CHÉ memoria Por Juan Disante
POR CUÁNTO TIEMPO? POR EDUARDO OWEN
Por cuánto tiempo
Después que haya partido
Conservarán mis zapatos
La forma de mis pies?
Por cuánto tiempo
Después que haya partido
Recordará mi único traje
El peso de los huesos de mis rodillas
Los ángulos rectos de mis codos
La redondez de mis hombros
La curvatura de mi espalda?
Por cuánto tiempo
Después que haya partido
No se olvidará mi corbata favorita
De cómo hacer su esquelético nudo
Sin mirarse en un espejo?
Por cuánto tiempo
Después que haya partido
Me tendrá en sus recuerdos mi camisa más fina
Y su bolsillo en el pecho
(Lugar donde mi pluma y una hoja de papel
Se reúnen a esperar la llegada de un verso
Cuando me disfrazo de “ser gregario”
Y socializo)?
Por cuánto tiempo
Después que haya partido
Seguirán sonando en los oídos de mi ropa
El ruido que hace mi sangre
Al caminar por mis arterias y mis venas
Y el sonido quejumbroso
Que emite mi corazón al latir?
Por cuánto tiempo?
©Eduardo Owen
No se cansa uno de aprender. Crees como un idiota que conoces todos los palos del registro, y los lectores demuestran que van siempre por delante de ti. Por eso teclear esta página me resulta tan instructivo. Por los rebotes. Tal es la razón de que hace unas semanas les contara que, aunque me es imposible responder a las cartas que llegan, leo hasta la última de ellas con el máximo interés. Aprendiendo de nosotros mismos.
Algunos de ustedes recordarán que hace poco hablé de las Navas de Tolosa: la carga de los reyes de Castilla, Aragón y Navarra contra las tropas almohades de Al Nasir. Batalla decisiva, dije, que apenas figura ya -o no figura en absoluto-, en los libros escolares. Quien me lee sabe que el arriba firmante tiene días gamberros, pero las cosas se las curra. Para eso está la biblioteca. A Las Navas nunca me habría atrevido a ir sin refrescar los clásicos: Ambrosio Hici, el texto fundamental de García Fitz, los dos volúmenes de Lago y González, la espléndida reconstrucción de mi compadre Juan Eslava y media docena de cosas más. Quiero decir que no improviso esas cosas, vamos. No las saco de Wikipedia.
Pero oigan. El retorno postal del artículo ha sido interesantísimo, porque el conjunto de cartas es asombroso. Aquel 16 de julio de 1212, fecha en cuya importancia coinciden todos los historiadores del mundo, hasta los guiris, me enfrenta a una triste radiografía de lo que somos y de lo que nos negamos a ser. Las cartas que agradecen la referencia histórica, las que sugieren libros o aportan opiniones y datos, han sido numerosas. Aunque lo fascinante, esta vez, es el modo en que lectores de buena fe, en cartas inteligentes, respetuosas y documentadas, reaccionan ante los detalles de la historia que yo contaba. Todos, sin excepciones, en función de su localización geográfica: la comunidad autónoma, la ciudad, casi el pueblo de cada cual.
El conjunto es desolador: diecisiete versiones distintas. Sabemos que ciertos detalles de aquel suceso aún son debatidos por los historiadores, y que la unidad lograda ese día iba cogida con alfileres; pero el hecho indiscutible, y ejemplar, es que tres reyes españoles batieron juntos en Las Navas al ejército almohade. Es lo que, sencillamente, yo destacaba en el limitado espacio de folio y medio. Sin embargo, dos lectores leoneses de buena solvencia, picados por que el artículo mencionase la ausencia histórica de tropas leonesas en la batalla -pues, efectivamente, el rey de León no estuvo allí-, me escriben para dejar claro que Las Navas no fue tan decisiva como se dice, que el rey Alfonso VIII de Castilla era -uno lo sentencia expresamente- «un verdadero miserable»;y que si los leoneses aprovecharon el trajín para tomar algunas plazas ocupadas por Castilla, sus motivos tenían. Cosa que, por cierto, no negaba el artículo. Otro profesor, navarro y con prestigio universitario, lamenta que no se destacara en el texto «al verdadero protagonista de la batalla», el rey Sancho VII de Navarra; monarca al que, desde una opuesta óptica castellana, otro lector, burgalés, califica como «rey turbio y poco de fiar». Por supuesto, el papel en Las Navas de Pedro II de Aragón -«el monarca catalán Pere II», matizan desde Tarragona con toda la seriedad del mundo- varía de unas cartas a otras: de «rey caballero» a «oportunista aventurero».Tampoco falta quien rebaja la importancia del enemigo, Al Nasir, que no suponía, sostiene, amenaza para el mundo cristiano, por lo que «habría dado lo mismo que lo derrotaran o no». En lo de quitar méritos tampoco zaguea un lector aragonés, que pone al rey castellano de vuelta y media, afirmando que la fama de la batalla se debe a un proceso de manipulación y propaganda organizado a medias por Alfonso de Castilla -«Guerrero mediocre, derrotado en Uclés»- y el arzobispo Jiménez de Rada.
