el mar y el ángel
y un ángel baja hasta la profundidad del mar y me muestra su sonrisa y me dice... es el verano -voy a buscarte la perla mas bella- y sonrío
©Carmen María Camacho Adarve
y un ángel baja hasta la profundidad del mar y me muestra su sonrisa y me dice... es el verano -voy a buscarte la perla mas bella- y sonrío
©Carmen María Camacho Adarve
La poeta, ayer por la tarde visito a una vecina, la chacha Lila. Vive en una casita cerca del palomar, en un árbol. La chacha Lila no sabe su edad y quiere borrar de su memoria, las cosas que nunca deberían haberle pasado, como todo lo que perdió en la vida, por no saber decidirse, no soporta los espejos, no sabe quien es, la anciana que la mira, no soporta los días nublados y lo que menos soporta es perderse por la casa.
Es la memoria, a saber, estaba contrariada… corría de una ventana a otra en busca de la luz, para enhebrar una aguja, cuando ya casi tenia el hilo dentro ¡zas! surgía el duende; le empujaba en el codo y nunca conseguía meter el hilo.
La poeta, miraba en silencio a Lila, comprendía con toda perfección, que hacia mucho tiempo que ella no encontraba el hilo para hilvanar sus días con la vida.
©Carmen María Camacho Adarve
La poeta conoce un secreto, es el de los primeros astronautas que llegaron a la luna. Es un secreto absoluto que nunca ellos han contado. A la sombra de la luz de la luna viven todas las ideas que se pierden. La luna, es un mundo asolado por pensamientos de los que solo piensa a medias, que a saber porque, son la mayor parte de las personas. En los cráteres florecen polvorientos los versos de la poeta. Son brotes perdidos en el espacio nocturno. Ninguno de los amigos de la poeta los ha leído. Menos Matilde, la presumida que guarda en un librero con puertas de cristal y a medida trece títulos académicos que restan mucho sitio los versos de la gente sencilla.
©Carmen María Camacho Adarve
A la poeta le parece que: Las locuras de escribir no son las de antes, cuando los escritores hacían gimnasia con la escritura para ingresar en el olimpo de la demencia por las puertas grande del cielo. Ahora, cualquier poeta que sale de las filas de vanguardias y camina por la senda de los maestros del cuento, de los versos, y los clásicos… ni siquiera es echado al fuego del silencio. Se le lee en las universidades y basta. Amén. Hay excepciones clásicas que recuerdan, en su talento y actitudes, mejores épocas de la literatura. “Al amanecer los niños montaron en sus triciclos, y nunca regresaron”... Leopoldo María Panero: los críticos no saben si es un gran poeta porque está loco o (es un gran loco porque es poeta).
La esquizofrenia es una mina llena de genios que doblan el pulso de sus propias esquinas, quitándose sombras y fantasmas de encima, cruzando las calles de las grandes ciudades con los ojos vendados para no ver la masacre.
¿Estuvo alguna vez loco el viejo Borges o su visión de Argos literario nublaba toda otra realidad?
Según Bertrand Russell, Alicia en el país de las maravillas, escrito por un matemático al que le entró un pavor loco cuando echó un vistazo al futuro y vislumbró lo abismal lo oscuro de la persona -por los siglos de los siglos-, representaba para él una fuga hacia un maravilloso país de sueños frente a las locuras de la realidad.
Otro tanto dijo de los libros de Alicia Henry Miller, de quien todavía dicen algunos que no es un escritor erótico sino pornográfico. La diferencia según me contó un marginal y loco escritor, harto de vino, y por lo demás muy cabal y justo, en un antro: “El erotismo es tuyo y la pornografía es el erotismo de los demás”.
Podemos hacer el mismo juego con la locura de escribir (y su paralelo de leer) y se encontrarán a tres calles del manicomio de la historia universal de la literatura frente a la infamia que representa la realidad histórica de los datos, fechas y episodios exactos.
¿Acaso la exactitud y la verdad eliminan la locura? ¿Se enfrenta al poder? “como el loco Gandhi “a la locura del Imperio Británico en la India.
Son y somos un puñado de escritores y filósofos locos por la libertad para la que escribimos los versos más tristes cada noche de locura que transitamos por los muladares lejos de; -la política es cultura-
No, ya no hay, salvo excepciones, locos como los de antes, que dejaban de escribir porque habían llegado a la locura definitiva en su callejón sin retorno o se habían vuelto rematadamente locos por su obstinada grafomanía.
Quedan textos-advertencia, de los peligros de la escritura para quienes: locos lúcidos (pocos) y locos de atar (muchos) entran por propia voluntad o por error irreparable en el jardín de las delicias donde sólo encontrarán la dantesca realidad de la angustia, la soledad y la nada.
