Blogia

TEMAS BLOG OFICIAL DE LA POETA Y ESCRITORA andaluza Carmen Camacho ©2017

Jerome D. Salinger ha dejado de existir

Jerome D. Salinger ha dejado de existir

Jerome D. Salinger ha dejado de existir a los 91 años llevaba casi 50 años alejado de la vida pública en una casa de campo en New Hampshire, al noreste de Estados Unidos, donde falleció por causas naturales, según dijo su representante. Su obra cumbre vendió más de 65 millones de ejemplares y fue traducida a más de diez idiomas .Lo recordamos por su celebre creación “El guardián entre el centeno” del año 1951, obra cumbre de la época de la post-guerra, este libro es una novela que en su época la consumían los jóvenes rebeldes y hoy en día se usa mucho en las clases de inglés.

Cuando se  lanzó la misma allá en el año 1951 el era un escritor desconocido pero en pocas semanas entró en la lista de los libros mas vendidos del New York Times, a pesar que no tuvo buena crítica, los jóvenes lectores apreciaron el lenguaje auténtico y juvenil que citaba la novela en su joven narrador, lenguaje que justamente no apreciaban profesores ni padres de la época. En el año 1980 la obra tuvo celebridad a causa de una tragedia de la cultura pop: un confundido fanático disparó a John Lennon y posteriormente declaró que dicha novela lo había inspirado, su autor se convirtió en un extraño y se consideró un freak. Salinger se convirtió en un enigma de la vida pública, había desaparecido y se refugió en su finca en New Hampshire, se dedicó a las religiones asiáticas y prohibió se publicara su retrato en la tapa de  sus libros, siguió escribiendo pero no publicó durante los últimos 40 años.

El libro trata del propio narrador, Holden Caulfield un joven héroe rebelde, sensible e infeliz que ingresó a una clínica psiquiátrica y se sienta a escribir desde el fondo de su corazón las razones porque ha terminado allí. Una vez que es desalojado por cuarta vez empieza a deambular por toda la ciudad mostrando su inmadurez y es rechazado de todos lados, es el típico joven postmoderno que necesita puntos de orientación, el protagonista quiere hallar una persona o institución que lo apoye, resultado: depresión nerviosa e internación en una clínica psiquiátrica.

 A Holden se lo considera sucesor de Huckleberry Finn ambos son héroes jóvenes marginados, desarraigados y rebeldes en búsqueda de su felicidad y ambos critican duramente a la sociedad con su manera de expresarse, pero hay una diferencia Huck se escapa al lejano oeste y Holden es internado en la clínica. Este es el brillo del libro que muestra la ironía de la sociedad civilizada de la mitad del siglo XX  que no quedan áreas donde refugiarse cuando la persona no encaja en la comunidad, entonces quedan dos vías de escape:  el psicoanalista o perderse del mundo.

 

.

Susana Roberts

 

 

ENTREVISTA A ENRIQUE VILA MATAS

ENTREVISTA A ENRIQUE VILA MATAS

 

Vila-Matas para confabuladores

Por Iván Beltrán Castillo

 

Desde la aparición de Bartleby y compañía, una novela de culto entre los lectores alertas, el nombre de Enrique Vila-matas es sinónimo de transgresión, herejía y sorprendente invectiva narrativa, motivo por el que encabeza el listado de los escritores capaces de insuflar nueva vida y expedir partida de renacimiento al género de la novela, cuya muerte tiene tantos publicistas y plañideras en todo el mundo, pero que, como el vampiro que se despierta de un sueño de siglos en la oscuridad del sarcófago, siempre vuelve a levantarse y reemprender su batalla.

La identidad y sus fantasmas, el enigma ardiente de la creación, el intercambio o bricolage perpetuo entre la vida y la muerte, la tentación de no existir, el océano ficcional que recorre la realidad y la porción inmensa de absurdo y pánico inyectada en las rutinas de los hombres, son algunos de los temas que, de manera obsesiva, hermosa y feroz, recorren sus espléndidas páginas. Ha escrito más de una treintena de libros, donde los géneros parecen hacer intercambios, se auxilian, seducen y oxigenan unos a otros, y forman un concierto de momentos excepcionales, donde no faltan ni el erotismo, ni el sin-sentido del humor, ni la comprobación dolorosa, ni la sentencia metafísica, ni las visitas a los más reputados círculos del infierno.

Los títulos de sus obras –que aquí se enumeran en desorden y de memoria– son un verdadero llamado, un tam-tam ritual, un misterioso canto de sirenas: La asesina ilustrada, Hijos sin hijos, Suicidios ejemplares, Lejos de Veracruz, Extraña forma de vida, El viaje vertical, Historia abreviada de la literatura portátil, El mal de Montano, Perseguidores del abismo, Recuerdos inventados, Doctor Pasavento, París no se acaba nunca, Dietario Voluble, para acabar con los números redondos, El viajero más lento…

Nacido en Barcelona en 1948, Vila-matas ha tenido varias identidades: estudió derecho, fue periodista, hizo crítica de cine y alguna vez filmó dos cortometrajes. Su incansable labor –asediada de manera constante por la tentación del silencio– ha sido recompensada por numerosos premios, entre ellos: Premio Ciudad de Barcelona, Prix Meilleau Livre etrager (Francia), Premio internacional Ennio Flaianno y el prix medicis (Italia) Premio Herralde y Premio Romulo Gallegos.

La siguiente entrevista fue concedida por Vila-matas exclusivamente para Con-fabulación una semana antes de la entrada en escena de su nuevo libro. Las mayor parte de las obras de Vila-matas están editadas por Anagrama. 

***

 

Tú has desbordado los derechos de un autor frente a sus lectores, abandonando las convenciones y la etiqueta formal existente en la relación entre quién escribe y quien lee. Has exigido, seducido y en cierta medida cuestionado al lector, tantas veces un fantasma pasivo. ¿Cuál es el lector que vendrá y cuál el lector ideal con el que sueñas?

El lector ideal es el que he denomino “el lector activo”. En un reciente artículo explicaba que, en mi opinión, las mismas destrezas que se necesitan para escribir se precisan también para leer. Y decía que los escritores fallan a los lectores, pero también ocurre al revés y los lectores les fallan a los escritores cuando sólo buscan en éstos la confirmación de que el mundo es como lo ven en su pequeña pantalla. Entiendo que los nuevos tiempos traen esa revisión y renovación del pacto exigente entre escritores y lectores y que cabe esperar, parafraseando a Henry James, que pronto pueda decirse que unos y otros, trabajan con lo que tienen, y sus grandes dudas son su pasión, y esa pasión es precisamente su gran tarea… En cuanto al lector que vendrá, no sé, creo que el futuro es lo peor que hay en el presente.

 

Escribir o no escribir parece ser una disyuntiva, casi shakesperiana, que asedia y perturba a tus criaturas. Algunos de tus personajes quieren conquistar el silencio y otros, como Montano, pretenden convertirse en centinelas —y quizá mártires— de la literatura. ¿Es este escribir o no escribir el tema prioritario y la reflexión urgente que debe plantearse todo creador ante las trampas y los rostros adversos del oficio?

Desde luego no pretendo ser un gurú para nadie. Soy una persona llena de incertidumbres. Y de contradicciones. Me gusta que me vean. Y me disgusta enormemente ser visto. Estas contradicciones –saber, por ejemplo, que uno tiene toda la razón del mundo en lo que dice y a la vez no tiene ninguna– van vigorizando la creación de mi personalidad doble, y hasta se diría que andan creándole a mi sombra una inesperada tendencia a doblarse y desdoblarse, como si yo no fuera más que una figura ahí abajo en la calle doblándose literalmente, partiéndose de risa en el más sesgado y último  corredor de los pórticos que veo desde mi ventana, aquí en Barcelona.

 

 ¿Qué dirías si postulo que tus personajes están intoxicados de imaginación?

Si me permites elegir, te diré que prefiero que no estén intoxicados y que traten de conservar al máximo la imaginación de los años libres, de los años de infancia, que son aquellos en los que ellos pudieron ser plenamente imaginativos. No negaré que lamentablemente algunos de mis personajes, cuando crecieron y vieron que perdían imaginación, se drogaron como desesperados para no perder toda la genialidad. Verles intoxicados es, para mí, un horrible espectáculo. Es uno de mis proyectos montarles un hospital, un lugar donde poder acogerlos. Yo, por mi parte, me dedico a “madurar hacia la infancia”, como dicen que hacía Vilém Vok, aunque no sé si Vok estaría de acuerdo con esta apreciación sobre él.

 

Los géneros literarios parece exasperados entre sus moldes, y tus fusiones parecen ser el receptáculo de dicha desesperación. Me gustaría que me ilustraras al respecto.

Me gusta mucho –me parece deslumbrante– la mezcla de relato con ensayo que se inventó Sergio Pitol en los cuentos de Nocturno de Bujara. Pasa de la narración a la forma ensayística sin que apenas nos demos cuenta. Es cierto que a los pobres géneros los he maltratado, pero no ha sido con mala intención. Cuando uno conversa con otra persona, no lo hace siempre en el mismo tono, registro y género. De la misma forma, siempre me he sentido incapaz de tenerle que ser fiel a los códigos de un género porque eso habría coartado mi imaginación, mi libertad creativa. Pero vamos… Creo que esta trasgresión de los géneros hoy en día la practica ya mucha gente. Quizás en los primeros tiempos me trajo algunos problemas porque en España el retraso cultural y la desinformación o  indiferencia acerca de lo que se hace en literatura, ha sido en ocasiones pavorosa. La literatura española es una cosa beata, a lo Beato Martin Garzo. Hay una ristra inmensa de extraños escritores que confunden el realismo con el realismo de hace dos siglos. Hace llorar de risa.

 

La situación mundial no está para bromas –violencia, segregación, cinismo de los poderosos–. ¿Estaremos condenados a ver el triunfo de una raza de hijos sin hijos?

Lo decía Flaubert y ya han pasado casi dos siglos: “Llegará un tiempo en que todo el mundo se habrá convertido en hombre de negocios (para entonces, gracias a Dios, ya habré muerto). Peor lo pasarán nuestros sobrinos. Las generaciones futuras serán de una tremenda grosería.”

 

¿Consideras como Pasavento y Walser que la invisibilidad, la negación del yo, la desaparición de la farsa de la identidad son un alto y encomiable ideal?

A veces. Pero no soy constante. Siempre me he forzado a la contradicción para evitar conformarme con mi propio gusto.

 

En El viaje vertical, Federico Mayol hace su educación sentimental llegando a la vejez. A los escritores que no han escrito nada memorable nos atormenta el sinuoso deslizarse de los años, y por eso nos seduce tanto este personaje. ¿De verdad crees en la posibilidad de una iniciación en el crepúsculo?

Muchas veces creo en esa iniciación, sobre todo porque el crepúsculo no entra nunca en directa competencia con el tiempo. Siempre estamos en él, en el crepúsculo. En cuanto a lo de haber escrito o no algo memorable, te diré que conozco el caso dramático de alguien que ha escrito algo memorable y que se ve todo el rato obligado -como en la peor de las pesadillas- a ser el primero en tener que recordarlo.

 

Según intuyo en Extraña forma de vida, el espionaje es connatural a todos los hombres. ¿Serán la novela y el cuento las formas  refinadas y sutiles de este oficio?

Es connatural, sí. Donde mejor desarrollo el tema es en un cuento de Exploradores del abismo, el cuento del “bus 24”, que me lleva –pronto tendré que decir que me llevaba porque cambio de domicilio en los próximos meses– a mi casa de Barcelona. Allí, en ese bus, he espiado como un loco, sólo para poder escribir cuentos sobre lo que oigo. Y me considero, he de confesártelo con una sonrisa, un espía del 24 y lo que es lo mismo: un espía del realismo. Del realismo ortodoxo, del realismo de género únicamente. Y por ahí volvemos al tema de los géneros. Tras años de espionaje he podido apreciar que el realismo es, en efecto, un género, una simple convención muerta, está relacionado con un cierto tipo de trama tradicional, con principios y finales predecibles, trabaja con personajes redondos, y asume que el mundo se puede describir, lo que establece un vínculo ingenuamente estable entre palabra y referente. 

 

Los insignes miembros de la Conspiración Shandy, cuyo periplo fugaz ocupa las páginas de tu Historia abreviada de la literatura portátil, son acaso herederos y parientes de los que fundaron Tlön, Uqbar, Orbis Tertius? ¿Qué sabes de sus vínculos?

Puestos ya en el tema del realismo, te diré que los shandys y la gente de Tlön parece que coinciden en tener un lema escondido, el más breve que han tenido nunca las sociedades secretas. Pero no es todavía el momento de revelarlo.

 

¿Puedes ilustrarme brevemente sobre tu nuevo libro, a punto de aparecer?

Se habla de un editor que es consciente de que la literatura se halla en el fin de una época. Es un editor retirado, algo aburrido y desesperado. Encuentra en lo apocalíptico la solución a sus males. Lejos de seguir entristecido por el fin de la era Gutenberg, cree ver muy claro que lo apocalíptico le ofrece la alegre y feliz paradoja de poder organizar un funeral en Dublín por la pobre literatura, es decir, le ofrece aquello de lo que más necesitado anda desde que se retiró: tener algo que hacer en el futuro. Hay mucho humorismo en ese funeral en Dublín. Y Joyce y Beckett están ahí, cada uno dominando la atmósfera de los dos capítulos principales. Yo creo que la novela, tal como se dice en una de sus páginas, es un paseo privado a lo largo del puente que enlaza el mundo casi excesivo de Joyce con el más lacónico de Beckett y que a fin de cuentas es el trayecto principal –tan brillante como depresivo- de la gran literatura de las últimas décadas: el que va de la riqueza de un irlandés que subió a la cumbre de la escritura (Joyce) a la deliberada penuria del otro, el clochard Beckett; de Gutenberg a Google; de la existencia de lo sagrado (Joyce) a la era sombría de la desaparición de Dios (Beckett). 

 

 

 

A UN LIBRO

A  UN LIBRO

 

 

 

 

 Espacio,

escrito,

 que no es

 

verdad

 

Y es.

 

Sueños, 

 

signos

 

mágicos.

 

 Vicario,

 

delatando

 

ausencias.

 

Pétalos,

 

blancos,

 

teñidos

 

de tinta

 

negra.

 

©Carmen María Camacho Adarve

 

 

EN LA CASA DE LOS LOCOS

EN LA CASA DE LOS LOCOS

 

 

 

Todas las mañanas, Ana, va a limpiar en la casa de los locos. La espera en la escalera, María, que camina a pasitos cortos, es delgada, en sus ojillos negros,  baila la risa, y hace pucheros si se enfada… es una niña de cincuenta años. Va siguiendo a Ana por los cuartos, mientras ella limpia, le hace siempre las mismas preguntas.

 

Niña ¿Cuándo es mi santo? ¿Falta mucho?

-Unos meses.

-Niña, niña, ¿Cuándo es mi santo?

-en agosto.

María, se pasea por el pasillo, con su sonrisa infantil. María no quiso crecer. Esa  mañana tocaba ir  al mercadillo, María compró una maceta de margaritas mustias.

-Niña, niña, ven niña, llamaba con la puerta de su cuarto abierta, sentada en la cama y sujetando con las dos manos sobre su regazo la maceta de margaritas mustias.

-Niña, niña ¿Dónde pongo la maceta?

- la puedes poner en la estantería

-¡pero niña¡ no puedo que moja a las muñequitas.

-Niña, niña ¿Cuánto falta para mi santo?

-Poco falta poco.

-¿tu vas a venir niña?

-Si, claro que si.

-Sabes niña te voy a invitar a tarta ¿me vas a traer cositas? peluchines, pinturitas, colorete para la cara, y muñecas que hablan… niña, niña pronto es mi santo.  Sabes niña cuando sea grande dejare esta casa ya lo tengo pensado me iré a una  muy grande con un jardín que tenga muchas flores donde pasare a todas mis muñecas.

 

©Carmen María Camacho Adarve

 

LLAMADAS TELEFONICAS

LLAMADAS TELEFONICAS

 

A veces, Tomás, salía a la terraza y veía pasar a la gente, se movían en planos fijos como en una película ante sus ojos,

La  gran avenida;  el ímpetu  de las personas lejanas  lo llenaban de pánico, como si  pudiesen arrastrarlo en el vértigo de sus prisas, a pesar de las puertas cerradas que lo protegían. Tomás,  tenía un miedo atroz a la acción y al movimiento. Era en extremo frágil y vulnerable. No se atrevía a aventurarse por las calles: Le daba mareo ver a la gente, los coches, y  los altos edificios. Solo confiaba en Alfredo, el valor de la amistad, el amigo que jamás lo traicionaría, con la única persona que mantenía llamadas telefónicas.