Y ojo. Esos que cito son los doctos: gente respetable por su cultura y argumentos. En otros niveles, imaginen el percal. Ahí entran a saco lectores más elementales, incluidos algunos que blasonan, osados, de su ignorancia. Uno me reprocha que llame moros a los moros, otro confunde almohades -que eran norteafricanos- con andalusíes, y otro, desconociendo que la palabra Hispania la usaban los romanos, critica «que hable de tres reyes españoles cuando en 1212 España todavía no existía» y propone el delicioso término «reyes de naciones ibéricas». Incluido el pobre indocumentado -joven me temo, con la gravedad que eso implica- que afirma, en correo electrónico, que Diego López de Haro, que mandaba la vanguardia cristiana en la batalla, «no era vasco, pues es mentira histórica que los vascos defendiéramos nunca otra cosa que nuestra independencia de Castilla».
Todo lo cual confirma, una vez más, la vieja sospecha: España no tiene otro problema que nosotros. Los españoles.
"Quien no opina como yo está equivocado". Éste es el convencimiento secreto de todas las personas que discuten. Y es lógico que así suceda, porque tener una opinión significa creer que se tiene una opinión acertada; de donde resulta que quienes no tengan la misma opinión tendrán forzosamente una opinión errónea.
El que las propias opiniones sean siempre acertadas se basa en un hecho ya señalado en un pequeño librito de cincuenta páginas escrito por el señor Descartes. Comienza diciendo, ese librito, que la inteligencia es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno está conforme con la que tiene. Es decir: con la mucha que tiene; a lo cual puede, agregarse que cada uno esta conforme, también, con la poca que tienen los demás. Gracias a la mucha inteligencia que uno tiene y a la poca que tienen los demás, resulta que quien siempre está en lo cierto es uno mismo, y quienes siempre se equivocan son los demás.
Como opinar es tener razón, lo terrible es que a uno no lo dejen opinar y le griten: "¡Usted se calla!". Así los padres le amargan a uno la adolescencia, y de la misma manera se la amargan los profesores de matemáticas pues en matemáticas resulta que tampoco lo dejan a uno opinar, que es no dejarlo tener razón. Y lo mismo sucede en la comunidad, cuando uno les grita a todos: "¡Ustedes se callan!", después de lo cual ese uno puede, justamente, decir: "¡Yo siempre tengo razón!"
En el famoso librito del señor Descartes se aconseja no discutir y conformarse con la generosa dosis de inteligencia que Dios le ha dado a cada uno, sin regocijarse por la poca que le ha dado a los demás. Pero sería falso sostener, sin embargo, que las discusiones son inútiles, porque de ellas no surge ninguna verdad. Surge, por lo menos, la reafirmación de dos verdades: precisamente las que se refieren a la mucha inteligencia de uno mismo y a la poca ajena. (Con la ventaja de que de esas dos verdades se convencen las dos personas que discuten). Como, en definitiva, toda discusión tiende a reafirmar ese convencimiento, no conviene invocar razones que compliquen una cosa tan sencilla. Las razones se invocan para demostrar la propia inteligencia, pues tener razón en algo es ser inteligente en la apreciación de ese algo. De ahí que cada uno se resista a aceptar las razones ajenas, y de ahí, también, que cada uno diga que el otro no quiere entender razones. El que discute no acepta razones, y hace bien, porque aceptar razones es reconocer que quien está equivocado es uno mismo y no el otro. Y para llegar a eso no valía la pena discutir. Lo mejor, pues, cuando alguien desconocedor de la técnica de la discusión, invoca razones, es recurrir al argumento clásico y definitivo y decirle: "¡A mí no me va a convencer con razones!" (De otra manera, más popular, pero menos sabia: "¿Usted me quiere trabajar de palabra?").