Leo me regalo, tres flores de papel plata, que encontró en unas piedras, cerca de una alcantarilla, plantadas en una maceta de plástico azul. Las puse en la ventana y cada mañana las riego con acetona en la que disuelvo un puñado de sal. Las flores crecieron de una forma sorprendente. Tanto crecieron que todos los vecinos, comenzaron a escribir cartas petitorias, en sus pétalos de tres colores.
Las flores de Leo se deshojaron poco a poco disueltas en lloros de muñecas y penitencias de viudas. Pude salvar el único pétalo que quedaba de color azul y escribir un poema muy malo que hablaba de osos y gorilas, que bailaban en un jirón de nube malva, cogidos de la mano.
Y así fue, como deje de creer en Leo y de escuchar sus historias sin final. No sabía aun que todo el mundo, se parece, deje de creer en el amor, como lo contaba los programas de televisión, que Leo siempre veía. De creer en cualquier clase de-importancia- cuando me di cuenta que todo consiste en: guarda besos, en una caja de chocolatinas y guardados para el futuro. Lo que los poetas llaman amor es una fría especulación a veces muy arriesgada.
A la poeta le gustan; las hojas de los árboles, las hojas de los libros, las hojas grandes, de las plantas muy grandes. Mientras por las noches estudia en viejos tratados de brujería, la estadística para averiguar hasta que punto, conocen lo que es el amor, aquellos que nunca han recibido nada a cambio.
He decido no mimar a Leo, no mimar a nadie. Y ponerme un vestido largo para salir a la calle y bajo la falda escondo, un ramo de margaritas doradas. para coronar con ellas los libros de poesía.
©Carmen María Camacho Adarve
...Soy la poeta, que eligió escribir sus versos y morirse de hambre ya que no quería aceptar a los mercaderes, vender, sus textos con traza de estratega a ningún credo. A pesar que parecen bonitos cuando viven escritos en los libros de las organizaciones políticas, en campaña electoral, las ediciones suelen ser de lujo, a veces, el partido de turno, mete versos amañados, en parte de sus discursos... aludiendo al arte creativo y del mismo partido -que la poeta vendida- ensalzando la cultura y barriendo para adentro.
Soy una poeta, muy poco consecuente, sencilla y hasta humilde, que habita en una pacifica, puede ser que mordaz rebeldía, a saber por qué. A veces me rodeo de amigos y de otros que no lo eran, hasta que todos me abandonaron, incluso la más pizpireta vanguardista de poetas anárquicos, esos que recitan versos en “circos de las pulgas” a los niños “cara jaula”.
Y todos me abandonaron, para ir encajándose en el rompecabezas de: universidades, doctorados, claustros poéticos, talleres de poesía de pago, congresos, y seminarios.
A hora son piezas desencajadas en el rompecabezas del amor, al éxito y al dinero.
©Carmen María Camacho Adarve
Esta mañana amaneció el día arrugado. Se replegaron las horas apretujadas unas con otras: las cuatro, las cinco, las seis, las siete. Sin darme cuenta se me echo encima la noche; y me voy acurrucando entre los pliegues de una vida de palabras desgastadas, juntando a puñados, segundos, minutos, y horas. Tiempo en él que nada sucedió. Y es que a veces la vida es de segunda mano. En la mía hubo quien; me negó ser escritora y poeta. Otros se hicieron ricos con mi trabajo. Nadie compro un libro mío. Me robaron tres baúles de palabras blancas. Entraron a mi palomar de madrugada el calor era pegajoso, tenía las ventanas abiertas y acababa de dormirme. Se llevaron las palabras. Empieza la semana y nunca termina está llena de domingos; es incapaz de hacerse lunes y si acaso llega son ya más de las doce de la noche. Y el verano es muy largo en mi palomar. Salgo a la calle y recojo: palabras sueltas, palabras al vuelo, llenando mis baúles. Un cansancio infinito me sorprende, una tristeza me llena el corazón. ¿Recoger palabras? ¿Empezar de nuevo? ¿Quién me lee? ¿Por qué robaron mis palabras? ¿Para quién escribo? ¡Decidme! ¿Qué hacéis con mis palabras? No más cantos de sirenas. No más tierra prometida.
A veces, la vida es manoseada por los demás.
Vuelvo a dormir, con las ventanas abiertas, y el calor sofocante, pensando cómo lo hacen para llegar los primeros a la vida y estrenarla. La vida se me va. Con los viejos que recuerdan a sus muertos y mujeres que llenan siempre el mismo jarro de agua sin dejar que el agua corra.