 Llevaba mucho tiempo haciendo  vida solitaria, sufría un enorme miedo a los cambios levantarse de su sillón le parecía una acción peligrosa cada movimiento parecía ser un calculo complicadísimo  y no carente de riesgo. Un viaje en el bus urbano le hubiese producido el mareo de una  gran travesía. Solo estaba seguro en su cuarto,  ningún intruso podía  franquearlo. Y en el pasaba los días, leyendo viejos libros, ajeno a la realidad y a la vida.  Quería olvidarlo todo hasta olvidarse de el, recordad  su juventud le daban vértigo, como si se trasladara a alturas imposibles. A sus treinta y tres años le asustaba la vejez que el  intuía cercana, cualquier idea de juventud le asustaba en retrospectiva, como un asesinato que tuviera que expiar; y a veces recordando que en otro tiempo fue loco joven  e imprudente, como todas las personas, se decía:” ¿Cómo pude yo hacer aquello?”. Y en el momento sentía un miedo indecible a la vida, encastillado en aquel piso, cerrado a todo. Los murmullos y susurros y el ronroneo de voces  y pasos que llegaban de la escalera o través de los tabiques, que aumentaban cuando se abría o se cerraba una puerta. También le producía pánico: No podía establecer una distinción clara entre sonidos, olores, formas y sensaciones: unas y otras se prestaban a interpretaciones complicadas y no siempre inequívocas o coherentes.

Descolgó el teléfono y marco:

-Alfredo dime  ¿Qué significa ese ruido que oigo?  ¿Qué  es ese martilleo constante?  Y su fantasía lo transportaba vertiginosamente por un espacio sin límites y lo depositaba en algún momento perdido de su juventud y esta visión le resultaba turbadora y dolorosa. Luego el ruido se desvanecía y solo quedaba en su  conciencia el terror que le inspiraba la certeza de la muerte.

- Dime amigo, ¡no me cuelgues¡ escúchame  ¿Cómo es posible que no pueda hacer nada para evitar una cosa tan terrible? , como  es mi muerte, y sin remedio rompía a llorar con la desesperación de un recién nacido.

-Alfredo, por favor, tu eres lo único que tengo, mi único amigo, tu, solo tu, puedes ayudarme.

No notaba, indicios de decrepitud. Ningún síntoma, Solo aquel ruido poco claro, que en su encierro crecía y aumentaba en el silencio de su cuarto, nacía de su pecho y subía hasta las sienes. Lo escuchaba aterrado: vibrando dentro de el golpeándole el pecho y las sienes, y temblaba presa de un miedo  invencible, como si cientos de martillos le golpearan el cuerpo. A veces, cuando andaba distraído en sus lecturas, conseguía no oír el ruido, en cuanto recobraba la atención, en el silencio de sus pensamientos, volvía a escuchar y a sentir el martilleo  como el pálpito de una herida abierta. Comenzaba a temblar esperando la muerte inevitable, muerte que no llegaba, como si los martillos careciesen de fuerza para matarle.

 -¡es muy raro, continuaba,  hablando por teléfono; seguro que es una aprensión, ya que no me muero!”. Alfredo tengo que dejarte, decía, de forma repentina y colgaba el teléfono  entregándose a sus lecturas. Mas tarde cuando el silencio era perceptible, regresaba el ruido y la angustia y sentirse morir… marcaba el numero de teléfono de su amigo.

-Debería ir a un medico ¿tu crees  Alfredo?; esto no es ya por azar… Pero tendría que atravesar calles llenas de gente cruzar semáforos entre cientos de vehículos o lo que es peor tomar un taxi que me llenaría de vértigo… esta idea me aterroriza y  sabes disiento de ella. Es preferible luchar solo con la angustia y el pavor, -continuaba- distraer al miedo sumido en la lectura para evitar pensar.  “Tal vez  Alfredo, esto es una idea, una idea por azar que se ha apoderado de mi, estoy tan alejado de la vida que las ideas me dominan.”Combatía sus aprensiones,  oponiéndolas a la razón. Pensaba que un azar no podía ser funesto, ya que  todo el mal viene de la vida, de la realidad, de la acción…

Estos pensamientos tampoco lograban dominar su nerviosismo e inquietud

-¡el suplicio de los martilleos amenazan aplastarme como una mosca! ¡El sufrimiento  al que me llevaban los golpes graves y violentos, en el silencio de mi cuarto!... Es preciso ir a un doctor, si consultar a un doctor, perdóname Alfredo, mas tarde te telefoneo.

 En uno de aquellos brotes delirantes se decidió. Tomó un taxi, cerró los ojos, como si estuviese en el sillón de su despacho, dio la dirección de la primera consulta medica que encontró en la guía…

- Mire usted… vera… siento algo muy raro… una cosa extraña…un martilleo en las sienes, un ruido fuerte en el pecho…, lo peor de todo que solo lo noto en silencio… el tacto de la mano del doctor, la blancura de su bata, su rostro inquisitivo cerca del suyo formaban un todo difícil de desentrañar.

El médico lo miraba con frialdad, no había  trazos de animadversión; solo curiosidad y cautela,  lo auscultó en los costados,  y en el corazón.

-¡Ahora,  lo oigo , aquí… en el silencio de la consulta volvía a sentir los golpes mortales y conspiradores.

El médico lo auscultó con más cuidado. Y solo escuchaba, los latidos  de un corazón joven y fuerte.

 

- Todo dentro de la normalidad; nada extraño noto…

-¿No escucha usted los martilleos que acabaran, sin duda, por matarme?

El médico lo miro como si pretendiese en el un paranoico, le dijo con frialdad insultante:

-Tiene un corazón sano y fuerte.

-¿Y, ese ruido? esos martillazos.

-Si,  a eso que le teme –dijo el médico- lo que le asusta, ¡es  lo que mueve vida!

-¡La vida¡ La vida balbuceo.

Y  un miedo casi delirante lo invadió.

Volvió a atravesar calles llenas de gente, camino presa del pánico entre los coches hasta dar con un taxi que lo llevo de regreso a su piso. Sin quitarse el abrigo, descolgó el auricular y marco el número de teléfono de su amigo.

-Alfredo, ¿me oyes? ¿Estas hay? ¡Tengo miedo!

-No te preocupes, Tomás, si te escucho…todo va a ir bien he arreglado todo, no tardara en recogerte una ambulancia, ahora mismo he firmado la hoja de ingreso en el psiquiátrico, y con brusquedad colgó el teléfono.

 

©Carmen María Camacho Adarve

 

 

TERREMOTO EN AHITI AYUDA A LOS DAMNIFICADOS DESDE ESPAÑA

TERREMOTO EN AHITI AYUDA A LOS DAMNIFICADOS DESDE ESPAÑA

 



http://www.elpais.com/articulo/internacional/Quiere/ayudar/elpepuint/20100114elpepiint_7/Tes

- CRUZ ROJA
Banesto: 0030 1001 35 0004707271
BBVA: 0081 0627 34 0001114312
Bankinter: 0128 0010 97 0100121395
Caja Madrid: 2038 0603 29 6006640085
La Caixa: 2100 0600 85 0201960066
Banco Popular: 0075 0001 89 0600222267
Santander: 0049 0001 53 2110022225
Triodos Bank: 1491 0001 21 0010003006
Teléfono: 902 222 292
Internet: www.cruzroja.es

- INTERMÓN-OXFAM
La Caixa: 2100 0765 81 0200111128
Caixa Catalunya: 2013 0500 16 0213198878
Caja Madrid: 2038 8978 17 6000016604
CAN: 2054 0300 56 9157938948
Santander: 0049 1806 91 2111869471
BBVA: 0182 6035 49 0201502475
Banco Sabadell-Atlántico: 0081 7011 110001698879
Triodos Bank: 1491-0001-21-0010010201
Teléfono: 902 330 331
Internet: www.intermonoxfam.org/es

- UNICEF
BBVA: 0182 5906 81 0010033337
Banesto: 0030 8301 78 0000046271
Banco Popular: 0075 0001 87 0606914075
Santander: 0049 0001 59 2810100005
Caja Madrid: 2038 1043 19 6000877505
La Caixa: 2100 5731 70 0200005001
Teléfono: 902 255 505

- MÉDICOS SIN FRONTERAS
Santander: 0049 1806 95 2811869099
La Caixa: 2100 3063 99 2200110010
BBVA: 0182 6035 49 0000748708
Teléfono: 902 250 902
Internet: www.msf.es

- MÉDICOS DEL MUNDO
BCSH: 0049 0001 59 2810010006
La Caixa: 2100 4466 99 0200020000
Caja Madrid: 2038 0603 22 6800047052
Banesto: 0030 1026 08 0015859271
BBVA: 0182 0969 60 0200015552
Teléfono: 902 286 286

- SAVE THE CHILDREN
Santander: 0049 0001 52 2410019194
La Caixa: 2100 1727 12 0200032834
BBVA: 0182 5502 58 0010020207
Caja Madrid: 2038 1004 71 6800009930
Teléfono: 902 013 224
www.savethechildren.es

- La P.E.S.E (Plataforma Evangélica para Situaciones de Emergencia)
La Caixa: Diaconía. 2100-4750-52-0200044907

- PLAN España
Banco Santander
0049 0001 56 2010025526.
http://plan-espana.org/

- ENTRECULTURAS
Banco Santander: 0049 0496 83 2010200
BBVA: 0182 4000 62 0208002127

- ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE
Referencia: Emergencia en Haití
SCH: 0049 0001 52 2410030007
Cajamadrid: 2038 1052 44 6000741510
LA CAIXA: 2100 2999 93 0200030018

- PLAN INTERNACIONAL
Banco Santander: 0049 0001 56 2010025526
BBVA: 0182 4018 14 0208515929
La Caixa: 2100-2927-90-0200054649

--

 

AYUDAR A NUESTROS HERMANOS Y VECINOS DE HAITÍ

AYUDAR A NUESTROS HERMANOS Y VECINOS DE HAITÍ

 

Debemos dar gracias a Dios por que en nuestro país no ha pasado nada
y unirnos para ayudar a nuestros hermanos y vecinos de Haití que
necesitan mucha ayuda en estos momentos. Estén atentos a todas las
formas de ayuda que se están difundiendo por todos los medios. Si no
pueden ofrecer dinero, comida o medicamentos por lo menos lleven esta
información a personas que puedan hacerlo, lo importante es cooperar.
Nunca olviden que el familiar más cercano es el vecino a nuestro
lado.



Oremos porque el siniestro no haya dejado más daños de los que
hasta ahora se han anotado. Y recuerden que una catástrofe en un
país tiene repercusiones en el resto del mundo. Esta catástrofe en
Haití tendrá repercusiones en el resto del mundo, principalmente
para la República Dominicana. SOLIDARIDAD.



PRINCIPAL CENTRO DE DONACION



Camara Dominico-Haitiana

Necesitan: productos enlatados, agua, leche, medicamentos, colchones y
frazadas.

Contacto: Rosa Maria Garcia (Presidenta)




CENTROS DE RECAUDACION DE DONACIONES



Centro Bonó

Calle Josefa Brea NO.65 Mejoramiento Social

809-682-4448 Y 809-688-1646



Centro Alberto Hurtado SERVIR-D

Av. Jimenez MOya No.37 ( al aldo de Inazucar)

809-535-2977



Centro Bellarmino
Km. 1.5 Autopista Duarte, Santiago

809-582-6998



CEFASA,

Km.5 Autopista Luperon

809-736-8272



Solidaridad Fronteriza

Calle Manuel Roca, no. 13, Dajabon.

809-579-8993



DONACION DE SANGRE



Banco de Sangre Cruz Roja Dominicana

Calle Juan Henriquez Dunant No. 51,Miraflores
Contacto: Sonia Pichardo

809-334-4545




INFORMACIÓN SOBRE PARADERO DE FAMILIARES



International Assistant Line

Tel.: 1-888-407-4747



DONACIÓN DE DINERO



Unicef: Website de Organización de las Naciones Unidas para la
Infancia

http://www.unicefusa.org/ <http://www.unicefusa.org/>



Redcross: Cruz Roja Norteamericana

http://www.redcross.org/ <http://www.redcross.org/>

Yele: Organización Internacional de Ayuda a Haití del Cantante
Haitiano Wyclef Jean

http://www.yele.org <http://www.yele.org/>

SMS:

Envía un sms con la palabra YELE al 501501 y estarás donando U$5
al fondo para los dagnificados del terremoto



Wyclef Jean: Cantante Haitiano, Embajador de Buena Voluntad de las
Naciones Unidas

http://www.wyclef.com <http://www.wyclef.com/>

 

 

PARADA SESENTA Y OCHO

PARADA SESENTA Y OCHO

 

 


Entraste en la cocina,  en tus manos la botella de tequila y un bote de tranquilizantes, te giraste  hacia el dormitorio.  Sentada en la cama bebiste   la mezcla amarga del tequila   y las pastillas.  De inmediato cerraste los ojos pusiste en el equipo de música aquel disco de Jazz de Woody Allen,  entonces  comenzaste a idear la manera de hacerlo; como un  gran poema, si hubiera de morir esta noche,  como sería la vida,   te reíste un poco de  esa ocurrencia.
Después de un par de horas, el dormitorio estaba impregnado del  olor del tabaco rubio; te  levantaste de la cama pusiste la silla bajo la lámpara del techo, colocaste cuidadosamente el cinturón de tu albornoz alrededor de la lámpara, escribiste unas líneas  en la hoja de recetas, miraste al espejo,  sin verte, subiste a la silla, metiste la cabeza entre el círculo del cinturón  y tiraste de una patada la silla:
Mientras perdías la vida, tus ojos se secaban, comenzaban los mareos y el cuerpo te pesaba cada vez menos; pusiste una mano sobre tu  corazón y la otra entre los dientes...

 Mirabas una hoja seca  en el suelo. No es otoño, está seca porque hace demasiado calor para enero, y algunas plantas se secaron, soltando hojas muertas por todas partes. Caminas por una vereda, soleada, vas hacia la parada de autobús,  pisas una hoja negra y rota al sentarte en el banco de la marquesina y luego cruzas las piernas. Tienes mala memoria, olvidas las listas de las compras sobre la mesa,  y las llaves de casa,  haces  carteles con las fechas de cumpleaños, no recuerdas los números de teléfono y a veces, hasta abres una interrogación y sigues escribiendo dentro de ella sin recordar cerrarla jamás.

 

©Carmen María Camacho Adarve

 

 

 

LAS ENSEÑANZAS DEL DIOS DE LA LLUVIA

LAS ENSEÑANZAS DEL DIOS DE LA LLUVIA

       

      

 

 

Un día, hace muchos años, el elefante dijo al Dios de la Lluvia:

 

- Debe usted estar muy satisfecho, porque se las arregló para cubrir toda la tierra de verde; ¿pero qué pasaría si arranco toda la hierba, todos los árboles y los arbustos? No quedará nada verde. ¿Qué haría usted en ese caso?

 

El Dios de la Lluvia le contestó:

 

- Si dejara de enviar la lluvia, no crecerían más plantas y no tendrías nada para comer. ¿Qué sucedería entonces?

 

Pero el elefante quería desafiarlo y comenzó a arrancar todos los árboles, los arbustos y la hierba con su trompa, para destruir todo lo verde de la tierra.

 

Así pues, el Dios de la Lluvia, ofendido, hizo que cesara la lluvia y los desiertos se extendieron por todas partes.

 

El elefante se moría de sed; intentó cavar por donde pasaban los ríos, pero no pudo encontrar una gota de agua.

 

Al final alabó al Dios de la Lluvia:

 

- Señor, me he portado mal. Fui arrogante y me arrepiento. Por favor, olvídelo y deje que vuelva la lluvia.

Pero el Dios de la Lluvia continuaba en silencio.

 

Pasaban los días y cada día era más seco que el anterior.

 

El elefante envió al gallo en su lugar para que alabara al Dios de la Lluvia.

 

El gallo lo buscó por todas partes, al final lo encontró escondido en una nube. Le dijo quién era y lo alabó por la lluvia con tanta elocuencia que el Dios de la Lluvia decidió enviar un poco de lluvia.

 

La lluvia cayó tal como el Dios de la Lluvia le había prometido al gallo y se formó un pequeño charco cerca de donde vivía el elefante.

 

Ese día, el elefante fue al bosque a comer y dejó a la tortuga encargada de proteger el charco con estas palabras:

 

- Tortuga, si alguien viene aquí a beber, les dirás que éste es mi charco personal y que nadie puede beber de aquí.

 

Cuando el elefante se fue, muchos animales sedientos vinieron al charco, pero la tortuga no les dejó beber diciendo:

 

- Este Agua pertenece a su majestad el elefante; no pueden beberla.

 

Pero cuando llegó el león, no le impresionaron las palabras de la tortuga. La miró, le dijo que se fuera y bebió agua hasta calmar su sed. Se fue sin decir palabra.