Un procedimiento eficaz para evitar que la discusión se complique con razones es emitir la propia opinión lo más oscuramente posible. Es el consejo que hace veintitantos siglos daba el señor Aristóteles, que de estas cosas entendía una barbaridad: "Es necesario presentar oscuramente la cosa, pues así lo interesante de la discusión queda en la oscuridad". Si el otro no entiende, tendrá que confesarlo, y confesar que no se entiende algo es confesar que la inteligencia no le da para tanto. (Con este procedimiento se evita, además, que aprendan gratis los curiosos atraídos por la discusión).
Lo molesto, en una discusión, es que cuando uno está exponiendo sesudamente sus opiniones, el otro lo interrumpa para preguntarle: "Me permite, ahora, hablar a mí?" O sea: ¿Me permite opinar? Pero, ¿cómo se lo va a dejar al otro que opine? ¿Cómo se lo va a dejar que, opinando, se forme el prejuicio de que tiene razón? A veces, el otro, pasándose de vivo, lo interrumpe a uno para decirle: "¡Yo no opino lo mismo!" Y con eso cree tener razón, sin darse cuenta de que precisamente porque no opina lo mismo está equivocado. De ahí que, para abreviar la discusión y demostrarle rápidamente al otro que está equivocado, conviene preguntarle: "¿Usted no opina lo mismo? Si contesta que sí, reconocerá que quien tiene razón es uno; y si contesta que no, estará perdido, pues habrá confesado que quien no tiene razón es él. Por eso, quienes saben qué está en juego en una discusión, si se les pregunta: "¿Usted no opina lo mismo?", contestan evasivos: "Mire, yo francamente... ". El "francamente" es para despistar. Los que así contestan son los que no tienen interés en ponerse de acuerdo con nadie. Y, si se mira bien, se verá que en las discusiones nadie puede tener interés de ponerse de acuerdo con nadie. Si después de discutir dos horas es necesario admitir que se estaba de acuerdo, se produce una doble decepción, porque cada uno se ve obligado a estar conforme con la mucha inteligencia que al otro le ha tocado en suerte, que es una manera de no estar conforme con la poca inteligencia que le ha tocado a uno. Y para llegar a eso, tampoco valía la pena discutir.
Como se ve, una buena discusión es toda una técnica de higiene mental; en las discusiones conviene que hable uno sólo y que el otro sea quien confiese que no opina lo mismo. En rigor, cuando se discute no interesa decir qué opina uno mismo ni averiguar qué opina el otro. Lo que interesa es decirle, al otro, que está equivocado, como se asegura que hacía Unamuno. Unamuno entraba en una reunión y preguntaba: "¿De qué se trata? ¡Porque yo me opongo!" Y les demostraba enseguida, sin dejarlos chistar, que todos estaban equivocados. Y si a alguien se le preguntaba después: "¿Qué dijo Unamuno?", ese alguien contestaba: "¡No sé!" ¡Pero tenía toda la razón del mundo!"
Y ahora algún lector podrá sostener que no, que todo esto es falso, que la técnica de la discusión no es ésa. Pero ese lector, por el simple hecho de confesar que no opina como nosotros, reconoce, sin quererlo, que está equivocado.
[Publicado originalmente en El Mundo (periódico) 17-X-1939. Edición de Ricardo Laudato]
© Carmen María Camacho Adarve
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.
Higinio San Millán Juan
El Poeta Higinio San Millán Juan nacio en 1955 en Villar de Mazarife, (León) un pequeño pueblo del Páramo leonés, por donde pasa el camino Santiago. Afincado en Cataluña desde el año 1974, está casado y es padre de dos hijas.
