Tras despedirme, subí el cuello de mi abrigo y caminé bajo la lluvia algo más moderada, pero con el alma mojada de imágenes, pues esas fotos en blanco y negro estampadas en las paredes del bar, colmaron muchas noches   sueños fragmentarios que se diseminaban en   noches insomnes.  Eran los nuevos protagonistas de una novela   silenciosa que se activa en mí, cuando cierro los ojos.

Desde ese día, visité el bar casi a diario.  Solía conversar largas horas con Tomas sobre temas que se repetían con agotadora frecuencia.
Y así habría seguido el asunto, si es que durante una de esas noches no hubiese ocurrido algo que alteró el rumbo de los días.  Aquella vez, el bar estaba un poco más concurrido que de costumbre y yo le dije a Tomas que me interesaría conocer  la historia de las fotografías ya  que esas imágenes en blanco y negro  desprendía  luz y no podía  quitar la mirada desde la primera noche que entre al bar siempre me acompañan.  A esa hora, el   licor me hacía ver la realidad algo distorsionada.

-Usted ha ilustrado una ciudad de extrañar mitologías que habitan mis madrugadas, como si hubiese recobrado un lugar que olvidé, lejano…

Se miró las manos con naturalidad y creo que entendió ese mensaje más allá de la circunstancia y de la abrupta presentación. Luego de observarme y esbozar una sonrisa tímida de curiosidad,
-Me resulta extraño oír a alguien en este bar hablando de mis fotografías- repuso sonriendo.  Tenía unos dientes muy blancos y al sonreír no descubría las encías.

Hablamos largo rato de su trabajo.  Me confesó que su proyecto era ambicioso, en aquel tiempo consistía en crear seres de un mundo luminoso, personajes alegóricos, conceptuales, capaces de traducir el reverso de la realidad, ese mundo de figuras etéreas que sólo el delirio otorga por breves instantes para ser arrebatado y devuelto a lo trivial.

Yo le conté- no sé por qué- que cuando niño vi en un libro viejo el grabado de una musa que agitaba sus cabellos al viento; hasta la adolescencia le escribí poemas  muy sentidos. Cuando me di cuenta que la impoluta dama jamás descendería del imaginario, dejé esos versos torpes y en su lugar quedaron amores poco memorables y un sentimiento de abandono que nunca he podido convertir cabalmente en escritura.

-Ojalá nunca olvide esos recuerdos - contestó como pronunciando una sentencia.

Luego nos despedimos y yo me perdí entre las   calles  húmedas,   exultante y a la vez apagado, como si mis manos reprimieran un aplauso.

Unos días después, encontré a Tomas cerca de la playa.  Miraba el mar con tristeza, con esa tristeza que, resaltaban esos ojos marrones como redondos planetas de canicas   cristal.  En el trayecto   al bar me narró otros aspectos de su vida:  Fue criado por un tío y de ahí heredó su pasión por el arte, aunque soñaba dejar algún día la isla.

Desde aquella vez nuestros encuentros eran muy seguidos e ingresaron a un terreno de   familiaridad  
Solíamos charlar noches enteras   en el bar que hacía las veces de cuarto de estar y de estudio.  Desde ahí se veía el mar perdiendo su inmensidad en el oleaje, alejándose de la isla como un navío inmortal.  

Creo que Tomas realmente habitaba aquel escenario insondable de donde sacaba sus figuras, los trozos de una utopía cíclica que al filtrarla por su cámara pasaban a documentar el infinito.  En nuestras largas caminatas por la playa, sentía que sus palabras ya no eran de este mundo, pertenecían a ese estudio de vieja madera donde los olores del diluyente se perdían entre las viejas canciones del bar.
 
Sí, yo representaba   al personaje   espantapájaros, al personaje anclado en la tierra de la ausencia que ahuyenta a las aves agoreras con el espíritu sombrío, hasta que se funde en el olvido- como todos los recuerdos- y al tiempo, los pájaros se posan en sus brazos de palo, volviendo a ser de nuevo sus propios fantasmas.

Hay   noches con   recuerdo de canción vieja y licor de sabor de licor improbable.
Un de aquellas en que entré al   bar, Toma me dijo con su tristeza habitual.  Tengo algo para ti.
Se trataba de la fotografía de una mujer que danzaba sobre un horizonte luminoso.
-te acompañará si alguna no puedes soñar.
Sus palabras me sobrecogieron, parecía misteriosamente profético.
 Nunca comprendí que hacía un hombre que retrataba sus sueños en   blanco y negro de colores   regentando una taberna.  Y una vez se lo pregunté mientras trataba de hacerme esa fotografía   que nunca terminó.
-Tú me recuerdas que las ilusiones son inconclusas- me contestó interrumpiendo su trabajo- que se construyen con recuerdos.
Creo que otra vez sus palabras fueron proféticas y así lo evidenció el fin del invierno, que trajo un sol redondo y húmedo como la nostalgia.