 

Cuando el elefante volvió quedaba muy poca agua en el charco. La tortuga intentó defenderse:

 

- Señor, soy apenas un animalito y los otros animales no me respetan. Vino el león, y yo me aparté. ¿Qué podía hacer? Después de eso, todos los animales bebieron libremente.

 

El elefante, furioso, levantó la pata sobre la tortuga con la intención de aplastarla. Afortunadamente, la tortuga es muy fuerte y pudo arreglárselas para sobrevivir. Pero desde entonces la tortuga tiene su parte inferior plana.

 

De pronto todos los animales oyeron la voz del Dios de la Lluvia que les decía:

 

- No hagan como el elefante. No desafíen a los más fuertes, no destruyan lo que puedan necesitar en el futuro, no pidan a los débiles que defiendan su propiedad y no castiguen al criado inocente. Pero, sobre todo, no sean arrogantes y no intenten apropiarse de todo; permitan que los necesitados compartan su fortuna.

 

Origen Geográfico Kenia

Grupo étnico  Masai

 

 

FRANCOTIRADOR

FRANCOTIRADOR

 

 

Me iba hacia atrás y con las manos

buscaba algo donde sostenerme,

una muralla, una mesa, pero estaba el vacío.

Trastabillaba en medio de la conmoción.

Veía luces, un retazo de ventana

mostrándome el inicio del día.

Y pensaba: moriré al amanecer.

Porque estaba clareando en menos de un segundo pensé que la primera luz del día.

Estaba en contradicción con el fulgor metálico del arma que empuñaba.

Y hasta logré escuchar el piar de los pájaros, tal vez incluso  sus  aleteos.

Me iba hacia atrás y antes habían estallado los vidrios de una de las ventanas. Sentía un reguero de calor en la mejilla.

Me dieron en el rostro, pensé.

Y se desdibujaba en mi visión

el contorno de las cosas.

Los fragmentos de vidrios en el piso

semejaban estrellas devolviendo destellos.

La ventana rota dejando entrar el aire fresco.

La habitación, donde los muebles y las cosas configuran un ordenamiento de sombras y bultos fantasmas.

El crujido de mis pisadas retrocediendo

e intentando recuperar el aplomo y la certeza. Después, desde la calle, el sonido de las voces el ruido de los pasos y de las armas. Luego el zumbido feroz del motor y las aspas de un helicóptero estrechando el cerco sobre la casa

Y el tiempo precipitándose a  segundos,

 minutos,  débiles instantes. La lentitud de mis movimientos, el bajar y subir de mis párpados,

el desplazarse de mis manos cambiando el cargador del arma y el gesto de los dedos

alistando el seguro para dejar la primera bala en la recámara La caricia de la brisa en la cara.

miro  mis zapatos manchándose con la sangre que baja corriendo por la camisa y gotea.

 

Me iba hacia atrás, como empujado por las sombras, como empujado por las sombras,

en un irse cuyo sentido proviene no de mi conciencia no de mi conciencia.

 

Y ahora el esfuerzo, la decisión de detener el retroceso y la fatiga, sobreponiéndome al peso de la inercia que me impulsa a caer

 

Debo resistir la fuerza que me impele hacia atrás. Contrarrestar el desmayo que se posesiona de mi ser.

Debo poner toda la energía que me resta

y restaurar en esta soledad

la imagen de un hombre

que hace frente a un enemigo implacable,

bárbaro, Siento ira, temor, amor, luego pienso y existo.

Es entonces cuando se desencadena la descarga.

Primero es una andanada de plomo,

esquirlas, fragmentos de yeso, vidrios,

astillas, cascotes, seguido de un estruendo incesante.

Es una balacera persistente, regular, metódica,

que hiende el amanecer y muerde las estructuras.

Luego la intensificación lacerante

de la luminosidad. El fuego

y la humareda.

La casa arde por los cuatro costados.

Pero estoy de pie me digo. Y ya no voy hacia atrás aunque me gana un mareo que me obliga a vacilar.

Sostengo con firmeza el arma  el índice se apresta al el gatillo.

Todavía es el amanecer, más allá del incendio

y el humo.

Ahora es la luz. Fuego.

Llamas, destellos, reverberaciones.

Y se va haciendo más lenta.

Es cuando emerge la sombra contraviniendo el crepitar de las llamas y la espesura de la humareda, es cuando se recorta ante mí la silueta fantasma.

Vamos, que el tiempo se acelera. En breve habrá llegado tu hora no es sólo la luz cegadora, ni  el humo sofocante y las llamaradas. He adelantado un paso hacia la ventana y pongo el ojo en la mira.

Luego disparo en dirección al mañana.

©Carmen María Camacho Adarve

 

 

TE DESEO POR VICTOR HUGO… A TODOS MIS LECTORES

TE DESEO POR VICTOR HUGO… A TODOS MIS LECTORES

 

Te deseo primero que ames y que amando, también seas amado. Y que, de
no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes
rencores. Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin
desesperar.
Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e
inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno
en quien puedas confiar sin dudar.
Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni
muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te
cuestiones tus propias certezas. Y que entre ellos, haya por lo menos
uno que sea justo, para que no te sientas demasiado seguro.
Te deseo además que seas útil, más no insustituible. Y que en los
momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente
para mantenerte en pie.
Igualmente, te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan
poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e
irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas
de ejemplo a otros.
...Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer, y que
siendo mujer, tengas un buen hombre
Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya
maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques
al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es
necesario dejar que fluyan entre nosotros.
Te deseo de paso que seas triste. No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa
habitual es sosa y la risa constante es malsana.
Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de
todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con
injusticia y personas infelices.
Te deseo que acaricies un gato, alimentes a un pájaro y oigas a un
jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, te
sentirás bien por nada.
Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la
acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuántas vidas está
hecha un árbol.
Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico.
Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero enfrente
a ti y digas: "Esto es mío", sólo para que quede claro quién es el
dueño de quién.
Te deseo también que ninguno de tus afectos muera, pero que si muere
alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.
Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer, y que
siendo mujer, tengas un buen hombre, mañana y al día siguiente, y que
cuando estén exhaustos y sonrientes, aún sobre amor para recomenzar.
Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo más nada que desearte.

Victor Hugo



 

UNA PEQUEÑEZ POR ANTON CHEJOV

UNA PEQUEÑEZ POR ANTON CHEJOV

    

     

     Nicolás Ilich Beliayev, rico propietario de Pertersburgo, aficionado a las carreras de caballos, joven aún -treinta y dos años-, grueso, de mejillas sonrosadas, contento de sí mismo, se encaminó, ya anochecido, a casa de Olga Ivanovna Irnina, con la que vivía, o, como decía él, arrastraba una larga y tediosa novela. En efecto: las primeras páginas, llenas de vida e interés, habían sido saboreadas, hacía mucho tiempo, y las que las seguían sucedíanse sin interrupción, monótonas y grises.

     Olga Ivanovna no estaba en casa, y Beliayev pasó al salón y se tendió en el canapé.

     -¡Buenas noches, Nicolás Ilich! -le dijo una voz infantil-. Mamá vendrá en seguida. Ha ido con Sonia a casa de la modista.

     Al oír aquella voz, advirtió Beliayev que en un ángulo de la estancia estaba tendido en un sofá el hijo de su querida, Alecha, un chiquillo de ocho años, esbelto, muy elegantito con su traje de terciopelo y sus medias negras. Roca arriba, sobre un almohadón de tafetán, levantaba alternativamente las piernas, sin duda imitando al acróbata que acababa de ver en el circo. Cuando se le cansaban las piernas realizaba ejercicios análogos con los brazos. De cuando en cuando se incorporaba de un modo brusco y se ponía en cuatro patas. Todo esto lo hacía con una cara muy seria, casi dramática, jadeando, como si considerase una desgracia el que le hubiera dado Dios un cuerpo tan inquieto.

     -¡Buenas noches, amigo! -contestó Beliayev-. No te había visto. ¿Mamá está bien?

     Alecha, que ejecutaba en aquel momento un ejercicio sumamente difícil, se volvió hacia él.

     -Le diré a usted... Mamá no está bien nunca. Es mujer, y las mujeres siempre se quejan de algo...

     Beliayev, para matar el tiempo, se puso a observar la faz del niño. Hasta entonces, en todo el tiempo que llevaba en relaciones íntimas con Olga Ivanovna, casi no se había fijado en él, no dándole más importancia que a cualquier mueble insignificante.

Ahora, en las tinieblas del anochecer, la frente pálida de Alecha y sus ojos negros recordábanle a la Olga Ivanovna del principio de la novela. Y quiso mostrarle un poco de afecto al chiquillo.

     -¡Ven aquí, bicho! -le dijo- Déjame verte más de cerca.

     El chiquillo saltó del sofá y corrió al canapé.

     -Bueno -comenzó Beliayev, poniéndole una mano en el hombro.- ¿Cómo te va?

     -Le diré a usted... Antes me iba mejor.

     -¿Y eso?

     -Es muy sencillo. Antes, mi hermana y yo leíamos y tocábamos el piano, y ahora nos obligan a aprendernos de memoria poesías francesas... ¿Se ha cortado usted el pelo hace poco?

     -Sí, hace unos días.

     -¡Ya lo veo! Tiene usted la perilla más corta. ¿Me deja usted tocársela?... ¿No le hago daño?...

     -¿Por qué cuando se tira de un solo pelo duele y cuando se tira de todos a la vez casi no se siente?

     El chiquillo empezó a jugar con la cadena del reloj de su interlocutor y prosiguió:

     -Cuando yo sea colegial, mamá me comprará un reloj. Y le diré que también me compre una cadena como esta. ¡Queé dije más bonito! Como el de papá... Papá lleva en el dije un retratito de mamá... La cadena es mucho más larga que la de usted...

     -¿Y tú cómo lo sabes? ¿Ves a tu papá?

     -¿Yo?... No... Yo...

     Alecha se puso colorado y se turbó mucho, como un hombre cogido en una mentira.

     Beliayev lo miró fijamente, y le preguntó:

     -Ves a papá..., ¿verdad?

     -No, no... Yo...

     -Dímelo francamente, con la mano sobre el corazón. Se te conoce en la cara que ocultas la verdad. No seas taimado. Le ves, no lo niegues... Háblame como a un amigo.

     Alecha reflexiona un poco.

     -¿Y usted no se lo dirá a mamá?

     -¡Claro que no! No tengas cuidado.

     -¿Palabra de honor?

     -¡Palabra de honor!

     -¡Júramelo!

     -¡Dios mío, qué pesado eres! ¿Por quién me tomas?

     Alecha miró a su alrededor, abrió mucho los ojos y susurró:

     -Pero, ¡por Dios, no le diga usted nada a mamá! Ni a nadie, porque es un secreto. Si mamá se entera, yo, Sonia y Pelagueya, la criada, nos la ganaremos. Pues bien, oiga usted: yo y Sonia nos vemos con papá los martes y los viernes. Cuando Pelagueya nos lleva de paseo vamos a la confitería Aspel, donde nos espera papá en un cuartito aparte. En el cuartito que hay una mesa de mármol y encima un cenicero que representa una oca.

     -¿Y qué hacéis allí?

     -Nada. Primero nos saludamos, luego nos sentamos todos a la mesa y papá nos convida a café y a pasteles. A Sonia le gustan los pastelillos de carne, pero yo dos detesto. Prefiero los de col y los de huevo. Como comemos mucho, cuando volvemos a casa no tenemos gana. Sin embargo, cenamos, para que mamá no sospeche, nada.

     -¿De qué habláis con papá?

     -De todo. Nos acaricia, nos besa, nos cuenta cuentos. ¿Sabe usted? Y dice que cuando seamos mayores nos llevará a vivir con él. Sonia no quiere; pero yo sí. Claro que me aburriré sin mamá; pero podré escribirle cartas. Y hasta podré venir a verla los días de fiesta, ¿verdad? Papá me ha prometido comprarme un caballo. ¡Es más bueno! No comprendo cómo mamá no le dice que se venga a casa y no quiere ni que le veamos. Siempre nos pregunta cómo está y qué hace. Cuando estuvo enferma y se lo dijimos, se cogió la cabeza con las dos manos..., así..., y empezó a ir y venir por la habitación como un loco... Siempre nos aconseja que obedezcamos y respetemos a mamá... Diga usted: ¿es verdad que somos desgraciados?

     -¿Por qué?

     -No sé; papá lo dice: «Sois unos desgraciadas -nos dice-, y mamá, la pobre, también, y yo; todos nosotros.» Y nos suplica que recemos para que Dios nos ampare.

     Alecha calló y se quedó meditabundo. Reinó un corto silencio.

     -¿Conque sí? -dijo, al cabo, Beliayev-. ¿Conque celebráis mítines en las confiterías? ¡Tiene gracia! ¿Y mamá no sabe nada?

     -¿Cómo lo va a saber? Pelagueya no dirá nada... ¡Ayer nos dio papá unas peras!... Estaban dulces como la miel. Yo me comí dos...

     -Y dime... ¿Papá no habla de mí?

     -¿De usted? Le aseguro...

     El chiquillo miró fijamente a Beliayev, y concluyó:

     -Le aseguro que no habla nada de particular.

     -Pero, ¿por qué no me lo cuentas?

     -¿No se ofenderá usted?

     -¡No, tonto! ¿Habla mal?

     -No; pero... está enfadado con usted. Dice que mamá es desgraciada por culpa de usted; que usted ha sido su perdición. ¡Qué cosas tiene papá! Yo le aseguro que usted es bueno y muy amable con mamá; pero no me cree, y, al oírme, balancea la cabeza.

     -¿Conque afirma que yo he sido la perdición...?

     -Sí. ¡Pero no se enfade usted, Nicolás Ilich!

     Beliayev se levantó y empezó a pasearse por el salón.

     -¡Es absurdo y ridículo! -balbuceaba, encogiéndose de hombros y con una sonrisa amarga-. Él es el principal culpable y afirma que yo he sido la perdición de Olga. ¡Es irritante!

     Y, dirigiéndose al chiquillo, volvió a preguntar:

     -¿Conque te ha dicho que yo he sido la perdición de tu madre?

     -Sí; pero... usted me ha prometido no enfadarse.

     -¡Déjame en paz!... ¡Vaya una situación lucida!

     Se oyó la campanilla. El chiquillo corrió a la puerta. Momentos después entró en el salón con su madre y su hermanita.

     Beliayev saludó con la cabeza y siguió paseándose.

     -¡Claro! -murmuraba- ¡El culpable soy yo! ¡Él es el marido y le asisten todos los derechos!

     -¿Qué hablas? -preguntó Olga Ivanovna.

     -¿No sabes lo que predica tu marido a tus hijos? Según él, soy un infame, un criminal; he sido la perdición tuya y de los niños. ¡Todos sois unos desgraciados y el único feliz soy yo! ¡Ah, qué feliz soy!

     -No te entiendo, Nicolás. ¿Qué sucede?

     -Pregúntale a este caballerito -dijo Beliayev, señalando a Alecha.

     El chiquillo se puso colorado como un tomate; luego palideció. Se pintó en su faz un gran espanto.

     -¡Nicolás Ilich!-balbuceó-, le suplico...

     Olga Ivanovna miraba alternativamente, con ojos de asombro, a su hijo y a Beliayev.

     -¡Pregúntale!-prosiguió este- La imbécil de Pelagueya lleva a tus hijas a las confiterías, donde les arregla entrevistas con su padre. ¡Pero eso es lo de menos! Lo gracioso es que su padre, según les dice él, es un mártir y yo soy un canalla, un criminal, que ha deshecho vuestra felicidad...

     -¡Nicolás Ilich! -gimió Alecha-, usted me había dado su palabra de honor...

     -¡Déjame en paz! ¡Se trata de cosas más importantes que todas las palabras de honor! ¡Me indignan, me sacan de quicio tanta doblez, tanta mentira!

     -Pero dime -preguntó Olga, con las lágrimas en los ojos, dirigiéndose a su hijo-: ¿te vas con papá? No comprendo...

     Alecha parecía no haber oído la pregunta, y miraba con horror a Beliayev.

     -¡No es posible! -exclama su madre-. Voy a preguntarle a Pelagueya.

     Y salió.

     -¡Usted me había dado su palabra de honor...! -dijo el chiquillo, todo trémulo, clavando en Beliayev los ojos, llenos de horror y de reproches.

     Pero Beliayev no le hizo caso y siguió paseándose por el salón, excitadísimo, sin mas preocupación que la de su amor propio herido.

     Alecha se llevó a su hermana a un rincón y le contó, con voz que hacía temblar la cólera, cómo le habían engañado. Lloraba a lágrima viva y fuertes estremecimientos sacudían todo su cuerpo. Era la primera vez, en su vida, que chocaba con la mentira de un modo tan brutal.