Sentimientos–2 es su tercer libro de poemas.
Carmen María Camacho, Sentimientos 2, es libro sobre el que me ha pedido mi amigo y poeta Higinio San Millán Juan. Unas notas sobre su poemario “Sentimientos 2”; tengo que decir que me honra y satisface hablar de su obra del gran poeta que es, de su humanidad, su buen hacer, de su dedicación. Los poemas están dedicados a su vida, al pueblo donde habita Pallejá, sus personajes, sus calles, sus paisajes. Está dividido en varios espacios: el pueblo, su familia, el amor, la sociedad y sus lados oscuros. Poemas llenos de sentimientos escritos desde la ternura, amor y dulzura con pinceladas machadianas.
Recojo unos versos del libro “Sentimientos 2”… con influencia del gran poeta Don Antonio Machado.
“Perdona rosa,
que has sufrido fríos y tempestades,
calores escarchas,
vientos y huracanes,
gélidas noches,
con albas de rocío,
brotes de agua se deslizan,
como lágrimas por la cara,
poco a poco, sales de la nada
vistiéndote de gala,
con pétalos de seda,
regalas dulce amor,
que es mío,
mi Dios,
eres tú rosa engalanada,
reina del jardín,
casi nada”.
http://poemasdeldiaadia.blogspot.com/ El blog de Higinio San Millán Juan
EN PALLEJÁ BARCELONA; SALÓN DE ACTOS CASTELL DE SIETE A NUEVE DEL 25 DE SEPTIEMBRE 2010
En mi mundo
Las flores tienen rostros de rosas
Pétalos de claveles
El color de los lirios
El aroma de las violetas
En mi mundo
Los niños y los jóvenes de todos colores
Leen a Cervantes y a Shakespeare
Mientras escuchan a Mozart y a Rodrigo
En El Museo del Prado
Bajo un cuadro de Francisco de Goya y Lucientes
En mi mundo
Los poemas de Federico García Lorca y Dylan Thomas
Son recitados por hombres y mujeres
Todos
Camino a la estación
Rumbo al trabajo
(“Un pájaro tan sólo
Canta.
El aire multiplica.
Oímos por espejos…”
“Light breaks
Where no sun shines;
Where no sea runs, the waters of the heart
Push in their tides...”)
En mi mundo
Los seres humanos están tan ocupados
Queriendo al vecino
Que no les queda un segundo
Para jugar a la guerra:
Han tenido que jubilar
Y ahora escriben poesías
Pintan o componen sinfonías
Los submarinos
Los tanques
Los cañones
Fueron fundidos
Para fabricar tractores
Y construir puentes
En mi mundo
El amor a la naturaleza corre
Por las ciudades los desiertos y los campos
Como las gotas de lluvia
Cuando se juntan después de una tormenta
A navegar por las calles y las veredas
En mi mundo
Las religiones que nos separan no existen:
Amamos a un solo Dios
Con un amor apasionado y gigantesco
A través del prójimo
En mi mundo
Todos sonríen
Con la parte más profunda de sus caras:
Con el alma…
©Eduardo Owen
POETAS CONVOCADOS PARA EL 25.09.2010
argentina: juan l. ortiz-julia prilutzky farny-alejandra pizarnik-mario iaquinandi-ana maria vecchioni-elsa solis molina-anett joly-marta pimentel alvarez-susana rodriguez tuegols-liliana esposito aguero-leonor escardo-sandra godio-maria elena herold-graciela malagrida-
españa: carmen camacho adarve-
mexico: mariana bernardez-
chile: vicente huidobro-palmira burgos merino- gladys zapata rodriguez-
brasil: cargnin dos santos-
india: mahatma gandhi-
uruguay:eduardo galeano-
paraguay: ninfa duarte-delfina acosta-
portugal: jose saramago -
cuba: nicolas guillen-
francia: henry michaux-rene char-
peru: cesar vallejo-
los 4 poetas indicados en este color estan por primera vez en el programa.