-Mi hermano me escribió ayer-   dijo con la voz apagada.
  Bebía un   humeante café con indiferencia pero en el fondo, atento a mi respuesta,   con una delicadeza (que luego le agradecí).  Mi hermano me ha   pedido que me viniera a Europa con él, ahí podría conocer el Viejo Mundo, como siempre había querido.  

El sabor de la derrota   hay veces que campea en las palabras, vigilándolo todo, se hace notar de pronto, para recordarme que la vida se compone de recuerdos, que la musa debía retornar a los grabados en remotos países de cielos abiertos y aparecer en mis noches como una esfera de agua donde se refleja el hombre de paja cansado de espantar sus espectros -Este es el correctivo que la realidad le aplica a los sueños- me dije.

-Sólo quiero pedirte algo- le contesté- Cuando termines el retrato que era para mí, házmelo llegar.

Al cabo de unos meses, ocurrieron muchas cosas.  De esto pasaron muchos años, quizás demasiados en los que   nunca supe   nada.  
Dije al principio de esta semblanza que en la isla renuncié a las grandes certezas que deparan   a veces la vida.
Después de mucho tiempo   me asomé al   bar para confirmar esta idea.  Todo estaba intolerablemente idéntico a como lo dejé, la maquina   vieja de fotografías, las sillas de madera, la luz pobre,   y Tomas con su semblante impregnado de laconismo y resignación.  Parecía todo incólume al tiempo.

Me saludó como si nos hubiésemos visto ayer y si ni siquiera consultarme me sirvió aquel líquido espirituoso y   construí de pronto el pasado entre el paladar y el sueño.

-¿Dónde te habías metido todo este tiempo?- musitó Tomas de golpe.
No supe que responderle.  Hablamos un rato de las razones de mi estancia en la isla, cortesías de viejos amigos.  Cuando tras un silencio prolongado, le pregunté por su viaje, respondió desviando la mirada que   había muerto en Europa hace más de siete años.
Una punzada en el pecho me invadió de improviso.

Se bebió de golpe su licor y continuó:
A veces hay recuerdos que nos mantienen vivos y cuando los desploma la vida con sus imperfecciones   mueren de pronto, apagándolo todo.
 Anduve feliz, con mis fotos, contigo…con el invierno incluso.
Me dijo que   había enviado algo para mí hace ya tiempo.  De uno de los cajones de la barra extrajo un pequeño objeto cuadrado envuelto en un trozo de paño negro, lo descubrí como descifrando una escritura misteriosa.  Era mi fotografía terminada, encuadrada en madera…la musa estampada, danzando en el espacio que separa las quimeras de todos los continentes.
Me despedí de Tomas.  Cuando salía del bar con mi retrato bajo el brazo, me juré nunca pasar a bares de canciones tristes poblados con personajes de mis cuentos,   porque el narrar embadurnado en blanco y negro podía de nuevo trocar mis ansiedades en esta caricatura sublime de mi.
Salí con mi cuerpo de paja y mis harapos al viento.  Alguien que me vio caminar por la esquina le dijo después a un amigo   que ese día los pájaros se posaron en mi hombro.
 


Sencuencia de Nube

Sencuencia de Nube

Secuencia de Nube

Callo una gota,

Cayeron dos

Y luego

Cayeron tres.
  
   Gala fue a buscar su paraguas,

Y la nube detrás
   no era desconfiada la nubecilla

Como los nubarrones grandes

Lo son de los cielos negros
    es una nubecilla en mantillas.
 
   Gala como la nubecilla,

Aun en mantillas
   Pero hay algo en ella

Que se muestra

Tan viejo como el mundo.

Conoce cosas atroces

Conoce   soledades
  
  
     Ya sabe que hay que desconfiar,
   Y   miraba a la nube

Y la nube la miraba
    le entraban ganas de llorar.


   Es como yo pensaban,
   un poco triste

Y un poco alegre
   Y le vino una gran sonrisa
    comenzó a caer la lluvia.

Querido Amigo

Querido Amigo

Querido Amigo:

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.  No permitas que
nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un
deber.  No abandones las ansias de hacer de tu vida
algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías sí
pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase, nuestra
esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La
vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima,
nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra
propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra
continúa:  Tú puedes aportar una estrofa.  No dejes
nunca de soñar, porque en sueños, el hombre es libre.

No caigas en el peor de los errores: el silencio.  La
mayoría vive en un silencio espantoso.  No te
resignes.  Huye.  "Emito mis alaridos por los techos
de este mundo", dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.  Se puede
hacer bella poesía sobre pequeñas cosas, pero no
podemos remar en contra de nosotros mismos. Eso
transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por
delante. Vívela intensamente, sin mediocridad. Piensa
que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo
y sin miedo. Aprende de quienes puedan enseñarte. Las
experiencias de quienes nos precedieron de nuestros
"poetas muertos", te ayudan a caminar por la vida.  La
sociedad de hoy somos nosotros Los "poetas vivos".  No
permitas que la vida te pase sin que la vivas.

Walt Whitman   

 

Si buscas el amor, el amigo o el hermano perfecto,
morirás sin conocer el amor, la amistad y la
hermandad.