ANTON CHEJOV

 

 

EL MUNDO EN TUS MANOS

EL MUNDO EN TUS MANOS

 

                          

 

 

 Yo me escondía entre las etiquetas y las cajas de mi padre.

-He visto a mi madre, nunca me hablaste de ella

 

- ¿A dónde la has visto? hace años que murió hace años que se fue  ¿A dónde la has visto?  ¿En esta cinta negra?  ¿En esta otra? ¿Dónde? son todas iguales ¿Por qué no tienen etiquetas? dime por que ¿no ves que es el caos? Ayúdame a clasificar

 

- Bajé a la tienda y no tenían etiquetas

- ¿Qué dices? ahora por un puto tendero, ¡no hay etiquetas! No, no, no, es el caos es mi muerte, hasta la muerte tiene una etiqueta. Ahora la mía no la tendrá.

 

  A  mi padre, si  le falta una etiqueta en lo que el llamaba la cuadricula del mundo era el caos.

-Todo tiene que tener una etiqueta ¿no lo comprendes?,  Si no es el caos: los libros, las postales, las fotografías, los recuerdos, todas las cosas tienen que ser etiquetadas. Si quieres encontrar la felicidad ayúdame.

 

- Mírame, mírame, todavía estoy aquí, mira como me muevo, soy tu creación, soy tu mejor personaje. Yo vivo en Hamburgo, en África, en América, en un país que nos invita a deambular, poniendo etiquetas… no, no, es un país, es un cementerio, un museo, una maquina. Hay un minuto para salvar la vida, ¿de donde eres? ¿A dónde vas? si no tienes ese minuto. Solo te queda matar al represor

 

-¿Qué tapas?

 

–Tengo miedo –dije-

 

 -Hay que saber  defenderse no entregarse nunca. Ayúdame a clasificar. ¿Tú crees que se puede negar lo evidente? ¿Tú crees en el destino? No podemos perder el tiempo la cuadricula del mundo no se puede quedar atrás.

 

 -Estaba sentado en la mesa de la cocina, tenia nueve años, estaba leyendo una carta, yo no entendía nada.

 

- Estás muerta –dijiste- ¿Por qué partiste el universo en dos?

 

-¿Le contaste que  enviaba postales?

 

- No le dije nada era demasiado pequeño.

 

- ¿Le vas a decir la verdad? ¿Les vas a decir la verdad? soy tu mejor personaje

 

- Si nos entregamos a no pensar se nos acumula el trabajo de años hay que aprender a contarlo todo. El mundo es una construcción maravillosa, pero el mundo tiene una fisura. Un roto. Tan solo una palabra puede cambiar el rumbo, hay que etiquetar todo, la velocidad  es el enemigo. La piedra le pregunta al charco y el charco le contesta. Necesitamos saber que piedra era la nuestra. Debemos saber que piedra era la nuestra. El mundo se viene desdibujando de tanto mirar. Algo entró a nuestra historia. Es la soledad de la ignorancia lo que nos esta matando de hambre. Alguna vez fue maravillosa pero alcanzó nuestra vida, nuestra ciudad, y entró en la casa con una fuerza indestructible. Pasan al lado tuyo y no te ven y no les importa, yo hice señales y no me vieron ¿oyes el ruido que hay? Estamos muertos. Acaso tú crees que todo esto es por casualidad.

 

 -Sabes mi madre  tenía muñecas

 

- ¿Cómo muñecas?

 

- títeres, marionetas, es como si la viese con hilos en las manos

 

 -Hay que ir a buscarla. Si mantenemos las cosas si las conservamos…

 

-¡No quiero nada de lo que tengo! no estoy loca no estoy muerta

- No soy traidor. Esto era necesario. Matarla era necesario Los muertos son gente difícil. Si estás solo. Yo estoy clasificando yo quise ser tu padre, triunfar llevar a cabo el proyecto. Retener a toda costa a tu madre. La amé.

 

 -Algunas cosas lograste y otras salieron mal. Pero no se puede vivir sin amar

 

 -¿Cuantos años tienes?

 

-veinticinco-

 

-Sabes las veces que imagine tenerte sentado en mis rodillas y decirte hijo mío todo esto una vez va a ser tuyo. El mundo en tus manos, estamos lejos de casa te ofrecen el mundo. Hay madres que atan con hilos fuertes, están las que enseñan a atar, y están las que te desatan ¿Cuál crees que fue la tuya? nunca te vas del todo. ¿Tú crees en lo evidente? ¿Tú crees en el destino? no podemos perder el tiempo la cuadricula del mundo no se puede quedar atrás. Acaso tú crees que todo esto es por casualidad. Este era un cuento de pescadores que se perdían en un naufragio. 

 

©Carmen María Camacho Adarve

 

 