©Carmen María Camacho Adarve
Han rechazado estos derechos me ha rechazado estos derechos por: se poeta, escritora, pintora. Tener un blog en blogia, un canal en yotube y facebook.
En el ciclónico atlántico de mi alma
Rodeada por círculos de constelaciones
Me complazco en mi centro
De muda calma.
A mi alrededor pesados planetas
De dolor inextinguible,
Allá en lo hondo y tierra adentro,
Se desvanecieron.
Alcobas nupciales y cuartos de niños
Bajo la tierra
Sí, se acabara ya esta larga muerte.
©Carmen Maria Camacho Adarve
El inicio del ciberactivismo por los derechos humanos:
Amina Lawal y Safiya Hussaini
Un sobre grande que contenía una piedra junto con una carta llegó por mensajero a las mesas de muchos medios de comunicación en España.
Esta piedra, firmada por los activistas de Amnistía Internacional fue nuestra tarjeta de visita para implicar a los medios y las personas en las que fueron nuestras primeras ciberacciones y las más numerosas.
La piedra que se incluía en este peculiar envío había sido cuidadosamente seleccionada, tal y como se hace para las lapidaciones reales. Debía tener un tamaño medio, no podía ser ni demasiado grande porque podría causar la muerte inmediatamente, ni demasiado pequeña, pues no provocaría el suficiente sufrimiento.
Disponíamos de unas 3 ó 4 semanas para conseguir detener la ejecución de esta mujer nigeriana, condenada a esta terrible muerte bajo la acusación de adulterio. En pocos días habíamos preparado el impactante envío, que incluía la piedra, para los medios de comunicación y un sitio web, www.amnistiaporsafiya.org, donde Amnistía Internacional iba a poner en marcha la primera campaña de “ciberactivismo”.
Unos días antes de la fecha prevista para la ejecución de Safiya Hussaini, Amnistía Internacional en España depositaba en la Embajada nigeriana de Madrid las más de 600.000 firmas recogidas a través de todos los medios, pero principalmente a través de la web. Una cadena humana de decenas de activistas transportando folios y más folios, cajas llenas de ellos con los nombres de los cientos de miles de personas que actuaban por una mujer pobre y desconocida que estaba a miles de kilómetros. Personas que trabajan por personas, una de las esencias del trabajo de Amnistía Internacional y que esta campaña hizo aflorar de una manera espectacular. La indignación que nos había provocado este caso había hecho que la sociedad actuase y reclamase la libertad de esta mujer.
Y ¡lo logramos! Nuestra presión funcionó y la sentencia que condenaba a muerte a Safiya Hussaini fue anulada y ella quedó libre sin cargos. Sin tiempo para celebrarlo recibimos la noticia desde Nigeria de que otra mujer, Amina Lawal, también era condenada a muerte a pedradas por adulterio.
Al día siguiente comenzamos nuestra campaña para acabar con la lapidación en Nigeria, www.amnistiapornigeria.org. Conseguir que Amina Lawal salvara su vida nos llevó más de un año y también lo logramos. Recogimos más de 10 millones de firmas a través de internet.
Estas dos campañas marcaron una forma de activismo en nuestra organización que seguimos utilizando a día de hoy y si las recuerdo con tanta nitidez es por la cantidad de personas que se involucró, que firmó, que pidió a sus amistades y familiares que lo hicieran. Y lo mejor de todo es que conseguimos que Safiya Husseini y Amina Lawal no fuesen ejecutadas bajo un mar de piedras.
Aunque parezca increíble, nuestras campañas de recogida de firmas a través de internet y también en papel siguen funcionando y siguen salvando miles de vidas, como las de Safiya y Amina, consiguen mejorar leyes que impactan directamente en la vida de muchas personas, han erradicado la pena de muerte en muchos países y un larga lista de éxitos que mejoran, la vida de miles de personas.
Hoy es Intisar quien nos necesita. Por eso, necesitamos tu ayuda para dar el máximo de difusión a nuestra ciberación http://www.es.amnesty.org/actua/acciones/sudan-lapidacion-mujer/
Paseo cuando solo quedan algunas casas con las ventanas encendidas, imagino las historias que albergaran de soledad y derrota, a esa hora de la madrugada donde todo permanece en un silencio trágico. A veces roto por los motores de los autos o el camión de la basura.
Me detengo ante la fachada de una casa ruinosa me acerco hasta un ventanal que da a una galería. Una anciana, desaliñada se mueve por las habitaciones en desorden. Todo patas arriba, los cajones. Los armarios, como después de haber pasado los ladrones. Vagabundeaba por las habitaciones con la mirada perdida, llegaba hasta la cocina y vuelta a empezar…
Creo que si: mi vida en este momento es como la de la mujer mayor y no me encuentro.