  

 

Tarde

Tarde

Camine mucho, una vez,

 

 y llegue lo mismo tarde.

El Invierno

El  Invierno

El invierno

Lleva el otoño
Fucilazos de luz
Amarillento

Peras de invierno
 Erizos de castaños
 Membrillos
Pastel de higo
Boniatos asados
Dulce de calabaza
Mazorcas
De rosetas
Vino de moras
En un hueco
  Bollo de centeno

Lleva el otoño
Para el invierno
Un sol tibio
De rayos bermejos
 En un vidrio limpio
Van riendo.

 

 

 

Sol de Otoño

Sol de Otoño


Sol de otoño

 Noches otoñales
 Verdes brillantes
Inconscientes
 Rutilante.

 Dormiré en laureles,
 No tengo en las manos
El poema
  De paz y vida.

 Aquellos que sin saber,
La vida
 Y su importancia
 Matan, acechan.


  Revienta   en rojos de muerte,
  En Oriente la metralla corta,
  Desgarra almas estira balas
En cuerpos inocentes.

 Vida, llena de grito,
  Castigo inconcebido,
 Cuentas de un rosario
 Abandonado.

Alba, blancas
 Espesa de canto,
 Ligera de colores
 Entre días y noche.

Dimensión mutante,
De verdes rutilantes
A sangrantes rojos
De muertes.

¡Dejad un día! Sin más sangre,
  Derramada al planeta,
Limpiad con el néctar
Del próximo crepúsculo.

Crepúsculo que Incendia,
 Marcas del pueblo
Y anda arrancando
Fronteras.

 Alinea colores ¡sin soldados!,
 Uno a uno,  el polvo cósmico
  Permitirá que brille esta tierra
 Un día, si, un día.

 

 

El fraile de San Onofre

El fraile de San Onofre

El fraile de San Onofre

En la iglesia de San Onofre. Un fraile oraba en
La Capilla. ¿Cómo describir el aire que se respira? ¿Qué color tiene el agua que se saca del manantial? Es el acto más humano que hay y, por eso, es algo sencillo, transparente, raíz de todo lo demás. Por esto cuando un clérigo al que no conocía entró en la iglesia, llegó hasta a la sacristía y salió de ella vestido para dar misa se acercó  hasta el altar,   y murmuró algún rezo secreto tras lo cual se marcho con mucho recogimiento. El fraile que hacia oración, no le prestó mayor atención al no apreciar nada de extraordinario.


Al día siguiente, a la misma hora, volvió a entrar la capilla mismo clérigo y actúo del mismo modo, tras lo cual desapareció, este hecho repetido  dejo al fraile muy sorprendido. Lo mismo aconteció el tercer día, y el fraile decidió comunicárselo al Prior, el cual le contestó diciéndole que la próxima vez que ocurriese, se prestase al clérigo para ayudarle a celebrar la misa. Pasaron muchos días y nada sucedió.

Hasta un dos de noviembre, en la noche de los difuntos, que volvió a aparecer el clérigo, nuestro hermano se ofreció para ayudarle a cantar la misa, cumpliendo la regla de obediencia como el Prior le había ordenado.

Cuando acabaron la celebración, el clérigo se acercó al fraile y le dijo: - Hermano, soy un fraile lego de tu convento, fallecí hace años -dijo- y estoy en el purgatorio por no cumplir en vida con mi obligación de decir misa de difuntos, pero gracias a ti, ya he purgado mi pecado y podré entrar al cielo.

Y Fray Bernandino nunca mas volvió a ver el fantasma de su hermano lego.

Noviembre del 1659 año del Señor.

Las Castañas

Las Castañas

 

El día de difuntos salió muy de mañana a misa una linda beata, que la noche anterior, según es costumbre en la noche de Todos los Santos, se había regalado, comiendo puches con miel y muchas castañas cocidas.

Como era muy temprano y apenas clareaba el día, la calle por donde iba la beata estaba muy sola. Así es que ella, sin reprimirse, con el más libre desahogo y hasta con cierta delectación, lanzaba suspiros traidores y retumbantes, y cada vez que lanzaba uno, decía sonriendo:

-¡Toma castañas!

Proseguía caminando, soltaba otros suspiros y exclamaba siempre:

-¡Las castañas! ¡Las castañas!

Un caballero, muy prendado de la beata, solía seguirla, hacerse el encontradizo, oír misa donde y cuando ella la oía, y hasta darle agua bendita al entrar en la iglesia, para tener el gusto de tocar sus dedos.

Iba aquel día el caballero tan silencioso y con pasos tan tácitos detrás de la beata, que ella no le vio ni sospechó que viniese detrás, hasta que volvió la cara, poco antes de entrar en el templo.

-¿Hace mucho tiempo que viene usted detrás de mí? -dijo muy sonrojada la linda beata.

Y contestó el caballero:

-Señora, desde la primera castaña.

Un Cementerio Feliz

Un Cementerio Feliz

 


Cae la noche sobre Maremures, pero ellos siguen ahí, en Sapanta, esperando nuestra visita.  Tal vez quieran dejarnos en las pupilas una nueva imagen para iluminar nuestras vidas:  la magia de esta muerte azul.