CANCIÓN DE NAVIDAD POR CHARLES DICKENS

CANCIÓN DE NAVIDAD POR  CHARLES DICKENS



Para empezar, Marley estaba muerto. No había ninguna duda sobre ello. El
certificado de su entierro fue firmado por el clérigo, por el escribano, por el
empresario de pompas fúnebres y por el que preside el duelo. Scrooge lo firmó
también, y cualquier cosa que en la bolsa tuviese su nombre debajo, era buena.
Marley había muerto. Esto debe quedar claro, porque de lo contrario no puede
resultar nada extraordinario de la historia que voy a contar.
Scrooge nunca borró el nombre del viejo Marley. La firma era conocida como
"Scrooge y Marley", unas veces le llamaban Scrooge y otras Marley, pero él
contestaba a ambos nombres. Le daba igual.
Era tacaño el viejo Scrooge, duro y cortante como un pedernal; gruñón, reservado
y solitario como una ostra. El frío que llevaba dentro helaba sus viejas
facciones, mordía su nariz afilada, arrugaba sus mejillas, endurecía su forma de
andar, enrojecía sus ojos, ponía azules sus labios delgados y salía al exterior
en su voz ronca.
Una vez, el mejor día del año, es decir la víspera de Navidad, el viejo Scrooge
estaba sentado, muy atareado en su despacho. El tiempo era crudo, frío y nevaba.
Los relojes acababan de dar las tres, pero ya había oscurecido. La puerta del
despacho de Scrooge estaba abierta para poder echar el ojo a su escribiente, que
copiaba cartas más allá. Scrooge tenía un fuego raquítico, pero el del
escribiente era un solo carbón.
¡Felices Navidades, tío! ¡Dios te guarde! -gritó una voz animada.
Era el sobrino de Scrooge.
- ¡Bah! -dijo Scrooge-. ¡Paparruchas!
El sobrino estaba resplandeciente, la cara rubicunda y hermosa.
-¿
La Navidad una paparrucha, tío? No quieres decir eso, ¿verdad?
- ¡Sí! -dijo Scrooge- ¡Felices Navidades! ¿Qué razones tienes tú para ser feliz?
Eres tremendamente pobre.
-Entonces -replicó el sobrino-, ¿qué derecho tienes tú de estar triste? Eres
tremendamente rico.
Al no tener respuesta apropiada, Scrooge dijo de nuevo:
- ¡Bah! ¡Paparruchas!
-No seas arisco, tío -dijo el sobrino.
-¿Qué otra cosa puedo ser cuando vivo en semejante mundo de idiotas? -contestó-.
¡Fuera con las felices Navidades! ¿Qué es para ti el tiempo de Navidad sino el
de pagar facturas sin tener el dinero, de encontrarse un año más viejo y ni una
sola hora más rico? Si pudiera hacer mi voluntad -continuó indignado- habría de
cocer en su propia salsa a todos los necios que van por ahí con el "Felices
Navidades". ¡Vaya que sí!
- ¡Tío! -suplicó el sobrino.
- ¡Sobrino! ¡Festeja las Navidades a tu modo y déjame a mí el mío! ¡Mucho bien
pueden hacerte y mucho te han hecho! -dijo con ironía.
-Considero a las Navidades una buena época -contestó el sobrino-, amable, llena
de perdón y caridad; el único momento, que yo sepa, en que los hombres parecen
abrir de par en par sus corazones cerrados. Y por eso, tío, aunque las Navidades
nunca me han metido ni una raspadura de oro en el bolsillo, creo que me han
hecho bien y que me lo harán en el futuro, así que digo: ¡Que Dios las bendiga!
El escribiente aplaudió sin querer.
-Si le vuelvo a escuchar -dijo Scrooge-, celebrará las Navidades perdiendo su
empleo.
No te enfades tío. Vamos, ven a comer con nosotros mañana. Scrooge dijo que
prefería verlo en el infierno.
-Pero, ¿por qué?
-¿Por qué te casaste?
- ¡Porque estaba enamorado!
- ¡Porque estabas enamorado! -gruñó Scrooge, como si eso fuese la única cosa en
el mundo más ridícula que unas felices Navidades-. "Buenas tardes".
-Nunca fuiste a visitarme antes de que me casara. ¿Por qué ahora lo das como
razón para no venir?
_" Buenas tardes".
-Siento, de corazón, verte tan obstinado, pero en homenaje a
la Navidad
conservaré mi espíritu navideño, así que: ¡Felices Navidades!
-"Buenas tardes".
El sobrino dejó el despacho sin una palabra de enfado. Felicitó al dependiente y
salió, dejando entrar a dos caballeros que llevaban libros y papeles.
-¿Tengo el placer de dirigirme al señor Scrooge o al señor Marley?
-El señor Marley lleva siete años de muerto -replicó Scrooge.
-No dudamos que su generosidad estará representada por el socio superviviente.
Al oír la palabra "generosidad’ Scrooge frunció el ceño.
-En esta época de fiestas, señor Scrooge, es de desear que hagamos alguna
provisión para los pobres y desvalidos. Muchos niños carecen de lo elemental.
-¿No hay cárceles? -preguntó Scrooge-. ¿Funcionan los asilos?
-Sí, todavía. Me gustaría poder decir que no.
- ¡Vaya! Me satisface escuchar esto.
-Nos estamos esforzando en recabar fondos para los pobres y elegimos esta época
porque es cuando se siente más la necesidad.
¿Por qué cantidad quiere que lo anote?
-Por nada.
-¿Desea ser anónimo?
-Deseo que me dejen solo -dijo Scrooge-. Yo no me divierto en
la Navidad y no
puedo permitirme el lujo de que lo haga la gente ociosa. Contribuyo a sufragar
los establecimientos mencionados. Cuestan bastante, y los que se encuentran en
mala situación allí deben de ir.
-Muchos no pueden y otros preferirían morir antes.
-Si prefieren morir, es mejor que lo hagan y así aliviarán el exceso de
población. ¡Buenas tardes, caballeros! Viendo que era inútil persistir, los
caballeros se retiraron.
Por fin llegó la hora de cerrar el despacho. Scrooge se marchó y tomó su
melancólica cena de costumbre y después de haber pasado agradablemente la velada
con su libro de balances, se fue a dormir. Vivía en unas habitaciones que en
otros tiempos pertenecieron a su difunto socio. Era un conjunto tenebroso y de
aspecto amenazador, al fondo de un edificio de oficinas.
Scrooge tenía tanta fantasía como cualquier otra persona del barrio comercial de
Londres, y hay que tener presente que no había concedido a Marley otro
pensamiento desde que lo mencionó por la tarde. Así quisiera que alguien me
explicase cómo Scrooge, que ya tenía la llave en la cerradura, sin que nada
hubiese cambiado, contempló la cara de Marley en lugar del aldabón. Su cara, ni
furiosa ni enfadada, sólo miraba a Scrooge como Marley solía hacerlo, con una
expresión de horror que parecía existir a pesar de la cara y más allá de su
voluntad.
Cuando Scrooge volvió a mirar fijamente sólo se encontró con el aldabón.
Sería mentir decir que no se sorprendió o que su sangre no experimentó una
terrible sensación, olvidada desde la infancia. Sin embargo abrió y entró.
Encendió una vela y miró con cautela. Pero en el interior de la puerta no había
nada.
- ¡Bah! ¡Bah! -dijo y cerró la puerta de un golpe.
Sala de estar, dormitorio, cuarto de trastos, todo estaba como tenía que estar.
Nadie debajo de la cama, nadie debajo del sofá. Satisfecho por completo, se
sentó a fin de tomar una sopa de avena.
Después, dio varias vueltas por la habitación y se volvió a sentar. Al reclinar
la cabeza hacia atrás, su mirada descansó por casualidad en una campana que no
se usaba, y fue entonces cuando, con terror extraño e inexplicable, contempló
cómo la campana empezaba a oscilar.
No duró más de medio minuto, pero pareció una hora. Siguió un ruido metálico en
las profundidades, como si alguien arrastrase una cadena. El ruido fue subiendo
las escaleras yendo directamente hacia la puerta.
- ¡Paparruchas! -dijo Scrooge-. No creo en nada de esto.
Pero cambió de color cuando el ruido atravesó la puerta y se introdujo en la
habitación.
Era Marley. En la cintura llevaba una cadena que se enroscaba como un rabo.
Scrooge observó detenidamente que estaba hecha de libros de caja, llaves,
candados, escrituras y pesadas bolsas. El cuerpo era transparente y aunque
Scrooge examinaba al fantasma de pié ante él, continuaba incrédulo y luchaba
contra sus sentidos.
-¿Qué pasa? ¿Qué quieres de mí? -preguntó Scrooge, cáustico y frío.
-Mucho.
Era la voz de Marley realmente.
-¿Quién eres?
-En vida fui tu socio Jacobo Marley.
-¿Puedes, puedes sentarte? -preguntó Scrooge con aire dudoso.
El espectro se sentó al otro lado de la chimenea.
-No crees en mí -observó el espectro.
-No -contestó Scrooge.
-¿Por qué dudas de tus sentidos?
-Porque cualquier cosa pequeña los afecta. Un ligero desarreglo del estómago los
engaña. Puede que seas un trozo de carne sin digerir o un poco de mostaza.
Scrooge trataba de ser agudo, como medio de distraer su propia atención y
dominar así su terror, porque la voz del espectro le llegaba hasta la médula.
¡Paparruchas! ¡Te digo que son paparruchas!
Al oír esto, el espectro lanzó un grito horrible y agitó la cadena con un ruido
tan siniestro y aterrador que Scrooge se desplomó de rodillas y juntó las manos
ante el rostro.
¡Piedad! -dijo-. Terrible aparición, ¿ por qué me atormentas?
-Hombre de mente terrena, ¿crees en mí, sí o no?
-Sí, tengo que hacerlo. Pero ¿por qué los espíritus vienen a mí?
Es preciso que el espíritu que existe dentro de cada uno, ande entre los demás
hombres. Si no lo hizo en vida, se le condena a que lo haga después de la
muerte. Se le sentencia ¡ay de mí! a que contemple lo que ya no puede compartir
y que sin embargo, pudo tener cuando estaba vivo, y haberlo transformado en
felicidad.
-Estás encadenado. Dime por qué -dijo Scrooge temblando. -Llevo la cadena que
fui forjando a lo largo de mi vida. ¿Te gustaría saber el peso y longitud de la
que tú mismo llevas? Hace siete vísperas de Navidad era tan pesada y larga como
ésta. Y desde entonces has continuado trabajando en ella. Es muy pesada.
¡Jacobo! -imploró Scrooge-. Dime algo más, algo que me sirva de consuelo.
-No tengo ningún consuelo que darte. Ni puedo descansar, ni quedarme y ante mí
yacen muchas y muy fatigosas jornadas.
-Debes haber viajado muy despacio -dijo Scrooge con aire comercial.
- ¡Despacio! -replicó el espectro-. Todo ese tiempo sin descanso, sin paz, con
el remordimiento torturándome.
- ¡Habrás recorrido mucho en siete años!
Al oír esto el espectro lanzó otro gemido.
-¡Oh cautivo, atado y doblemente encadenado! ¡Ignorar que cualquier espíritu
cristiano que trabaja con buena voluntad en su pequeño círculo, sea cual fuere,
encontrará su vida mortal demasiado corta para todo el bien que se puede
desarrollar! ¡ignorar que no hay lamentación que pueda enmendar las
oportunidades desperdiciadas de la vida! ¡Sin embargo, así era yo! ¡Oh, así era
yo!
-Pero si siempre fuiste un buen hombre de negocios, Jacobo.
- ¡Negocios! -exclamó el espectro-. La humanidad debía haber sido mi negocio, el
bien común, la caridad, la misericordia, la tolerancia.
Levantó las cadenas y las volvió a arrojar al suelo.
-En esta época del año es cuando más sufro. Escúchame -continuó el espectro-, mi
tiempo, se acaba. Esta noche he venido para avisarte que tienes una oportunidad
y una esperanza de escapar a mi destino.
-Siempre fuiste un buen amigo, ¡gracias!
-Te van a visitar tres espíritus.
La mandíbula de Scrooge cayó.
-¿Es la oportunidad y esperanza que acabas de mencionar, Jacobo?
-Sí. No puedes esperar evitar el sendero que yo recorro si no te visitan. Mañana
cuando el reloj dé la una, vendrá el primero.
Tras haber hablado así, la aparición se fue separando de espaldas y salió
flotando.
Scrooge cerró la ventana y examinó la puerta por la que había entrado el
espectro. Intentó decir: "Paparruchas", pero se detuvo a la primera sílaba y
estando necesitado de reposo, se fue derecho a la cama sin desnudarse, y se
quedó dormido.
¡Las doce! Scrooge se había acostado a las dos ya pasadas. Aquel reloj estaba
mal.
- ¡Cómo! ¿Será posible que haya dormido un día entero y parte de la noche?
Scrooge pensó y pensó una y otra vez, y no sacaba nada en claro. Cuanto más
pensaba, más perplejo se sentía, y cuanto más procuraba no pensar, más pensaba.
El espectro de Marley le perturbaba profundamente.
¡Ding, dong!
- ¡La hora, y no pasa nada! -exclamó Scrooge triunfalmente.
Había hablado antes de que sonase la campana de las horas. En aquel mismo
instante una luz fulguró en la habitación y las cortinas de su cama se
separaron. Scrooge pegó un salto y se encontró cara a cara con el visitante
sobrenatural. Era una figura extraña, como si fuera un niño; y, sin embargo, con
más apariencia de viejo que de niño.
-¿Sois el espíritu cuya llegada me predijeron? -preguntó Scrooge.
-Sí.
La voz era suave y amable.
-¿Quién sois y qué sois?
-Soy el espíritu de las Navidades pasadas. Las Navidades que tú pasaste.
Scrooge se atrevió a preguntarle la causa de su visita.
Tu bien -dijo el espectro, -Levántate y ven conmigo. Inútil habría sido la
súplica de Scrooge subrayando que ni el tiempo ni la hora eran los más
apropiados para semejantes propósitos. Se levantó; pero al ver que el espíritu
se dirigía hacia la ventana, lo retuvo suplicante.
-Soy mortal y puedo caer.
-Sólo un toque de mi mano aquí -dijo el espíritu colocándola sobre el corazón de
Scrooge- y no caerás.
Según pronunciaba estas palabras, pasaron a través de la pared y se encontraron
a campo abierto. Se había desvanecido la ciudad. Era un día de invierno, claro y
frío, y el suelo estaba cubierto de nieve.
-¡Dios mío! -exclamó Scrooge mirando a su alrededor-. Aquí me crié.
Percibía, flotando en el aire, miles de olores, cada uno ligado a un millar de
recuerdos, esperanzas, alegrías y preocupaciones, largo tiempo olvidadas.
-Te tiemblan los labios -dijo el espectro, ¿Y qué es eso que hay en tus
mejillas? -Scrooge musitó con voz trémula que era un grano.
Fueron por la carretera. Algunos caballitos iban trotando hacia ellos, los
jinetes eran muchachos que llamaban a otros montados en calesas y carretas.
Todos iban muy contentos y se deseaban felices Navidades.
-No son sino sombras de lo que ha sido -dijo el espectro-. No se dan cuenta de
nosotros. Pero en la escuela queda todavía un niño solitario.
Scrooge dijo que ya lo sabía. Y suspiró.
En un pupitre de pino, un muchacho solitario leía junto a un débil fuego.
Scrooge lloró al verse a sí mismo, pobre y olvidado, como había sido. Y con
suavizadora evocación dio rienda suelta a sus lágrimas.
De repente un hombre de vestidos extraños, maravillosamente real apareció fuera
de la ventana.
- ¡Vaya! ¡Es Alí-Babá! -exclamó Scrooge extasiado-. Sí, sí, lo sé, unas
Navidades, cuando aquel niño solitario quedó aquí, vino por primera vez. ¡Y
Robinson Crusoe! ¡Y Viernes! ¿No lo veis?
Habría sido en verdad una sorpresa para sus relaciones comerciales de la ciudad
el oír a Scrooge vaciando toda la actividad de su naturaleza en semejantes
asuntos, con la voz más extraordinaria del mundo, medio llorando y medio riendo,
con aquella cara excitada.
Después, con una transición rápida, extraña por completo a su carácter habitual,
dijo con lástima por su yo anterior: ¡Pobre muchacho! Y volvió a llorar.
-Quisiera.. . -musitó, metiendo la mano en el bolsillo -pero ya es demasiado
tarde.
-¿Qué pasa? -preguntó el espectro.
-Nada -dijo Scrooge-. Nada. Un muchacho cantaba anoche un villancico ante mi
puerta. Me gustaría haberle dado algo. Eso es todo.
El espectro sonrió pensativo y anunció:
- ¡Veamos otras Navidades!
Ante estas palabras, se hizo mayor el antiguo yo de Scrooge y la habitación
pareció más oscura y más sucia.
El muchacho ya no leía, paseaba con desesperación de arriba a abajo. Scrooge,
moviendo con pena la cabeza, miró ansiosamente hacia la puerta. Esta se abrió y
una niña, mucho más joven que el muchacho, se lanzó hacia adentro, le rodeó el
cuello con sus brazos y empezó a besarle al tiempo que le llamaba:
- ¡Querido hermano! ¡He venido para llevarte a casa -decía la niña-. ¡A llevarte
a casa! ¡Para siempre! Y nunca volverás aquí, pero primero vamos a estar juntos
todas las Navidades y lo pasaremos estupendamente.
-Eres toda una mujer, pequeña Fan -contestó el muchacho.
Siempre había sido una criatura delicada a quien podría haber marchitado un
soplo -dijo el espectro-. Pero ¡qué gran corazón!
- ¡Sí! -exclamó Scrooge, Tenéis razón. ¡No permita Dios que lo contradiga!
-Murió siendo una mujer -siguió el espectro-, y creo que tuvo hijos.
-Uno -replicó Scrooge.
-Es verdad. Tu sobrino.
Scrooge se sintió a disgusto y confesó gravemente: "Sí".
No hacía más de un momento que habían dejado la escuela, pero ya estaban en las
bulliciosas callejuelas de la ciudad. Por los adornos de las tiendas se veía
claramente que estaban en Navidad.
El espectro se detuvo frente a la puerta de cierto almacén y preguntó a Scrooge
si lo conocía.
-¡Conocerlo! ¡aquí estuve de aprendiz!
Entraron. A la vista de un caballero anciano, Scrooge exclamó excitado:
- ¡Vaya! ¡El viejo Fezziwig! ¡Bendita sea su alma!
El anciano dejó la pluma y miró al reloj que apuntaba las siete. Se frotó las
manos, se rió todo él y gritó con voz animosa:
- ¡Eh, vosotros! ¡Ebenezer, Dick!
El antiguo yo de Scrooge, ahora ya un muchacho joven, llegó rápidamente seguido
por su compañero.
- ¡Eh, muchachos -dijo Fezziwig-, hoy no se trabaja más! ¡Vísperas de Navidad,
Dick! ¡Navidades, Ebenezer! ¡Vamos a cerrar el almacén!
No se podía creer cómo se dedicaron a ello aquellos muchachos.
¡Ea! -gritó el viejo-. Despejad, muchachos. Vamos a hacer sitio de sobra.
Con el viejo Fezziwig mirando, se hizo en un minuto, y el taller quedó
confortable, seco y brillante como uno desearía ver una sala de baile en una
noche de invierno.
Entró un violinista, entró la señora Fezziwig. Entraron las tres señoritas
Fezziwig, sus seis jóvenes seguidores y todos los chicos y chicas empleados en
el almacén. No hubo quien no saliera a bailar.
Bailes, prendas, más bailes, pastel, ponche, carne asada, carne cocida,
pasteles, mucha cerveza.
Cuando el reloj dio las once, terminó este baile familiar. El señor y la señora
Fezziwig fueron dando la mano a cada uno de los que se marchaban, deseándoles
felices Navidades. Cuando no quedó nadie hicieron lo mismo con los dos
aprendices y los muchachos fueron a sus camas dispuestas bajo el mostrador de la
parte de atrás de la tienda.
Durante todo este tiempo Scrooge se había comportado como un hombre fuera de sí.
-Poca cosa -dijo el espectro- para llenar de gratitud a esos tontos.
-Poca -dijo Scrooge.
Entonces el espíritu le hizo señas para que escuchase a los dos aprendices que
abrían sus corazones en alabanzas a Fezziwig, y luego dijo:
- ¡Vaya! No ha gastado más que unas pocas libras de su dinero mortal, tres o
cuatro quizás, ¿es tanto para esas alabanzas?
-No es eso -dijo Scrooge, hablando inconscientemente como su yo antiguo-. No es
eso, espíritu. El tiene el poder de hacernos felices o desgraciados, de
convertir nuestro trabajo en algo ligero o en una carga, en un placer o en una
fatiga. La felicidad que proporciona es tan grande como si costase una fortuna.
Scrooge se detuvo al sentir la mirada del espíritu.
-¿Qué pasa? -preguntó el fantasma.
-Nada de particular. Me gustaría poder decir una palabra o dos a mí escribiente,
eso es todo.
-Se va terminando mi tiempo -observó el espíritu, ¡Vamos, aprisa!
Ahora Scrooge se vio a sí mismo como un hombre en la flor de la vida. Su cara no
tenía líneas ásperas y rígidas de años después, pero ya mostraba signos de
preocupación y avaricia.
No se encontraba solo, sino sentado al lado de una bella joven en cuyos ojos
relucían unas lágrimas.
-Te importo poco -decía ella suavemente-, muy poco. Me ha desplazado otro ídolo.
Y no tengo de qué quejarme si en el futuro te anima y ayuda como yo habría
procurado hacer.
-¿Qué ídolo te ha desplazado?
-Uno de oro. He visto caer una a una tus más nobles aspiraciones, hasta que la
pasión principal, la ganancia, te ha absorbido por completo. ¿No es así?
¿Y qué? Hacia ti no he cambiado. ¿He cambiado?
-Tus propios sentimientos te dicen que no eres el mismo. Lo que prometía ser
felicidad cuando éramos uno de corazón, ahora, que somos dos, está cargado de
miseria. No quiero decir cuánto y con qué ansiedad he pensado esto. Es bastante
con afirmar que he pensado en todo ello y que puedo darte la libertad.
-¿Alguna vez la he buscado?
-Con palabras, no; nunca, sino con una naturaleza cambiada, con un espíritu
alterado, con otra forma de vida, con otra esperanza como objetivo. Si esto no
hubiese ocurrido entre nosotros dime: ¿me buscarías y tratarías de convencerme
ahora? ¡Ah, no!
El pareció ceder, pero dijo luchando consigo mismo:
-No lo creas.
-Si pudiera me gustaría pensar de otro modo. Dios lo sabe. El recuerdo de lo que
ha pasado me hace casi esperar que te duela: Pero al cabo de muy poco tiempo te
olvidarás de mí con alegría, como de un sueño improductivo del cual por fortuna
despertaste.
Ella lo abandonó y el espectro y Scrooge se marcharon.
-¡Espíritu! ¡No me muestres más cosas! ¡Llévame a casa! ¿Por qué disfrutas
torturándome?
-Sólo una sombra más -dijo el espíritu.
Estaban ahora en otra escena y en otro lugar. Cerca de la chimenea estaba una
señora parecida a la de la visión anterior, sentada frente a su hija. En la