©Juan Disante - Buenos Aires
Con alas de colibrí prestadas
Con los ojos empapados en ilusión
Por un par de décadas
He volado de la punta de las raíces más pequeñas
Al extremo de las hojas más grandes
De un árbol triste y solitario
Que no ha dejado de mirarme
Desde el patio de mi casa:
No conocí a su madre semilla
Llegó a mi lado siendo un adolescente
Cargado de sueños y proyectos de naranjas
Que nunca nacieron
Que nunca llegaron a vestir sus cascaras
Las lluvias traicioneras
Acudieron a sus citas ocasionales con las nubes
Mas por más de nueve año el sol clavó sus puñales
En el pecho y la espalda del débil árbol
Mientras éste yacía casi en el suelo
Muerto de sed:
La sequía
Mal de males
Había inmigrado a Australia
Desde los desiertos más áridos del mundo
En busca de ríos y lagos que secar
En busca de animales y plantas silvestres que diezmar
Al árbol anémico
Los años
Sus estaciones más cálidas
Varias veces le trajeron unas pocas flores
Nunca en ramos ni coronas
Pero nada más:
Un día de semi-verano
Cuatro naranjas estiraron sus manos
Y se colgaron de sus ramas
Para lentamente trasladarse
Del verde de García Lorca
Al color naranja de Van Gogh
En los veinte años
En que el naranjo ha compartido
Su crecer con mi envejecer
Sólo le ha entregado cuatro frutos
A su tronco a mis ojos y a mi espíritu:
El resto de su vida de vegetal
La ha pasado tejiendo sueños
Pintando fantasías en el cielo
De naranjas jugosas y dulces
Y mermeladas
(Y yo
Desde el otro lado de la ventana
Más de una vez
Lo he visto llorar de impotencia y frustración…)
©Eduardo Owen

Biografía de:
DELFINA ACOSTA
(Asunción, 1956).
Poeta, narradora y periodista. Aunque química-farmacéutica de profesión, Delfina Acosta se ha dedicado a la creación literaria desde muy joven. Sus primeros poemas aparecen en Poesía itinerante (1984), publicación colectiva del Taller de Poesía Manuel Ortiz Guerrero. Posteriormente ha publicado dos poemarios: Todas las voces, mujer... (1986; Premio "Amigos del Arte") y La Cruz del Colibrí (1993). Parte de su obra poética figura en antologías literarias nacionales y extranjeras. En 1987, en los "Juegos Florales" --concurso organizado por la municipalidad asuncena en ocasión del 450 aniversario de la fundación de Asunción-- su obra Pilares de Asunción fue galardonada con el premio "Mburucuyá de plata". Ha ganado además numerosos otros premios, entre ellos: el segundo premio "Poesía Joven" (1983), la "primera mención" en el Concurso de la Municipalidad de Asunción (1991) y una "mención especial" en el concurso de cuento breve "Néstor Romero Valdovinos" (1993) por su cuento "La fiesta en la mar", publicado después en el suplemento cultural del diario "Hoy". Tiene también varios cuentos aún inéditos.
Carmen María Camacho Adarve: Delfina me pidió hace un tiempo, una sipnosis de su libro de cuentos “Guía del cementerio”. Espero me perdones por haber tardado… Dice en uno de los cuentos de su libro que personalmente me dejo con la miel en los labios; del cuento “Nacer poeta”: “cuando el poeta fue a nacer, el firmamento y los planetas telescópicos se encontraban como siempre, es decir como cuando nacen los niños que una vez adultos serán boticarios, hermeneutas, ascensoristas, y vendedores de lotería”…
Son cuentos maravillosos, de infancia, de adolescencia, llenos de poesía, con una cuidada, sencilla y bella prosa. Cuentos que te llevan Paraguay un lugar de América, lejano, exótico, desconocido para muchos europeos. A fin de cuentas cuentos de vivencias en un pueblo en cualquier lugar del Paraguay y del mundo.
Deberíais leerlo, todos los seguidores del blog os dejara un buen sabor de boca y paz en el corazón. Gracias mi amiga Delfina por esta joya de libro. Espero mas libros tuyos.
Carmen María Camacho Adarve.