La memoria colectiva de Sapanta, registrada en este conjunto de coloridas tumbas donde se recrea la humilde existencia de cada uno de los que se fueron, sus alegrías y tristezas, crea una atmósfera serena y gozosa: una suerte de reto a la muerte, un himno a la vida.
 
 El cementerio se encuentra en el norte de Rumania en la ciudad de Sapanta, una comuna de cinco mil habitantes que   destaca sobre los Montes Cárpatos, cerca del río Tisa, en la frontera con Ucrania.  Lo llaman el “Cementerio Alegre” o “Cementerio Feliz”, porque arranca las sonrisas de aquellos que lo visitan.  No es un cementerio cualquiera, es el único en el mundo, y está adornado con tallas de madera, retratos de los muertos y epitafios alegres e irónicos en las lápidas.
Llama la atención, en estos tiempos, el apego a las tradiciones y a los roles familiares.  Todos los domingos, jóvenes, adultos y viejos visten sus trajes típicos para celebrar los ritos de la religión ortodoxa.  Este pueblo campesino nunca tuvo miedo a la muerte pues la consideran un fenómeno natural que uno acepta, aunque   no la busque.
  Ver toda la historia del pueblo y las costumbres de sus habitantes, en   el Cementerio.  En esta tierra de ebanistas, todas las tumbas han sido talladas, pintadas de azul y decoradas con el retrato del difunto, representándolo en su trabajo o haciendo lo que más le gustaba en   vida.  Bajo la talla pintada de la figura humana, sigue un epitafio, escrito en primera persona.
El Cementerio Feliz ocupa el primer puesto entre los monumentos funerarios más visitados en Europa y el segundo del mundo, detrás   del Valle de los Reyes, en Egipto.  Se llega por una carretera por la que circulan carromatos tirados por bueyes y  vehículos que van al pueblo.
Atrae a los turistas por las imágenes y los epitafios en versos que relatan con bonachona ironía las circunstancias en que el fallecido pasó al otro mundo.
Las cruces pintadas en colores claros -azul, blanco, verde y rojo- son monumentos de arte popular únicos en Europa, creados en su mayoría, a partir de 1935, por el artesano Stan Ioan Patras y que en la actualidad realizan sus discípulos.  El escultor Stan Ioan Patras, heredero del arte de esculpir la madera, transmitido de padres a hijos, a través de   generaciones.  El proceso de talar la madera de los bosques de robles, secarla, cortarla, dibujar los motivos, esculpirla y pintarla es lento y trabajoso.  En 1977, muere Patras y es enterrado en el lugar.  Pop Dumitru, su discípulo, se muda a la casa del maestro y asume la misma tarea.
En muchos casos, se puede apreciar el buen humor que caracteriza a los lugareños.
Algunos de los Epitafios:
“Aquí descansa mi suegra, si hubiera vivido otro año más, yo ocuparía su lugar”
“Y otra cosa que mucho me gustaba era sentarme al calor de una taberna acompañado de un vaso de vino y una mujer siempre que fuera la mujer de otro.”
“Aquí descanso yo me llamo BRAIC ILEANA, cinco hijos he tenido que Dios la vida les dio GICA, que tú seas perdonado si me apuñalaste cuando viniste borracho del pueblo.
“Qué bien estoy en la tumba en el umbral de la iglesia.  Tú también vendrás aquí”
“Arde en el infierno, maldito taxi que viniste de Sibiu.  Con todo lo grande que es Rumania.  ¿No pudiste encontrar otro lugar donde pararte?  ¿Tuvo que ser frente a mi casa, para matarme?”
Ver otros Epitafios graciosos para suegras, esposas, maridos…:
«Señor, recíbela con la misma alegría con la que yo te la mando»
«Ya estás en el paraíso, y yo también»
«Aquí yaces y yaces bien, tú descansas y yo también»
«Tanta paz encuentres, como tranquilidad me dejas»
«Aquí yace mi mujer, fría como siempre»
«Aquí yace mi marido, al fin rígido»
«Aquí te espero»
La memoria colectiva de Sapanta, registrada en este conjunto de coloridas tumbas donde se recrea la humilde existencia de cada uno de los que se fueron, sus alegrías y tristezas, crea una atmósfera serena y gozosa: una suerte de reto a la muerte, un himno a la vida.
 

 

El Duende de las Buenas Razones

El Duende de las Buenas Razones

El Duende de las Buenas Razones


 Al espantapájaros alguien le había puesto un corazón.

No era sólo un muñeco de paja, de traje raído y sombrero ladeado que ahuyentaba a los pájaros.

 Era casi una persona.
 
  El Duende de las Buenas Razones quiso que aquel fantoche clavado en mitad del campo tuviera sentimientos.

De este modo, el espantapájaros supo lo que era sufrir, porque aquel corazón que le había regalado el Duende tenía una especial ternura hacia los pájaros.