habitación había un ruido tumultuoso debido a los niños, que eran más de los que
Scrooge con su mente agitada podía contar. Entonces tocaron a la puerta y se
armó gran alboroto. Los niños llegaron a tiempo de felicitar al padre que
entraba cargado de regalos y juguetes de Navidad.
El dueño de la casa se sentó junto a su esposa.
-¡Sabe! -dijo el marido-. Esta tarde he visto a un viejo amigo tuyo.
-¿A quién?
-Adivínalo.
-¿Cómo puedo saberlo? Ah, ya sé -añadió riendo-. El señor Scrooge.
-Sí. Era el señor Scrooge. Pasé junto a la ventana de su oficina y le vi. Creo
que su socio está a punto de morir, y allí estaba él, solo. Me parece que solo
en el mundo.
- ¡Espíritu! -dijo Scrooge con voz quebrada-. Llévame de este lugar.
-Te dije que eran sombras de lo que ha pasado. No me censures por ello.
-¡Llévame de aquí! ¡No puedo soportarlo!
Scrooge luchó con el espíritu, que desapareció. Apenas tuvo tiempo de irse
tambaleando a la cama, cuando cayó en un profundo sueño.
Despertó a causa de un ronquido descomunal. Sintió que volvía a tener conciencia
de sí con el tiempo justo para un propósito determinado: celebrar una entrevista
con el segundo mensajero.
El reloj dio la una y Scrooge vio una luz. Aquello era más alarmante que una
docena de fantasmas. Empezó a pensar que el origen y secreto de aquella luz
fantasmal tenía que estar en la habitación vecina, de donde parecía brotar.
En el instante en que su mano se posó en la cerradura, una voz extraña le llamó
por su nombre y le ordenó que entrara. Obedeció.
La habitación había experimentado una transformación sorprendente. Las paredes y
el techo estaban tan llenos de verde que parecía por completo un bosque. Un
fuego subía por la chimenea como nunca aquella sombría piedra había conocido ni
en la época de Scrooge, ni de Marley. Amontonados sobre el suelo hasta formar
una especie de trono había aves de caza y de corral, pasteles y frutas. En
cómoda posición sobre este diván, se sentaba un jovial gigante que daba gloria
verlo.
-¡Entra! -exclamó el espectro-. ¡Entra a conocerme mejor, hombre!
Entró tímidamente y se colocó frente al espíritu. Ya no era el inflexible
Scrooge de otros tiempos y, aunque los ojos del espíritu eran claros y amables,
no le gustaba encontrarlos.
-Soy el espíritu de las Navidades presentes. ¡Mírame!
Scrooge lo hizo con la máxima reverencia.
-Nunca has visto nada como yo -exclamó el espíritu.
-No, nunca -contestó Scrooge-. Espíritu, conducidme donde queráis. Anoche salí a
la fuerza y aprendí una lección que ahora está dando el fruto.
-Toca mi vestidura.
Hizo lo que se le ordenaba y se agarró con fuerza. Todo se desvaneció al
instante y se encontraron en las calles de la ciudad, la mañana de Navidad.
La gente que quitaba la nieve de los tejados estaba jovial y feliz. Las tiendas
de aves se encontraban a medio abrir y las fruterías radiantes.
Las tiendas de ultramarinos, ¡oh, las tiendas de ultramarinos! casi cerradas,
pero ¡qué visiones se contemplaban a través de sus rendijas!
Quizás fue por el gusto que el buen espíritu tenía en desplegar su poder, o por
su propia naturaleza, o su simpatía hacia los hombres, lo que lo condujo
directamente a la casa del escribiente de Scrooge.
-¿Qué estará haciendo vuestro precioso padre? -preguntó la señora Cratchit-. ¿Y
vuestro hermano Tim? Las Navidades pasadas, Marta ya había llegado a casa a esta
hora.
- ¡ Aquí está Marta, madre!
- ¡Vaya! ¡Bendita seas, querida! ¡Qué tarde llegas!
-¡Ahí viene padre! -gritaron los pequeños-. ¡Escóndete Marta!
Entró el pequeño Bob, el padre, con Tiny Tim en los hombros. ¡ Pobre -Tiny Tim!
Llevaba una muleta pequeña y una armadura de Hierro sostenía sus piernas.
¡Vaya! ¿Dónde está nuestra Marta? -exclamó Bob Cratchit mirando por la
habitación.
-No viene -respondió la señora.
-¿No viene? -replicó Bob con un súbito oscurecimiento en su alegría.
A Marta no le gustó verlo triste, así que antes de tiempo, salió de su escondite
y le abrazó.
Luego todos ayudaron a preparar la cena, y por fin se pusieron los platos y se
rezó. Cuando se terminó la comida, se arregló el fuego y toda la familia se
colocó en torno al hogar. Bob sirvió el ponche.
-¡Felices Navidades a todos, queridos, que Dios nos bendiga! -dijo Tiny Tim.
Toda la familia lo coreó.
-Espíritu -dijo Scrooge con un interés no sentido antes-, dime sí Tiny Tim
vivirá.
-Veo en el pobre rincón de la chimenea un asiento vacío y una muleta guardada,
sin su propietario. Si las sombras permanecen inalteradas por el futuro, morirá.
-No, no -dijo Scrooge, No, buen espíritu; di que lo perdonen.
-¿Qué importa? Sí es que va a morir, es mejor que lo haga y así aliviará el
exceso de población.
Scrooge bajó la cabeza al escuchar sus propias palabras citadas por el espíritu,
y se sintió embargado de dolor y remordimiento. Bajó los ojos al suelo, pero los
levantó rápidamente al escuchar su propio nombre.
- ¡El señor Scrooge! -dijo Bob-. ¡Brindemos a la salud del patrón de la fiesta!
¡Sí, patrón de la fiesta -exclamó la señora Cratchit enrojeciendo-. Ya me
gustaría tenerlo aquí. Le diría algo de lo que pienso, para que lo festejase.
-¡Querida! ¡Los niños! ¡Es Navidad!
-Seguro que tenía que ser el día de Navidad cuando uno bebiese a la salud de un
hombre tan odioso, tacaño, duro y sin sentimientos como el señor Scrooge. Beberé
a su salud por ti y por el día que es, no por él. ¡Que viva muchos años!
Los niños brindaron con ella. Fue lo primero que se hizo sin cordialidad.
Scrooge era el ogro de la familia. La sola mención de su nombre arrojó sobre la
fiesta una sombra oscura que tardó cinco minutos en desaparecer.
Después el espectro llevó a Scrooge a muchos lugares, y en todos reinaba el
espíritu de Navidad.
De pronto se encontraron en la casa del sobrino de Scrooge. La esposa, sobrina
de Scrooge por casamiento, se reía de corazón, junto con los amigos allí
reunidos.
¡Ja, ja, ja !
-Dijo que las Navidades eran paparruchas -gritó el sobrino y además lo cree. Es
un vejestorio la mar de cómico, ésa es la verdad, y no es tan agradable como
podría ser. Pero esas fallas llevan consigo el castigo y no tengo nada que decir
en su contra.
-Estoy segura de que es muy rico, Fred.
-¿Y qué importa, querida? Su riqueza no le sirve de nada.
-No lo puedo soportar -observó la esposa.
-Pues yo sí -dijo el sobrino-. Lo siento por él. ¿Quién sufre con todos sus
caprichos? El mismo. Puede despreciar las Navidades hasta que muera, pero lo
desafío a que no las considere cada vez mejor si, año tras año, voy allí de buen
humor a decirle: "Tío Scrooge, ¿cómo está?" Si por eso le da por dejarle
cincuenta libras a su pobre escribiente, ya es algo.
Después del té, hicieron algo de música y al cabo de un rato jugaron a prendas.
El espectro dijo que tenían que marcharse.
¡Ahora hay un juego nuevo! -dijo Scrooge-. ¡Sólo media hora, espíritu!
Era el juego de "Sí o no", en el que el sobrino de Scrooge tenía que pensar algo
y los demás debían averiguar qué era; él sólo podía contestar sí o no según
correspondiese. Así fue quedando claro que pensaba en un animal, vivo, bastante
desagradable, salvaje, que a veces gruñía y a veces hablaba, vivía en Londres,
no le exhibían, no era caballo, asno, vaca, perro, gato ni oso. A cada nueva
pregunta, el sobrino estallaba en carcajadas. Por último, su cuñada exclamó:
¡Lo descubrí, ya sé lo que es! ¡Tu tío Scrooge!
Y así era. Algunos objetaron que la respuesta a "¿Es un oso?", debía haber sido
afirmativa.
-Sería de desagradecidos -dijo Fred- no beber a su salud, así que ¡A la salud de
tío Scrooge! ¡Felices Navidades para el viejo, donde quiera que esté!
Tan alegre y ligero de corazón se había ido volviendo Scrooge, que habría
devuelto el brindis si el espectro le hubiese concedido tiempo. Pero la escena
se desvaneció y otra vez él y el espíritu continuaron sus viajes.
Scrooge se dió cuenta de que el pelo del espíritu estaba gris.
-¿Son tan cortas vuestras vidas?
-Mi vida sobre la tierra es muy breve. Termina esta noche.
- ¡Esta noche! Se acerca el momento, pero veo algo raro, que no os pertenece,
saliendo de vuestras vestiduras.
De los pliegues de su ropa, sacó dos niños, desgraciados, espantosos,
miserables.
-¡Espíritu! ¿Son tuyos?
-Son del hombre. Este muchacho es la ignorancia. Esta muchacha es la necesidad.
-¿No tienen refugio alguno? ¿Ni recursos? -preguntó Scrooge.
-¿No hay prisiones? -replicó el espíritu dirigiéndose a él con sus mismas
palabras-. ¿No hay asilos?
La campana dio las doce.
Scrooge miró a su alrededor buscando al espectro y ya no lo vio, pero al alzar
la vista contempló un fantasma de aspecto solemne, envuelto en ropajes y
encapuchado, que venía hacia él como la niebla al ras del suelo.
El fantasma se acercaba lenta, grave y silenciosamente. Su presencia misteriosa
abrumaba a Scrooge con un terror impresionante,
-¿Estoy en presencia del espectro de las Navidades que han de venir?
Los pliegues de la parte superior del atavío del espíritu, descendieron durante
un instante, como sí hubiese inclinado la cabeza. Esa fue la única respuesta.
¡Espíritu del futuro, os temo más que a los otros¡ Pero como se que vuestro
propósito es hacerme bien, y espero vivir para ser hombre diferente del que fui,
me encuentro preparado de corazón para recibir vuestra compañía. ¡Guiadme!
No hubo respuesta. La mano del espectro señaló al frente. Scrooge le siguió.
El espíritu se detuvo frente a un pequeño grupo de hombres de negocios. Scrooge
se acercó para escuchar la conversación.
No -decía un hombre, No sé mucho al respecto. Sólo que ha muerto.
-¿Cuándo fue? -preguntó otro.
-Creo que anoche. Yo pensé que nunca moriría.
-¿Qué ha hecho con su dinero?
-A mí no me lo dejó. Eso es todo lo que sé.
Esta gracia fue recibida con una carcajada general.
El grupo se separó y se unieron a otros grupos. Scrooge conocía a aquellas
personas y miró al espíritu buscando una explicación. El fantasma señaló a dos
personas y Scrooge se dispuso a escuchar.
¡Bien! -decía uno, Por fin el diablo cogió lo suyo, ¿eh?
-Eso me han dicho -replicó el otro, Hace frío, ¿verdad?
Ni una palabra más. Scrooge estuvo a punto de sorprenderse de que el espíritu
concediese importancia a conversaciones tan triviales, pero no dudando de que
tendrían un significado para su propio interés, resolvió observar con cuidado lo
que oyese y pudiera ver.
Abandonaron el bullicio y entraron en una parte oscura de la ciudad. Al fondo
había una tienda sombría donde se compraban desperdicios y cosas usadas. Sentado
en medio de las mercancías se hallaba un bribón de casi setenta años.
Scrooge y el fantasma llegaron en el preciso instante en que una mujer, con un
envoltorio, entraba furtivamente a la tienda. Pero apenas hubo entrado, cuando
otra mujer con una carga similar lo hizo también; y ésta fue seguida
inmediatamente por un hombre.
-Nos hemos reunido aquí los tres sin ponernos de acuerdo -dijo la primera que
entró.
-No os podríais haber reunido en sitio mejor -dijo el viejo traficante.
-Pues, muy bien -exclamó la mujer-. ¿A quién se hace mal por la pérdida de unas
pocas cosas como estas? Supongo que al muerto, no. Si ese viejo avaro hubiese
querido conservarlas después de su muerte ¿por qué no fue como los demás durante
su vida? Si así hubiese sido, habría tenido a alguien que cuidase de él cuando
la muerte lo golpeó, en vez de estar tumbado solo, exhalando el último suspiro.
-Esa es la verdad más grande que jamás se ha dicho. Esa es su sentencia.
-Abre ese envoltorio, viejo, y dime lo que vale.
No era mucho. Un sello, un par de gemelos, un broche de poco valor. La otra
mujer traía sábanas, toallas, alguna ropa y algunas botas. En el último
envoltorio había unas cortinas de cama.
¡No me vas a decir que las quitaste mientras él estaba allí tumbado! -dijo el
viejo.
-Claro que sí. ¿Por qué no? Me figuro que no cogería frío sin ellas.
Scrooge escuchaba horrorizado esta conversación.
-Espíritu -dijo Scrooge temblando de pies a cabeza-. Ya veo. El caso de este
pobre hombre podría ser el mío. Mi vida ahora camina hacia ese final. ¡Cielo
santo! ¿Qué es esto?
La escena había cambiado y ahora se encontraban casi tocando una cama, desnuda y
sin cortinas. Una pálida luz caía sobre la cama, y en ella, saqueado y
despojado, sin que nadie lo velase, yacía el cuerpo de un hombre cubierto hasta
la cabeza con una sábana andrajosa.
Scrooge miró hacia el fantasma. Su mano apuntaba hacia la cabeza del muerto.
-Te comprendo -exclamó Scrooge-, y lo haría sí pudiese. Pero no puedo, espíritu.
¡No puedo! ¡Vámonos! Mejor muéstrame a quien sienta emoción por la muerte de
este hombre.
El fantasma mostró una habitación en donde una señora esperaba a su marido que
en ese momento llegaba a la casa. Cuando, tras largo silencio, ella le preguntó
por las noticias, él pareció no saber qué contestar.
-¿Estamos totalmente arruinados? -preguntó ella para ayudarle.
-No, todavía hay esperanza, Carolina.
-Sí él cede -dijo ella- la hay. Si ha ocurrido tal milagro, no hay nada que no
tenga esperanza.
-No ha cedido. Ha muerto.
Ella se llenó de gratitud al escuchar esto. La muerte de aquel hombre había
producido una casa más feliz.
-Enséñame algo de ternura relacionada con la muerte -pidió Scrooge al espíritu.
El espectro le condujo a la casa de Bob Cratchit.
Bob hablaba de la amabilidad extraordinaria del sobrino del señor Scrooge.
-El me dijo: "Lo siento muchísimo por su buena esposa. Sí le puedo ser de alguna
utilidad, me dijo dándome su tarjeta, ahí es donde vivo, por favor, venga a
verme". Y fue realmente encantador, no por lo que pudiera hacer por nosotros
sino por lo amable que se mostró. Daba la impresión de haber conocido a nuestro
Tiny Tim y haberlo sentido con nosotros.
-Estoy segura de que es una buena persona -dijo la señora Cratchit.
-Ninguno de nosotros olvidará al pequeño Tiny Tim ¿verdad?
-Nunca, padre -exclamaron todos.
-Espectro -dijo Scrooge-, algo me dice que estamos a punto de separarnos. Lo sé,
pero ignoro cómo será. Decidme ¿Quién era el hombre a quien vimos muerto?
El espectro de las Navidades futuras lo llevó a los lugares de negocios.
-Esta plazuela es donde yo trabajo -dijo Scrooge, Dejadme contemplar cómo seré
en el futuro.
El espíritu señaló hacia otro lugar. Scrooge corrió y se asomó por la ventana de
su oficina, pero había otra persona en su lugar; el espectro seguía apuntando
hacia otro lugar. Scrooge le acompaño hasta que llegaron a una verja de hierro.
Un cementerio. Así que allí yacía bajo tierra aquel desgraciado cuyo nombre iba
a conocer ahora.
El espíritu estaba entre las tumbas y señaló una.
-Antes de aproximarme, contestadme una pregunta: ¿Son estas las sombras de lo
que será, o sólo de lo que puede ser?
El espíritu seguía inmóvil como siempre.
Scrooge se aproximó temblando y leyó sobre la losa su propio nombre:
¿Soy yo el hombre que yacía en aquella cama? -gritó Scrooge, cayendo de
rodillas.
El dedo fue de la tumba a él y de él a la tumba.
-¡No, espíritu! -gritó agarrando sus vestiduras-. ¡Escúchame! No soy el hombre
que fui. ¿Por qué me mostráis esto si estoy más allá de toda esperanza?
Por primera vez, la mano pareció temblar.
-¡Buen espíritu! -dijo Scrooge de rodillas ante él-. ¡Vuestra naturaleza
intercede por mí y me compadece! ¡Aseguradme que puedo cambiar las sombras que
me habéis mostrado, cambiando de vida!
La mano bondadosa tembló.
-¡Honraré las Navidades en mi corazón y trataré de festejarlas durante todo el
año! ¡Oh, decidme que puedo borrar la escritura de esta losa!
Alzando las manos en súplica postrera para cambiar su destino, vio un cambio en
la capucha y el vestido del espíritu, que se encogía, se derrumbaba, y que
finalmente se convertía en un barrote de la cama.
¡Sí! Y el barrote de la cama era el suyo. La cama era la suya. La habitación era
la suya. Y lo mejor y más feliz de todo era que el tiempo que tenía por delante
para enmendarse era el suyo.
-¡Oh, Jacobo Marley! ¡Alabemos al cielo y a la época de Navidad por esto!
Estaba tan excitado y tan resplandeciente de buenas intenciones, que su voz
entrecortada apenas le respondía.
-¡No sé qué hacer! -exclamaba riendo y gritando al mismo tiempo-. Estoy tan
ligero como una pluma, tan feliz como un ángel, tan contento como un escolar.
Tan aturdido como un borracho. ¡Felices Navidades a todos! ¡Un Feliz Año Nuevo a
todo el mundo! ¡Ea, hola! ¡Todo está perfectamente, todo ha sucedido, todo es
verdad! ¡Ja, ja, ja!
Realmente para un hombre que ha estado sin practicar durante tantos años, fue
una carcajada espléndida.
-No sé a qué día del mes estamos -dijo Scrooge-. No sé cuanto tiempo he estado
entre los espíritus. No sé nada. Soy un niño, no importa. No me preocupa.
Preferiría ser un niño.
Corrió hacia la ventana, la abrió y sacó la cabeza.
-¿Qué día es hoy? -gritó Scrooge llamando a un muchacho.
-¿Cómo? ¿Hoy? ¡Vaya! Hoy es Navidad.
-El día de Navidad -se dijo Scrooge-. No lo he perdido.
-¿Conoces la tienda de aves? -inquirió Scrooge dirigiéndose al muchacho.
-Supongo que sí -replicó el muchacho.
-¡Muchacho inteligente! ¿Sabes si han vendido el pavo premiado que tenían
colgado?
-Está colgado allí ahora.
-¿Sí? Vete a comprarlo. Si vienes con el tendero te daré un chelín. Si estás
aquí con él antes de cinco minutos, te daré media corona.
El muchacho partió como una bala.
-Se lo mandaré a casa de Bob Cratchit -decía Scrooge en voz baja.
Cuando trajeron el pavo le dio al tendero la dirección de Cratchit.
La sonrisa con que dijo esto, la sonrisa con que pagó el pavo, la sonrisa con
que recompensó al muchacho, solamente fueron superadas por la sonrisa con que se
sentó otra vez en su silla y rió entre dientes hasta llorar.
Se vistió con sus mejores galas y por fin salió a la calle.
Caminando con las manos a la espalda miraba a todos con una sonrisa encantadora.
Tenía un aspecto tan irremisiblemente agradable que tres o cuatro individuos le
dijeron:
-Buenos días, señor. Felices Navidades.
No había andado mucho, cuando vio que venía en su dirección el caballero que
había llegado a su oficina el día anterior y había dicho: "¿Tengo el placer de
dirigirme al señor Scrooge o al señor Marley?". Sabía qué era lo que tenía que
hacer, y lo hizo.
-Querido señor -dijo Scrooge al caballero-. Permítame pedirle perdón; y que
tenga la bondad de...
Y aquí Scrooge susurró algo a su oído.
-¡Dios me valga! -exclamó el caballero-. Mi querido señor Scrooge, ¿habla usted
en serio?
-Sí, por favor. Van incluidos muchos atrasos, se lo aseguro. ¿Quiere venir a
verme?
-¡Claro que sí! -exclamó el caballero.
-Gracias -dijo Scrooge-. Le quedo muy agradecido. Dios lo bendiga.
Por la tarde dirigió sus pasos hacia la casa de su sobrino.
-¿Está el señor en casa, querida? -preguntó a la muchacha.
-Sí, señor. Está en el comedor, con la señora.
-Gracias.
Abrió con cuidado y asomó la cabeza por la puerta.
-!Fred! -dijo Scrooge.
-¡Dios me valga! ¿Quién es? -exclamó Fred.
-Soy yo, tu tío Scrooge. He venido a comer. ¿Me dejas entrar, Fred?
¡Dejarle entrar! Milagro que no le arrancase el brazo. En cinco minutos se
encontraba con toda comodidad.
Realmente fue una fiesta maravillosa, ¡una felicidad ma-ravi-llo-sa!
Pero a la mañana siguiente estaba temprano en la oficina.
El reloj dio las nueve. Bob sin aparecer.
Scrooge se sentó con su puerta abierta de par en par, a fin de poder verle
entrar en su cuchitril.
Se retrasó dieciocho minutos y medio.
-¡Hola! -gruñó Scrooge, con su voz acostumbrada, imitándola lo mejor que pudo-.
¿Qué quiere decir el venir a esta hora?
Lo siento mucho, señor. Llego con retraso.
-¿Sí? Sí. Creo que sí. Venga por aquí, señor, por favor.
-Sólo es una vez a año, señor -suplicó Bob- no se volverá a repetir. Estuvimos
festejando
la Navidad, señor.
-Ahora le voy a decir algo, amigo mío -dijo Scrooge-. No voy a aguantar esta
clase de cosas más tiempo. Y por lo tanto -continuó saltando del taburete-, por
lo tanto, le voy a subir el sueldo.
Bob temblaba.
-¡Felices Navidades, Bob! -dijo Scrooge con una seriedad que no podía
confundirse, mientras le daba palmadas en la espalda-. ¡Le subiré el sueldo, y
trataré de ayudar a su batalladora familia; hablaremos de su problema esta misma
tarde sobre un jarro navideño de humeante ponche!
Scrooge hizo más que ser fiel a su palabra. Lo hizo todo e infinitamente más. Y
para Tiny Tim, que no murió, fue un segundo padre.
Se convirtió en un amigo tan bueno, un jefe tan bueno, un hombre tan bueno, como
jamás pudo conocer la buena y vieja ciudad.
No tuvo ninguna otra relación con los espíritus, y siempre se dijo de él que si
algún hombre vivo, sabía cómo celebrar bien las Navidades, ese era él.
¡Que eso se pueda decir verdaderamente de nosotros, de todos nosotros!
Y así como decía el pequeño Tiny Tim, que Dios nos bendiga a todos.