LIBRO POEMARIO SOBRE ÁNGELES POEMA ÁNGEL DE LLUVIA
VOZ: MARIO LUIS ALTUZAR.
Querida Carmen María:
Casi dos meses se demoró
Tu “Poemario Sobre Ángeles”
En atravesar un océano
Algunos furiosos vientos
Más de una tribu de nubes
Varios mares
Y uno que otro país
Hasta que hoy
Jueves 16 de septiembre
(Después de tanto volar
Andar en motocicleta de cartero
Y caminar en los zapatos
De un empleado de “Australia Post”)
Llegó a descansar en mis manos
Junto a los canguros y a los koalas
Valía la pena esperar:
Ahora
Después de haberlo leído
Estoy rodeado de ángeles y querubines
Que no dejan de volar sus vuelos
Alrededor de mi halo:
Mis ojos de carne hueso y pestañas
No los pueden ver
Pero mi espíritu
Más de una vez
Ha salido a volar con ellos
Enhorabuena poeta!
“Congratulations!”
(Como se dice aquí
Con una “big smile” en el rostro)
Después de haberme recitado tus poemas
Tu hermoso libro descansa de su largo viaje
(Reponiéndose del “jet lag”)
En un librero de eucalipto australiano
Entre mis libros de García Lorca
Neruda
Dylan Thomas
Octavio Paz
Y Gilberto Owen
Mis escritores favoritos!
©Eduardo Owen
MI PRIMER CELULAR POR EDUARDO OWEN
(Hoy, despues de varios dias, he vuelto a escribir)
Me demoré setenta años
En llegar al siglo veintiuno:
Libertad!
Libertad!
Gritaba excitadamente mi privacidad
Mi paz y mi tranquilidad la miraban y escuchaban
Desde la cima de su paraíso terrenal
El Día del Padre este año
(Después del primero
Hace cuarentáiseis calendarios)
Aleluya!
Aleluya!
Uno de mis hijos
Me ha regalado un teléfono celular
(O “mobile”
Como los llamamos en Australia):
Ahora
Mi vida diaria
Otrora quieta y relajada
Se ha llenado de paréntesis malvenidos
De sonidos de falsas campanillas
De diálogos superficiales
De signos de exclamación irreverentes
Que interrumpen continuamente
Las muy privadas y hermosas conversaciones
Entre mi corazón y mi mente
Es un animal muy pequeño
(Nokia creo que es su apellido)
Pero
Como se dice por aquí
“It’s a pain in the bum!”
(=Es un dolor en el trasero!)
[Ni siquiera puedo ir solo al baño!]
Adiós tranquilidad
Poco a poco
Continuamente
La belleza de mi silencio
Está siendo corroída por los llamados
Que el mundo me hace
Para hablar de cosas tan profundas
Como la posibilidad de que hoy llueva
Lo que muestran en la tele esta noche
Y/o el precio de un par de zapatos…
©Eduardo Owen
EL DOMADOR
El dos de agosto de mil novecientos setenta y siete, caminado por el paseo, sobre las cinco de la tarde. Me encontré, con Moisés. Muy excitado y corriendo vino hacia mi.
-¡Hola Manuela! en ti estaba yo pensado ¿seria casualidad?
-¡Buenas tardes Moisés!... ¿...y eso? –le pregunte-
-Pues por que hace días que no te veo, Manuela, y quisiera enseñarte lo que va a ser, la que será mi nueva profesión, sabes estoy cansado de trabajar de dilley en la discoteca “Europa”; solo me piden coplas y pasodobles ¡no saben nada de buena música! –Me dijo- ¿me acompañas a mi casa y te enseño las fieras y como las domo? Es muy importante para mí tu opinión.
-Bueno, -dije- acuciada por el miedo sabio quien era Moisés, “me va a encantar verte de domador”.
-De momento solo son pruebas…Sabes Manuela ¡y no te preocupes que no corres peligro alguno! –Concluyo- venga vamos Manuela a mi casa que te voy a hacer una demostración excelsa y memorable.