Y sin embargo su misión era ahuyentarlos y que no comieran en los sembrados.

  El Duende, que creía una “Buena Razón”, que todos tuvieran un corazón en el pecho, le había hecho un espantapájaros triste sin sentimientos.
 
 El espantapájaros hubiera estado asustando a los pájaros que se aproximaban a los sembrados y así estaría cumpliendo su deber.

  Pero aquel corazón que latía bajo la chaqueta vieja deseaba que las aves se posaran en sus hombros, que le hablaran de sus largos viajes por el cielo.

  Y sin embargo, ni un solo pájaro se posaba sobre él.

-Duende de las Buenas Razones, ¿qué has hecho de mí?,-gemía-
-¿Quién te mandó darme un corazón?.

Nadie había pedido un corazón para el espantapájaros.

  El Duende de las Buenas Razones, que creía saber lo que debía hacer, se había equivocado.

 Nadie está en posesión de la verdad.

A partir de ese momento,
 El Duende supo que no era más sabio que cualquier otro duende y decidió llamarse,
 Desde entonces,
 El Duende de las Equivocaciones.

Profecia

Profecia

  Me lo dijeron las lenguas de doble filo, que te casaste hace un mes y me quedé tan tranquilo. 

 Nada de pegarme golpes, ni de empezar a maldiciones, ni apedrear con suspiros los vidrios de tus balcones. 

 Que te has casado, ¡buena suerte!, vive cien años tranquila y la hora de la muerte Dios no te lo tenga en cuenta, porque sin ser tu marido, ni tu novio, ni tu amante, soy quien más te ha querido y con eso ya tengo bastante. 

 Decía mi padre a mi madre:  “¿Qué tiene el niño, Malena?”  Anda como trastornado, ya no juega a la trompa, ni tira piedras al río, ni se destroza la ropa subiéndose a coger nidos. 

 ¿No te parece a ti extraño que un chaval de doce años, tenga tan triste la cara?  Mira que soy perro viejo y tú estás demasiado tranquila, ¿quieres que te dé un consejo?:  “vigila, mujer, vigila”. 

 Y fueron dos centinelas los ojillos de mi madre y yo cuando salía de la escuela me fui a los olivares. 

 ¿Y qué busca allí?  Alguna niña, ¿tendrá la misma edad que él?  José Miguel, no le riñas, que está empezando a querer. 

 Aquella noche en tu ventana y envolviéndonos la luna, yo te pregunté:  ¿En qué piensas?,

 y tú dijiste:  en darte un beso. 

 Y a mí me entró una vergüenza, que me caló hasta los huesos. 

 Luego, en el campanario, cuando rompimos a hablar, dijo tu tía Rosario que la cigüeña es “sagrá” y el colorín en los montes y aquel torito valiente que bebe agua en el río. 

 Todo es “sagrao” ¿pues no lo hizo Dios?  Con la pureza de un copo de nieve te comparé y te vestí de piropos de la cabeza a los pies, y a la vuelta te hice un ramo de pitiminí precioso y luego nos reflejamos en la agüitas del pozo.

  Aquella noche en tu ventana y envolviéndonos la luna, tú dijiste:  ¡calla, mi hermanito está en la cuna y le estoy cantando una nana!  Quítate de la esquina, Juanillo, loco, que mi madre no quiere, ni yo tampoco.

  Y mientras tú la cantabas, yo, inocente, pensé que la nana nos juntaba como marido y mujer. 

 ¡Bah, pamplinas, figuraciones que se inventan los chavales! 

 Después la vida se impone;

 tanto tienes, tanto vales; por lo demás,

 todo se olvida,

 verás como Dios te envía un hijo como una estrella

 y a mi me servirá de alegría cantarle la nana aquella;

 porque sin ser tu marido,

 ni tu esposo, ni tu amante,

soy quien más te ha querido;

 con eso tengo bastante.

 

Un sol parado en la orilla del mar

Un sol parado en la orilla del mar

     

 En la mañana busqué la sombra abajo en unas rocas, y me quedé esperándote, ¿dónde andabas?

  

Como si los recuerdos se me hubieran hecho de colores, me respondieron:

 

—Levantando la orillita del mar.

 

Un sol parado   ponía brillos al mar y corría por la playa.  El rojo era un ascua que atizaban las olas.

 

—Si así fuera -les dije- ya me habríais enrollado un pedazo para encontrar barcos hundidos en vez de bucear.

 

— ¿no veis que me te tiene presa el sueño?

 

Una cosa es verdad –continué-

 

 A La mar la persiguen los pájaros.

 

 Así la veo acercarse, con una turba de gaviotas prendidas en el vestido azul de las olas y, las aves se alzan pro el como la arena para volver a caer en el agua...   en ese momento tomó mi mano el mar, abrió la suya y con una sonrisa:  "ten, te los regalo", me dijo.

 

De botones de coral, chapas de refresco y caracolas, tengo mil frascos, yo los tomé haciéndole ver mi sorpresa.

 

-Tienes de arena el iris y brillos de canica en las pupilas cuando lloras.