CHARLES DICKENS

 

 

TEORÍA Y PRÁCTICA POR Mario Benedetti

TEORÍA Y PRÁCTICA POR  Mario Benedetti

 

 

Señoras y señores

hoy trataremos del imperialismo

tema difícil si los hay

y a veces engorroso de sitiar

en sólo media hora de pésimas noticias

 

en consecuencia intentaré abordarlo

tal como en un pasado alegre y misterioso

se solía abordar los bajeles piratas

quiero decir

                de un modo irregular

 

digamos por ejemplo

que una campana suena a lo lejos mansa

y purifica el diálogo y se queda

como el sol en las copas de los árboles

 

a pesar del calor el horizonte

se pone su bufanda

y unos pájaros sueltos y agilísimos

la recorren

                y no son golondrinas

 

nada de eso es el imperialismo

 

digamos por ejemplo

que una muchacha quiebra la mañana

con sus caderas móviles

sus ojos perentorios

sus labios de cosecha

su paso que no pasa

y el muchacho espera invencible y modesto

la incluye en su destino la estudia poro a poro

y así centineleándola

                se atreve o no se atreve

 

tampoco eso es el imperialismo

 

digamos por ejemplo

que un niño escucha el mundo y decidiéndose

le echa su bocanada de candor

aprende cómo son sus pies y se los come

discute con el techo y lo convence

llora para variar y porque sabe

que a su alarido comparece el seno

con su promesa láctea y esa piel

que le gusta sentir junto a los párpados

y sabe que es feliz aunque no sepa

qué precio va a pagar o qué desprecio

 

tampoco eso es el imperialismo

 

digamos por ejemplo

que un viejo está aprendiendo el alfabeto

y clave en su memoria los diptongos

y las esdrújulas que son tan cómodas

porque llevan acento indiscutible

tiene rostro de cuáquero este viejo

pero el alma la tiene de resorte

y escribe llubia porque en su campito

nunca vio que lloviera con ve corta

 

tampoco eso es el imperialismo

 

digamos por ejemplo

que una máquina late en el delirio

dice ruidosamente su producto

y las manos lo ayudan lo enderezan

lo limpian lo acicalan y lo envasan

manos que se conocen hace años

y hace años se mojan y se secan

se dan la bienvenida y los adioses

se preguntan se llaman se responden

se apoyan en la máquina materna

que dice su producto y carraspea

y cuando las ve juntas veteranas

suelta dos o tres lágrimas de aceite

 

tampoco eso es el imperialismo

 

digamos por ejemplo

que en la serena noche conyugal la pareja

hizo un hijo porque le dio la gana

y le ha dado la gana porque sabe

que un hijo es el profeta cotidiano

irá anunciándolos de sol a sol

irá diciendo a todos que es un hijo

y se alimentará con insolente

apetito y probará la patria

como si fuera pan caliente y nuevo

 

tampoco eso es el imperialismo

 

digamos por ejemplo

que la frontera pierde sus aduanas

y hasta nos invadimos los unos a los otros

nos prestamos volcanes y arroyitos

y cobre y antropólogos y azúcar

y lana y proteínas y arcoiris

y alfabetizadores y durmientes

y poetas y prosistas y petróleo

y el contrabando queda para el viento

y para los amantes migratorios

 

tampoco eso es el imperialismo

 

digamos por ejemplo

que la lluvia y el sol nos pertenecen

también el sobrecielo y el subsuelo

las provincias de nuestro corazón

y el territorio de nuestro trabajo

 

somos iguales ante los iguales

en un mundo de pares y sin otros

una linda locura de los cuerdos

y cierta estratagema de justicia

vamos poniendo tildes a presagios

que se cumplieron o se están cumpliendo

en un comienzo fuimos sólo islas

ahora somos urgentes archipiélagos

 

tampoco eso es el imperialismo

 

y digamos por último

que tenemos la noche y nuestra casa

y un reloj que no cuenta hacia la muerte

la ciencia avanza tanto que ha logrado

aislar el virus de la xenofobia

y la patria es ahora un salado bautismo

que va de mar a mar

y los abismo siguen existiendo

aunque nadie se arroje a su silencio

 

siempre es duro vivir pero se vive

dentro de las esclusas de la vida

 

y una vez más afirmo

nada de esto es el imperialismo

 

confío no haber sido demasiado sectario

en el enfoque teórico del tema

 

señoras y señores

acaba de avisarme un compañero

que afuera nos esperan los señores gendarmes

tal vez para brindarnos alguna clase práctica

 

deseémonos coraje

y buena suerte

 

he dicho

                muchas gracias

 

Mario Benedetti

 

 

AMINETU, LA ESTRELLA DEL SUR

AMINETU, LA ESTRELLA DEL SUR

Para un ciego ver la luz es un sueño. Hoy ha ocurrido… Sí, los destellos de la estrella de Aminatu Haidar explenden magníficos en la lejanía de los lares saharauis.

 

 Ocurrió también hace dos meses, cuando en un viaje a Chile- en la población minera de Rancagua- la nonagenaria viuda del poeta Óscar Castro, Isolda Pradel, cogió mis manos entre las suyas y con voz afectada me dijo:”Usted es un ciego que porta una lámpara de paz y palabra que proyecta su haz lumínico al sendero que conduce a una humanidad en armonía y plenitud; ¡ojalá las buenas gentes sepan verlo en el camino!”

 

Y ocurrirá definitivamente que ciegos y videntes vislumbraremos una constelación de astros – tal que Aminatu Haidar- que pululan por la faz de la Madre Tierra refulgiendo dignidad humana.

 

La labor de Poetas del Mundo consiste, precisamente, en contribuir a esa radiante eclosión de concordia y grandeza humanas con la humilde luminiscencia de las luciérnagas que titilan en los campos y las veredas. Y es que los Poetas del Mundo disponemos de los útiles de Dios para crear galaxias de amor libre y vertebrar la eternidad: la palabra y la voluntad de llevarla hasta el último confín del planeta.

 

Paradigmas como Aminatu Haidar – nuestra nueva Osa Mayor- nos proporcionan una inequívoca referencia, en tanto que nos ayudan a perfilar el espacio de un universo increado, nos orientan en medio de las tinieblas de la ignominia humana y nos devuelven al regazo amoroso de la Madre Tierra. Esa Tierra que es de todos, esa Tierra en la que nacemos y debemos vivir como individuos y colectividad en la seguridad y confianza de una plena humanidad, esa Tierra que es de cada uno en su particularidad cultural y en su singularidad social; esa tierra, en fin, que es preciosísima hasta en su último centímetro cuadrado. Porque, no lo olvidemos, incluso un centímetro cuadrado de tierra vale para mucho: para que crezcan en él las hojas de hierba, hojas que serán cuna de las gotas de rocío, bosque de las hormigas, hamaca de las mariquitas  y alimento de una oveja; para hundir en él el mástil de una bandera, sin colores, sin dueño, una señera que sea simplemente símbolo de la vida; para plantar un rosal de rosas rojas, rosas de sangre de futuro, rosas de amor para una mujer, rosas de recuerdo para una tumba; y para clavar en él una argolla que sirva de amarre para la barca que ha de llevarnos a nuevos mundos, la barca que al final nos ha de traer a casa.

 

Por eso era trascendental e innegociable para Aminatu Haidar el regreso a su amada tierra, así como la preservación de su identidad de Pueblo, porque ser Tierra, ser Pueblo, ser uno mismo es ser persona.

 

Ahora descansa en su casa, al calor de los suyos, aunque su fulgor perdurará indeleble en las retinas de todos quienes nos hemos bañado en su luz.            

 

Alumbra Aminatu, Sigue alumbrándonos desde El Aayún, que los ciegos necesitamos sentir cumplido el sueño de despertar viendo el lucero del alba.

 

NICOLÁS ZIMARRO

Poeta del Mundo. 

 

 

AMINETU

Porque quiero ser como tú,

 

Grano de arena: suficiente,

insignificante,

replicado mil millones de veces.

e idéntico a cualquier otro grano de arena.

 

Porque nunca estás solo.

Porque eres en plural.

Y con tus iguales conformas playas,

levantas montañas y vistes desiertos.

Por eso,

 

Ya no miro al infinito;

no busco el horizonte

al final del camino áureo

que la hogaza solar deja en la mar.

No.

 

No se me ha perdido nada

en ningún agujero negro.

No tengo que hacer funambulismo

en el borde del precipicio.

Porque quiero ser como tú.

 

Como tú,

átomo de piedra:

ínfimo,

callado,

Simple...

 

Como tú,

que te dejas remover por los pies de los niños

y arrastrar por la fuerza de las olas,

que te dejas coger en las manos.

Quiero ser como tú.

 

 

Nicolás Zimarro Brawo, Responsable en Euskadi

Olivier Herrera Marín, Representante en la España Plurinacional.

Luis Arias Manzo, Fundador y Secretario General de Poetas del Mundo

                                                                

 Poetas del Mundo

 

 

 

 

A todos los medios de comunicación: A todos los amigos/as de Aminetou Haidar y gente de buena voluntad

A todos los medios de comunicación:     A todos los amigos/as de Aminetou Haidar y gente de buena voluntad

 

Recabando su apoyo solidario y la más amplia difusión posible al texto que os envía Poetas del Mundo.

Conscientes de la gravedad de la situación, viendo que los acontecimientos se están precipitando hora tras hora y que no sabemos cómo ni dónde estará Aminetou Haidar, mañana o el sábado, la representación de Poetas del Mundo encabezada por Nicolás Zimarro, mantiene su llegada al aeropuerto de Lanzarote, prevista el día 18 a las 19 horas para entregarle personalmente o llevarle allí donde esté, Aminetou, un ramo de rosas y la carta abierta jalonada con unos poemas y el comunicado adjunto que presentamos abajo.

 

Nicolás Zimarro está completamente ciego, pero eso no le impide ni le impedirá jamás ver lo que hay que ver e ir donde tiene que ir, con mayor razón cuando puede encontrar un hombro donde apoyarse; y, menos aun en esta ocasión, cuando se trata de una cuestión humanitaria y de primer orden.

 

Os enviamos el Tt. Celular de Nicolás el nº  669416060 y los míos el nº 607 31 60 91 nº 627 500 613 para cualquier aclaración o consulta.

 

Olivier Herrera Marín

 

Representante de Poetas del Mundo en la España Solidaria y Plurinacional.    

 

 

=========================================================================================================================================================

Navidades?  ¡NO!! ¡SIN AMINETU!!

 

Carta abierta a nuestra hija y madre,

Símbolo de humana dignidad

 

 Bien amada Aminetou:

 

 Poetas del Mundo se inclina ante tu ejemplo de entereza y humildad para entregarte con un abrazo y un beso, su mano y su aliento en la justa y más digna defensa que estás haciendo de tu SER, de tus raíces e identidad.

 

Hoy, no estás sola; eres nuestro mejor símbolo de ese otro mundo posible. Hoy eres, nuestro más firme e intransferible valor de cambio de rumbo y regeneración humanista. En una sociedad amoral y opulenta, consumista y conformista, ahíta y sin valores, que debate y arrastra su miseria sin ver salida a su CRISIS, TÚ eres, la voz sencilla y generosa, profunda y digna que brota del seno de la Tierra y estalla con la fuerza del volcán en los palacios y alcobas de los reyes y los presidentes, de las ilustres e inhumanas Señorías, hartas e incultas de alta cuna.

 

Hoy, tu valor y tu arrojo son el valor del verbo y la fuerza de la razón. Y ningún Rey, ningún PODER absoluto e inhumano, ningún “Dios” de paja y cartón con pies de barro podrá jamás doblegar y negar, humillar tu dignidad de mujer y de noble madre Saharaui.

 

Hoy estamos aquí, Aminetou, para unir nuestra voz a quienes nos precedieron y ser ola, de esta marea humana que -aún sin proponértelo- Tú has levantado en tu digno ejemplo, esa marea humana que crece y crece, se amplía y se eleva en olas ya gigantes, olas que avanzan imparables por el desierto del Sahara, por las calles y las plazas de los pueblos y las ciudades, de Madrid y de España, de la Aldea Global, por la imbatible RED que derriba y derribará todos los muros de la prepotente y necia intolerancia, todas las defensas y muros de hormigón armado, y de plomo, todas las cárceles miserables del alma que esconden la soberbia y la ira, el pánico cerval de quienes le temen a la rosa, le temen al Amor y la Paz, a la Libertad y la Solidaridad, a la humildad y la dignidad, a la vida y la muerte de la mujer saharaui más sencilla y paciente, Aminetou, nuestra hija y Madre Coraje.

 

Hoy, estamos aquí con ese mensaje de PAZ y de AMOR que no conocen, no entienden ni aceptan los Reyes ciegos y absolutistas que en el inicio del tercer milenio de la era cristiana, se creen que pueden seguir ejerciendo su omnipotente y omnipresente PODER de dueños de las vidas y haciendas exigiéndoles a sus súbditos, siervos, (no ciudadanos) el juramento de sumisión absoluta, de auto negación de su propia identidad y dignidad, si quieren vivir, obteniendo el Perdón Real del más alto y magnánimo de los Reyes Alauita.

 

Hoy estamos aquí para ser todos los Poetas del Mundo, Aminetou Haidar, y, entregar a la lluvia y al relámpago, a todos los vientos y espacios abiertos de la Tierra, el mensaje de calor humano, de Amor y Vida de todos los niños y niñas, hombres y mujeres de buena voluntad, el mensaje más urgente y necesario, de Paz y Libertad, de Solidaridad con Aminetou Haidar para estas Navidades.  

 

Los Poetas del Mundo nos unimos en tu camino a tu pacífica Marcha Verde por los derechos más humanos y legítimos de tu Pueblo, siendo conscientes de que nada ni nadie parará toda esa marea humana enarbolada y dispuesta a levantarte y llevarte -en volandas- hasta tu casa para que puedas pasar las Fiestas de Navidad en familia con tus hijos y tu pueblo Saharaui.  

 

¡NAVIDAD!! ¡ NO!! ¡ SIN AMINETOU!!

 

CON DIEZ POEMAS TE DAMOS UN ABRAZO Y UN BESO  

Y NO TE NOS MUERAS, ¡¡AMINETU!!

 

“NI LEY NI ESPADA: Ninguna muralla ni ley ni espada / Ninguna jaula ni torre ni defensa, / Podrá con la fuerza de la palabra.”

 

 “LA PALABRA: La palabra corta alambradas y derriba muros / Es relámpago en noche oscura / Y… trueno en tiempo de silencio.”

 

 “EL ORO: Con el oro y el oro negro / Todo se compra, todo se alcanza / Todo, el placer y la gloria / Todo, la ley y la corona / Todo, / Menos el verso / La vergüenza / Y la dignidad.”

 

 “TÚ: Naciste para volar y desafiar al viento / Romper la crisálida y ser mariposa.”

 

 “ERES: Eres el rocío de la noche sobre la palmera / Eres la violeta que brota en el desierto / Eres el reflejo del sol en el agua limpia / Eres la semilla que cabalga las olas y el viento / Eres el embrujo de la luna bajo el cielo Saharaui.”

 

ANTE EL PODER: Ante el PODER te levantas / Y tomas la palabra / Ante el débil te inclinas / Y bajas la mirada”

 

 “LA SEMILLA: Todo pasa en la vida / El amor y la muerte / Y es nada la fortuna / Que si algo queda / Es la voz y el verbo/ El valor del alma / Que si algo queda / Más allá del tiempo / Es la memoria / Es la huella eterna / De quien lo dio todo / Sin esperar nada / Que si algo queda / Es el sol y la semilla / Es el mar y el viento / Es el nombre y valor / De quien dio su vida / Por el amor y la vida.”