 

Me dice el mar , lo repite el mar,  como si me quisiera embrujar y yo corro y corro y viene detrás de mí, persiguiéndome hasta que me tumba para hacerme cosquillas y yo me revuelco de risa y me  escapo y se enfada porque después regreso muy seria y le levanto la orilla y lo descubro lleno de miradas por dentro, dueño de todos esos ejércitos de peces que lo alimentan como a un rey amplio y caprichoso, amarrado a sus riquezas, robándole las almas a esos inocentes que se metieron a pescar en su silencio de pescadores  y que se asoman desde su propio espanto para decirme:

 

  tú que andas siempre como colgada del brazo del mar , pídele por nosotros, nuestra voz es un viento que sopla donde nadie oye, no podemos ni siquiera solearnos el nombre en la cruz de algún panteón.  Pídele por nosotros.

 

  Yo me quedo muy triste escuchándolos y luego voy y les hago dibujos en la arena con las cosas de la tierra y se los doy al mar para que de arrepentimiento se los lleve y no se sientan tan solos.

 

 Ellos me lo agradecen y me arrojan lo poco que tienen, botones, chapas, caracolas y yo se los guardo y le encanta porque me llena frascos y más frascos como si fueran tesoros, pero mejor no digo nada porque me acordé que yo colecciono secretos.  Y me perdí en sus aguas

  

Los oigo desde lejos y aunque no quiera se me llena de incongruencias el corazón.  Ese día al amanecer, decidí que ya era tiempo de marcharme.

 

A los que escuchan al mar se les prenden los ojos como esas lámparas que andan por los callejones temblando para no tropezarse con la oscuridad, pero a mi no me da miedo; a mí, el alma se me sale del cuerpo, así tan liviana, que le cuesta trabajo volver porque se la lleva la brisa como invitándola a contemplar el mar desde las estrellas pero yo le digo que no, que mejor.

 

  -¡vuelve alma mía¡-   para seguir escuchando al  mar que aunque está viejo le sobran  las magias para pasearse por los infiernos como si llevara la cuenta de las almas.

 

 Me ha contando el mar que su secreto es ponerse esa capa invisible que le regaló un Santo que lo visita mucho y que lo protege de la maldad.  Aunque no cree en los encantos y por eso se queda como temblando por dentro, y yo oigo como dan vueltas y vueltas las olas de un lado para otro y a el lo oigo discutir con esos sueños que se visten de susto para picarlo. 

 

-¡Tenemos que cuidarlo mucho y entonces¡...Si, si,  Sí.

  

 Y entonces se me ocurrió buscar un tabla y sobre ella pinte figuras de colores y también un mar chiquito igualito que él, para que adonde quiera que vaya nunca se pueda ir.

 

 Escuchaba el ruido de las olas Y recordé a mis padre, a mi hermana que se fue tras de mí jugando a pisarme la sombra con una felicidad extraña, hasta que la vi perderse entre la gente con la cartera al hombro.

 

 Caminé y caminé viendo como se repetía una y otra vez la misma escena, el mismo pedazo de tierra donde me detenía para sólo divisar mi casa y luego el mar y otra vez mi casa.

 

  La luna era un arañazo de luz en la distancia cuando me dejé caer vencida por el sueño era tan pequeña.

 

-¡Esta niña otra vez se le hizo de noche en la playa¡.  Dios mío que vamos a hacer con ella.

 Me encontraron a la mañana en el corral junto al escándalo de las gallinas.

  

-¿Escuchas el mar madre?  Viene por nosotros.

 

 ¿Lo escuchas? como si se abriera la tierra, tragándose los cerros, la lluvia anunciando con tambores y trompetas el fin de todo.

 

 En guerra el agua con el agua, el trueno con el trueno.

 

 ¡Sálvame madre, te lo ruego¡

 

  El sueño se repite.

 

 No quiero dormir, pero los ojos se me hacen de hierro y se me caen hasta el fondo de un abismo hasta que despierto, para oír otra vez los pasos de mi madre, ¡Esta cría esta mal¡... las voces de mis hermanos y mi padre que hablan y hablan, como si sembraran en el aire las palabras y les naciera el mundo del que no se quieren ir.

 

  A mi lado está siempre mar, con perfume de silencios que huele a secretos, consolándome con esa dulzura que se le sale ¡y corre¡  a espantar a la muerte que se  acerca lenta, muy lenta, como si me anduviera midiendo el alma.

 

 De todas maneras va a encontrarse con que la estamos esperando.

 

 Y me fui siguiendo al mar.  Y el agua me llevo al lugar donde encuentra sus tesoros. 

 

Peatones con mucho peligro

Peatones con mucho peligro

 A las personas de poca fe en el carné por puntos

  

(Frases que los automovilistas escriben en el parte de accidente)

   

El Hombre que chocó  por sus Necesidades

  

 Un automovilista detuvo el coche en la cuneta y, apremiado por sus necesidades fisiológicas, se ocultó en unos arbustos muy próximos a la vía.  Mientras tanto, un camión de gran tonelaje, que viajaba en la misma dirección, embistió por detrás a su coche.

 

El conductor se dirigió por escrito a su compañía de seguros:  “Circulando normalmente por la carretera con mi automóvil me entraron ganas de ir de cuerpo, por lo que frené el vehículo en la banquina y me fui a hacerlo a unos matorrales cercanos, y cuando estaba con los pantalones bajados", “vino el contrario y me dio por detrás con el basculante" del camión.

     

El tío estaba por toda la calle y tuve que hacer algunas maniobras bruscas antes de atropellarle. Descifrar las declaraciones de algunos automovilistas involucrados en un accidente de tráfico obliga muchas veces a los jueces a efectuar verdaderos ejercicios de interpretación.

   

Peatones Peligrosos

  

Estaba convencido de que el vejete, no llegaría nunca al otro lado de la calzada cuando le atropellé.

 El peatón no sabia en que dirección correr, así que le pasé por encima.

 

 El peatón chocó contra mi coche y se metió debajo.

 

  Para evitar chocar con el parachoques del coche de delante, atropellé al peatón.

    

Hechos Imposibles

  

Otros no encuentran una explicación racional al suceso y se amparan ante el juez en fenómenos paranormales.

 

Un coche invisible que salió de la nada me dio un golpe y desapareció.

  

Llevaba 40 años conduciendo cuando me dormí al volante.

Cuando llegué al cruce apareció de pronto una señal donde nunca había habido un stop antes y no pude parar a tiempo.

  

Había estado todo el día comprando plantas, y cuando llegue al cruce, un arbusto surgió de pronto oscureciendo mi visión y no pude ver el coche que venía.

 

 Volviendo al hogar me metí en la casa que no es y choqué contra el árbol que no tengo.

 

Saqué el coche del arcén, miré a mi suegra y me fui de cabeza al terraplén.

   

Distracciones

  

 Tratando de matar una mosca, choque contra el poste de teléfonos.

 

 El poste se estaba acercando y, cuando maniobré para salirme de su camino, choque de frente.

   

 Inevitables Choques

  

 Choqué contra un camión estacionado que venia en dirección contraria.

 

 Un camión retrocedió a través de mi parabrisas y le dio a mi mujer en la cara.

 

  El otro coche choco con el mío, sin previo aviso de sus intenciones.

     

Y tras el accidente...

  

  

Le dije al policia que no estaba herido, pero cuando me quite el sombrero, descubrí que tenia fractura de cráneo.

 

  Cuando el coche abandonó la calzada, salí despedido; mas tarde, recuerda, me encontraron en un hoyo unas vacas sueltas.

 

  Mi coche estaba correctamente aparcado cuando, retrocediendo, le dio al otro coche.

  

  Creía que el cristal de la ventanilla estaba bajado, pero me di cuenta de que estaba subido cuando saque la cabeza a través de ella.

 

 La causa indirecta del accidente fue un tipo bajito en un coche pequeño, con una boca muy grande.

 

  Vi una cara triste moviéndose lentamente cuando el señor mayor reboto en el techo de mi coche.

  

Croníca del desayuno

Croníca del desayuno

 

"Buenos días", saludó la locura.

 

"Buenos días", contestó mi abuela.

 

"¿Cómo se encuentran esta mañana?  ¿Llenos de energía?" continuó la locura, ajena al extraño atuendo que mi abuela presentaba.

 

"Yo, ya, hija, a mis años, pues bastante bien me encuentro gracias a Dios".

 

"Hoy vamos a comenzar con una tanda de ejercicios ligeros, para ir entrando en calor.  Así que todos a sus puestos y...uno... y dos... y tres... y cuatro..."

 Siempre me había encantado el olor a pan tostado, Especialmente en la cocina, al desayuno.  Y el de la leche

Caliente.

  Fue la abuela quien apagó el pitido del despertador, Mientras yo estiraba el brazo buscándolo a tientas

Sobre la mesita de noche.

 

M e   gustaba dormir destapada entera, aunque también, pasaba mucho calor a veces...

 

— ¿quieres mas leche?

 Al escuchar nuevamente su voz calida regresó al mundo De los despiertos.  Su cuerpo funcionaba en cámara lenta, por suerte, porque mientras divagaba, se había ido agachando hacia a la mesa y estaba a punto de meter la nariz en la taza.   

Mi abuela, concentró de nuevo su atención en el plato del desayuno, con el vaso de leche caliente y la naranja partida por la mitad, tratando de recordar cuál debía comer antes.  Por fin, con aire satisfecho y resuelto, resolvió comenzar por las medias naranjas y me aleccionó con aplomo:  “¡Encima de la leche, nada eche!"

 

Yo, mientras tanto, iba dejando caer en mi tazón de leche trocitos de pan tostado, para que se fueran ablandando, mientras repasaba una lección de historia antigua que debía aprender de memoria.

 — ¿Estás segura que todavía tienes ganas de ir?  Si quieres terminamos el desayuno juntas y después te vuelves a acostar.  