 

 “AMINETU HAIDAR: La qué nunca va a morir / Y si ¡muere! irá más lejos / En el amor y en la memoria / De sus hijos y de su pueblo / En el canto de los ruiseñores / A la mujer más bella y digna / A la Madre Coraje del Sahara / La que vive y vivirá eternamente / En el corazón y en el alma / Del noble pueblo Saharaui /  Que los muertos no matan el Amor /  No matan la Vida / No matan el Alma

 

DESPUÉS DEL SILENCIO: En la inmensa soledad del desierto / La luna, cuelga esta noche su espejo / Flota el eco de tu voz en el silencio.”

 

Y No te nos mueras, Aminetu: No te nos mueras, Aminetu / Que eres hija y madre / De las altas palmeras / Eres hija del sol / Y de la tierra sedienta. / Sedienta de paz y amor, / De lluvia, tierra y libertad. / Eres quien nos dio la vida / En el beso del relámpago / No te nos mueras, Aminetu /  Que nos dejarás huérfanos /  Sin las flores del almendro / Sin sal, sin aceite y sin pan / Sin palomas en el palomar / No te nos mueras, Aminetu, / Que nos dejarás solos / Sin leche y sin miel / En el más duro y negro, / Impenetrable silencio. / Un Sahara sin Aminetu / Es un desierto sin luna / Sin oasis, sin camellos / Sin estrellas y sin sol / Sin dátiles y sin futuro. / No te me mueras Aminetu, / Que eres la hija y la madre / Saharaui más digna y bella, / La que entrega su amor /  Con una dulce sonrisa. / No te nos mueras, Aminetu, / Te necesitamos ¡Viva! / Necesitamos tu verbo, / El bálsamo de tu abrazo / más cálido y delicado / No te nos mueras, Aminetu / Necesitamos el beso alado / De tu alma de niña-madre / Amante de la paz y la vida / De la luz de la media luna / ¡No te nos mueras! ¡Aminetu!!” 

 

Con el más cálido y fraternal abrazo, con un beso del alma, siempre tuyos, de tu pueblo y de la Tierra

Firman la presente:

Nicolás Zimarro Brawo, Responsable en Euskadi

Olivier Herrera Marín, Representante en la España Plurinacional.

Luis Arias Manzo, Fundador y Secretario General de Poetas del Mundo

                                                                 Poetas del Mundo

 

COMUNICADO URGENTE DE POETAS DEL MUNDO EN ESPAÑA

SOBRE AMINETU HAIDAR

 

Carta abierta a nuestra hija y madre, nuestro símbolo y bandera de entereza y humanidad

Carta abierta a nuestra hija y madre, nuestro símbolo y bandera de entereza y humanidad

¿Estas Navidades?  ¡NO!! ¡SIN AMINETU!!

 

Estimados/as

 

Os escribo este correo con un ruego, una súplica, por la vida y la dignidad de Aminetu Haidar, nuestra propia vida y dignidad, nos tenemos que movilizar activamente TODOS/AS y salir a la calle para ocupar las anchas y verdes alamedas, los parques y las plazas públicas, ante los ayuntamientos de cada aldea, pueblo y ciudad de España y del Mundo, ante todos los organismos oficiales, los senados y parlamentos nacionales e internacionales, para que su VOZ (la de Aminetu) y nuestra VOZ, sean una sola VOZ, la Voz de la TIERRA que pide AMOR, PAZ y LIBERTAD, SOLIDARIDAD con Aminetu Haidar.

 

Para que Aminetu pueda levantarse y regresar VIVA y con SALUD a su casa, y con sus hijos, pueda cantarle por NAVIDAD, al niño Jesus, que nació en Belen para difundir con su verbo un mensaje de PAZ y AMOR que han olvidado y han traicionado a través de los siglos, la inmensa mayoría de los Obispos y Cardenales, de los Príncipes de la “Santa Madre Iglesia” y el OBISPO de Roma.

 

El mensaje de PAZ y AMOR que no conocen, no entienden ni aceptan los Presidentes y Reyes que siguen defendiendo la necesidad de la guerra justa y preventiva para perseverar sus intereses y la paz de sus cárceles y sus cementerios.

 

 El mensaje de PAZ y AMOR que no conocen, no entienden ni aceptan los Reyes absolutistas que en pleno siglo XXI siguen ejerciendo su Omnipotente y Omnipresente PODER de dueños de todas las vidas y todas las haciendas, exigiéndoles la sumisión absoluta a sus “vasallos” (no ciudadanos) y la propia auto negación de su identidad y de su dignidad a Aminetu Haidar, para poder ser merecedora de la Magnanimidad y del Perdón Real del Rey Alauita.

 

Todos/as con Aminetu, que estás Navidades sin Aminetu, no pueden ser  ni serán nuestras Navidades.

 

Gracias a todos/as y lanzad a la lluvia y al relámpago, a todos los vientos y espacios abiertos de la Tirerra, este mensaje tan necesario como humano de Amor y de Paz en la Tierra a todos los niños y las niñas, hombres y mujeres de buena voluntad.  

¡ NO!! ¡ SIN AMINETU!!

Y NO TE NOS MUERAS, ¡¡AMINETU!!

 

 

Con un cálido y fraternal abrazo, siempre vuestro y de la Tierra

 

Olivier Herrera Marín

 

Poeta del Mundo

 Carta abierta a nuestra hija y madre, nuestro símbolo y bandera de entereza y humanidad

¿Estas Navidades?  ¡NO!! ¡SIN AMINETU!!

 

 

Querida Aminetu:

 

Siento en el alma en no poder estar contigo -físicamente- para entregarte con un abrazo y un beso, mi mano y mi aliento, pero me reconforta el ánimo y me llena de gozo, verte a todas las horas del día rodeada y atendida por toda la buena gente que te ama y te acompaña, en la justa y digna defensa que estás haciendo de tu SER, tus raíces e identidad.

 

Hoy, sabes que no estás sola, sabes que eres nuestro mejor símbolo de entereza y de humanidad. Hoy, TÚ eres, nuestro valor más firme e intransferible de cambió de rumbo y de regeneración humanista, eres nuestro norte y bandera, en una sociedad amoral y opulenta, consumista, conformista y sin valores, ahíta y miserable, que se debate sin ver su salida en plena CRISIS. Hoy, TÚ eres la voz sencilla y digna, generosa y profunda que brota del seno de la Tierra y estalla con la fuerza del volcán en los palacios y en las alcobas de los reyes y de los príncipes, de los presidentes y de sus más ilustres señorías, los hartos y hartas, los insolidarios, incultos e incultas de alta cuna.

 

Hoy, tu valor y tu fuerza, son el valor del verbo y la fuerza de la razón, que ningún REY ni Presidente, ningún PODER absoluto e inhumano de ningún “Dios” de paja y cartón con pies de barro, podrá jamás doblegar y negar, humillar.

 

Y para Ti Aminetu,  por SER y ser como eres, por representar cuanto representas para el Pueblo Saharaui y para todos tus hermanos y hermanas, los hijos y las hijas de la Tierra que tienen un poco de conciencia y de vergüenza, que no tienen seco el corazón. Para Ti Aminetu, te entrego con mi poesía y mi amor, con mi alma, todo cuanto siento y soy.

 

 

UN POEMA

Ninguna muralla ni ley ni espada,

Ninguna jaula ni torre ni defensa,

Podrá con la fuerza de la palabra.

 

 

 

Naciste para volar

 Y desafiar al viento,

Romper la crisálida

Y ser mariposa

 

 

ERES

Eres el rocío de la noche sobre la palmera.

Eres la violeta que brota en el desierto.

Eres el reflejo del sol en el agua limpia.

Eres la semilla que cabalga las olas y el viento.

Eres el embrujo de la luna bajo el cielo Saharaui.

 

 

 

LA PALABRA

La palabra corta alambradas y derriba muros.

Es relámpago en noche oscura.

Y… trueno en tiempo de silencio.

 

 

 

LA SEMILLA    

 

Todo pasa en la vida,

El amor y la muerte,

Y es nada la fortuna.

 

Que si algo queda:

Es la voz y el verbo,

El valor del alma.

 

Que si algo queda

Más allá del tiempo

Es la memoria.

 

Es la huella eterna

De quien lo dio todo

Sin esperar nada.

 

Que si algo queda

Es el sol y la semilla,

Es el mar y el viento.

 

Es el nombre y valor 

De quien dio su vida

Por el amor y la vida.

 

 

 

 

NO HAY RIQUEZA

 

No hay riqueza

ni gloria

que compararse

pueda,

a la paz

que respira

quien detiene

el tiempo

y escucha

en silencio

el murmullo

del agua.

 

 

 

Y No te nos mueras, Aminetu

 

 

 No te nos mueras, Aminetu,

 

 Que eres hija y madre

 De las altas palmeras 

 Eres, la hija del sol

 Y la tierra sedienta,

 

 Sedienta; de paz y de amor,

 De lluvia, tierra y libertad.

 Eres quien nos dio la vida 

 Con el beso del relámpago.

 

No te nos mueras,  Aminetu

 

 Que nos dejarás huérfanos

 Sin palomas en el palomar,

 Sin las flores del almendro

 Sin sal, sin aceite y sin pan.

 

 No te nos mueras, Aminetu,

 

  Que nos dejarás solos,

  Sin leche y sin miel,

  En el más duro y negro,

  Impenetrable silencio.

 

  Un Sahara sin Aminetu

 

  Es un desierto sin luna

  Sin oasis, sin camellos

  Sin estrellas y sin sol

  Sin dátiles, sin futuro. 

 

 No te me mueras Aminetu,

 

 Que eres la hija y la madre

 Saharaui más digna y bella,

 Al entregar tu amor, lo mejor

 De ti misma, con una sonrisa.

 

 

No te nos mueras, Aminetu,

 

  Te necesitamos ¡Viva!!

  Necesitamos tu verbo,

  El bálsamo y el abrazo 

  Más cálido y delicado.

 

No te nos mueras, Aminetu

 

Necesitamos el beso alado

De tu alma de niña-madre

Amante de la paz y la vida 

A la luz de la media luna.

 

¡No te nos mueras! ¡Aminetu!!

 

 

                                        Olivier Herrera Marín

                                        Poetas del Mundo en España

 

 

Reseña de Doña Maria Cristina Azcona, Presidenta de IFLAC en Argentina

Reseña  de Doña Maria Cristina Azcona, Presidenta de IFLAC en Argentina

Reseña  de Doña Maria Cristina Azcona, Presidenta de IFLAC en Argentina

 

 “Cuento absurdo a la luz de la luna” escrito por Harmonie Botella Cháves*

 

 

Los cuentos en este libro están “escritos” por sus personajes ya que la autora en general utiliza la primera persona.

 

Cuando leí por primera vez, en la adolescencia, “La Mujer Rota” de Simone de Beauvoir, sentí una descarga eléctrica que me paralizó al instante. Fue la primera persona atada al relato de un infierno interior, que nace de una vida por demás desgraciada y a la vez de un interior o de un pasado aún más difícil.

 

La naturaleza humana oscila entre esos dos mundos en forma continua, como los personajes de estos cuentos.

 

Por otra parte, la autora recrea una realidad tan verídica que hasta nos hace sentir como colgados de una estrella, fuera de esa cruda normalidad que devela en su libro. Una realidad a la que tal vez seamos ciegos y que ella nos ayuda a descubrir. Parafraseando a Calderón de la Barca, tal vez nuestra realidad sea sueño y este libro sea la realidad. Por ejemplo si se trata de un profesional, su discurso es el que le corresponde, por su jerga profesional, sin dejar de ser comprensible al ojo común. Esto le otorga un detalle personalísimo que la autora tiene en cuenta a lo largo del libro en forma destacada. Tal es la descarnada realidad que los rodea, la vivencia creíble de sus desventuras y esa primera persona con que la autora nos desvela hasta el final, apoderándose de nuestra conciencia y de nuestra ansiedad.

 

Pasamos, junto con ella, por varios cambios de vestuario, de personalidad, de sangre, de huesos y de espíritu. Esa es la profundidad con la que accede a despojarnos de toda chance de huida del encantamiento que hipnotiza nuestra mirada, enlazando nuestros dedos a la hoja a cada paso, para ver como continúa la historia.

 

Por supuesto que estos cuentos no tienen nada de absurdos sino que son extremadamente ciertos. Tanto que asusta un poco reconocerlo. Todos somos un poco estos personajes.

 

Particularmente me gustó el cuento de la estudiante que de noche ejercía la prostitución.

 

¿No somos acaso todas las mujeres un poco así? ¿Enfrascadas de día en los quehaceres profesionales y de noche recrudeciendo nuestra corporeidad, hasta el límite de la anorexia nerviosa, buscando ser deseables para nuestras parejas o para nuestros cónyuges? ¿No somos un poco todas así, tan creídas de tener todas las vacas atadas a nuestro carro de amazonas hasta que llega un hombre y se adueña de todo nuestro brío? Creo que el cuento va mucho más allá de una historia de muerte y que encierra un mensaje a la mujer y a sus objetivos de vida, en el que ser ella misma no está presente casi nunca, desvariando entre su éxito profesional y su proverbial característica de buscar la dominación masculina, presa de una proverbial ambigüedad desde tiempos de Eva.

 

En cuanto al estilo que esgrime la autora en este libro, podríamos decir que pareciera realista y en verdad considero que es impresionista, ya que recrea la realidad apoyándose fundamentalmente en la resonancia afectiva y moral del personaje ante el exterior vivido como amenazante, también desde este doble balcón que es moral y también psicológico y afectivo.

 

La dicción que utiliza es sumamente sencilla y fácil de seguir, con lo que logra acercarse a una segura y cierta popularidad en el lector abundoso. Los temas interesan porque son tomados de la vida diaria, de la persona común. El libro es un fresco social donde se mezcla realidad y condena moral, cual un Guernica crudo y a la vez moralista.

 

Harmonie construye un edificio de situaciones muy diversas, en las que nos incluye poco a poco, haciéndonos sentir partícipes, con sutileza, ironía y ternura simultáneamente. Terminamos siendo personajes dentro del libro, tratando de salir de la desarmonía y la angustia fundamental que nos asola junto a los habitantes de sus páginas, solos y desprotegidos como cáscaras de nuez en las aguas turbulentas de la vida.

 

Logra hacer que riamos, lloremos y pensemos como ellos. Nos pasea entre sus sábanas, entre sus amores, entre sus enfermedades y entre sus enajenaciones, como si fuéramos parte de sus almas y sombras en sus crepúsculos afectivos.

 

Por decirlo así, nos hace suyos.

 

YO ESCRIBO POR … Orhan Pamuk Premio Nobel de Literatura 2006.

YO ESCRIBO POR … Orhan Pamuk Premio Nobel de Literatura 2006.

 

 

 

 

«Como ustedes saben, la pregunta que se nos hace a nosotros los escritores, la pregunta predilecta, es ¿Por qué escribe? Yo escribo porque tengo la innata necesidad de escribir. Escribo porque no puedo hacer un trabajo normal como otras personas. Escribo porque quiero leer libros como los que escribo. Escribo porque estoy enojado con todos ustedes, enojado con todo el mundo. Escribo porque amo sentarme a escribir en un cuarto, todo el día. Escribo porque sólo puedo tomar parte de la vida real cambiándola. Escribo porque quiero que todos los demás, todos nosotros, el mundo entero, sepan que clase de vida vivíamos y todavía seguimos viviendo en Estambul, en Turquía. Escribo porque amo el olor del papel, de la lapicera, de la tinta. Escribo porque, más que en cualquier otra cosa, creo en la literatura, en el arte de la novela. Escribo porque es un vicio, una pasión. Escribo porque tengo miedo de ser olvidado. Escribo porque me gusta la gloria y el provecho que conlleva el escribir. Escribo para estar solo. Escribo, tal vez, porque tengo la esperanza de entender por qué estoy tan, pero tan enojado con todos ustedes, tan, pero tan enojado con todo el mundo. Escribo porque me gusta que me lean. Escribo porque una vez que he comenzado una novela, un ensayo, una página, quiero terminarlos. Quiero terminar con esto. Escribo porque todo el mundo espera que yo escriba. Escribo porque tengo una devoción infantil por la inmortalidad de las bibliotecas y por la manera en que mis libros se asentarán en los estantes. Escribo porque es emocionante verter en palabras todas las bellezas y riquezas de la vida. Escribo porque quiero escapar del presentimiento de que hay un lugar al que debo ir, tal como en un sueño, y no puedo llegar allí del todo. Escribo porque nunca he sabido ingeniármelas para ser feliz. Y escribo para ser feliz.»

 

 Orhan Pamuk

 

Premio Nobel de Literatura 2006.