El zorro y las uvas

El zorro y las uvas

 Un labrador tenía una viña y se dio cuenta de que las uvas iban mermando por la alimaña que de noche iban a comérselas.  Decidió acechar a la zorra con una escopeta y dale un escarmiento.   La noche era de tormenta, con muchos relámpagos y en uno de ellos vio el cazador a la zorra tunante y le arreó un tiro.  La zorra se llevó un gran susto y le dijo a los relámpagos:      Alumbrad, pero no tanto.   En otra ocasión se metió la zorra en un parral donde estaban las uvas muy maduras pero estaban tan altas que no alcanzaba a cogerlas y dijo la muy astuta:       ¡Eh para que me voy a molestar si están verdes!   Siempre se ha dicho eres más astuto que un zorro. 

 

 

El grajo viejo

El grajo viejo

 

 

Antiguamente habitaban por estos parajes grajos, aves de color negro y muy inteligentes.  Por aquella época había un grajo bastante viejo ya, estaba medio desplumado y apenas podía volar.  Buscar la comida para su sustento le era casi imposible.  Para no morir pensó introducirse en un nido de su especie y expulsar al polluelo que había allí.  Y así lo hizo, vio un nido, echó al polluelo que había y se introdujo él.

 

 

La pareja de grajos que no se habían percatado del cambio eran un ir y venir alimentando al viejo grajo.  Pero llegó el tiempo en que la comida en el campo se estaba agotando.  La pareja de grajos estaba muy preocupada por que no sabían que hacer para seguir alimentando a su hijo.

 

 

El viejo grajo que conocía todos los rincones de la comarca les dijo:

 

- Id al olivar de Cuaco (que eran los olivos más corpulentos, casi imposibles de avarear) que allí queda todavía aceituna.

 

 

La pareja de grajos muy sorprendidos por estas palabras, ya se dieron cuenta de que no era su hijo:

 

- ¡ah granuja, pillastre, que tú no eres ningún polluelo, eres un viejo tunante, fuera de aquí!

 

  

El gallo Kírico

El gallo Kírico

  

Este es el cuento del gallo Quírico que fue a la boda de su tío Perico muy arregladito y muy peinaico.  Por el camino se encontró un montón de estiércol donde estaba gusanito.  El gallo Quírico que tenía mucha hambre pensó:  si pico me llenare el pico.  Pico o no pico..., pico o no pico... y picó y el pico se lo llenó.

 

Siguió andando y andando hasta que se encontró con la malva y le dijo:

 

- No, no quiero.

 

 

Y el gallo Quírico siguió andando y andando hasta que se encontró a la cabra y le dijo:

 

 

- Cabra comete a la malva que no ha querido limpiarme el pico que voy a la boda de mi tío Perico muy arreglaito y muy peinaico.

 

 

La cabra le contestó:

 

         - No, no quiero.

 

 

Y el gallo Quírico siguió su camino hasta que se encontró con un palo y le dijo:

 

-  Palo pégale a la cabra que no se ha querido comer a la malva que la malva no me ha querido limpiar el pico para ir a la boda de mi tío Perico.

 

-  No, no quiero – contestó el Palo.

 

 

Y gallo Quírico siguió andando hasta que se encontró con el fuego y le dijo:

 

-  Fuego quema al Palo que no ha querido pegarle a la cabra, que la cabra no se ha querido comer a la malva, que la malva no me ha querido limpiar el pico para ir a la boda de mi tío Perico.

 

-  No quiero, respondió el Fuego.

 

 

Y gallo Quírico siguió andando y andando hasta que se encontró con el Agua y le dijo:

 

- Agua apaga al Fuego que no ha querido quemar al Palo, que el Palo no ha querido pegarle a la cabra, que la Cabra no ha querido comerse a la malva, que la malva no me ha querido limpiarme el pico para ir a la boda de mi tío perico.

 

- No quiero – dijo el agua.

 

 

Y el gallo Quírico siguió andando, andando, andando... hasta que se encontró con el Sol y le dijo:

 

        - Sol evapora el agua que no ha querido apagar al fuego, que el fuego no ha querido quemar al palo, que el palo no ha querido pegar a la cabra, que la cabra no se ha querido comerse a la malva, que la malva no me ha querido limpiar el pico para ir a la boda de mi tío Perico.

 

        -  Esta bien amigo gallo, hoy te voy ha hacer este favor ya que tu me saludas muy temprano todas las mañanas con mucha alegría.

 

 

Entonces el agua dijo:

 

        - Está bien apagaré el fuego                          

 

 

Y el fuego dijo:

 

- ¡No, que yo quemaré al Palo!

 

 

El palo dijo:

 

        - ¡No, que yo pegaré a la cabra!

 

 

Y la cabra dijo:

 

¡No, que yo me comeré a la malva!

 

 

 

Y la malva dijo:

 

- ¡No, que yo le limpiaré el pico!  Y se lo limpió.

 

Y así el gallo Quírico se fue a la boda del tío Perico muy arregladito y muy peinaico.  Pero cuando llegó no quedaba triguito, y este es el castigo que recibió por comerse a gusanito, que era lo prohibido.