Subimos por el paseo, hasta llegar a una calle estrecha. Caminamos unos pasos más y Moisés y yo nos encontramos frente al portón de una casa grande de campo. Metió la llave en la cerradura y silbando la abrió entramos a un patio cuadrado, con columnas sujetas por pilastras y artesonado, una fuente de agua, el centro lleno de macetas de pilistras de hojas verdes. En un lateral del patio había una escalera de madera, todas las habitaciones de la casa estaban separadas por la escalera. Pasamos por una salita, donde los padres de Moisés, dormitaban en sillones de mimbre. Moisés, dio unos golpecitos en la puerta abierta de la salita. Los padres abrieron los ojos y Moisés les dijo “padre, madre que voy a subir a la cámara con Manuela. “Muy bien hijo subid” estas muy guapa Manuela, “¿Queréis merendar”? –Dijo- la madre… bueno –respondimos- y minutos mas tarde apareció Doña Águeda llevando en las manos: dos bollos de aceite con una onza de chocolate cada uno”, “tomad la merienda” –concluyo- la madre –gracias –dijimos- y continuamos subiendo tres tramos mas de escalera, mientras merendábamos Moisés iba delante de mi llegamos a la cámara, que es en las casas de campo una habitación grande debajo del tejado, se utiliza como desahogó de la casa para guardad; trastos viejos y aperos de labranza en desuso. Cuando entramos en la enorme cámara, Moisés, descolgó de un clavo de una pared un látigo.
-¿Dónde están las fieras Moisés? –Pregunte- con pavor dándole un mordisco al bollo de aceite.
-Mira Manuela, ¿vez la pared del fondo? Pues en aquel saco grande las tengo, ya están preparadas para la doma…
-¡Ángela María! -dije- con un hilillo de voz y sin perder de vista la puerta de salida ¿seguro que no son peligrosas? con tantos días sin comer y dentro de un saco… y nosotros con el bollo y el chocolate ¡horror de horrores!
-Que va, no ves que llevo el látigo no corremos ningún peligro. Vamos que voy a empezar la doma.
Totalmente paralizada por el miedo seguí a Moisés hasta el saco que se movía, el iba dando latigazos a tontas y a locas, cuando llegamos junto al saco, -me dijo- ¡agachate!
Y disfruta del espectáculo ¡mira al saco! que voy a desatarlo. Abducida por Moisés hice lo que me ordeno.
Siete gatos; hambrientos, enfurecidos, saltaban dando grades maullidos en todas direcciones, Moisés, daba latigazos a diestro y siniestro, tres gatos saltaron justo sobre mi cabeza, devorando el resto del bollo, otros en mi espalda y pecho, me resbale y quise sujetarme me clavaron las uñas en la cara, otro me clavaba las uñas recorriendo toda la espalda bufaron, se largaron al suelo después de dejarme hecha un eceómo y escaparon por los respiraderos de la cámara, otros corrieron por escaleras como si tuviera cohetes en la cola. Moisés intentaba deshacerse de varios gatos que devoraban los restos de su merienda bufaba y resollaba, con la cara llena de sangre como un pescuezo acosado por los tábanos... Acuse a Moisés, que podía haberse contentado con dar latigazos por la cámara y domarlos cuando estuviese en soledad. Y así evitarnos “los arañones” que nos iban a durar más de un mes, Moisés me acusó de haberle tirado con unos gatos, a traición, cuando el tranquilamente andaba domándolos con su látigo, con la intención alevosa de que le desfigurasen la cara. A mí me chorreaba la sangre por la cara y tenia la camiseta echa jirones, por donde saltaban gotas de sangre. Le grite ¡“tu no eres domador de gatos”!, “¡eres un vaina”! “¡Y un loco!”. Me has engañado metiéndome en una trampa. Y además -le dije- que si el gato te saltó encima, Moisés, fue porque me había pegado un susto de muerte y me quite como pude dos gatos de la cara, ellos saltaron sobre ti. Sin que yo te los tirase. Mira, Moisés yo no tenía por qué ni para qué andar a aquella hora ni a ninguna otra, por tu casa, tu me invitaste por puras ganas armarla. Casi me matan esas fieras, como me la has armado; Moisés eres un mal muchacho, te has aprovechado de nuestra amistad, te has valido de que yo estuviera por el paseo sola y desarmada. Únicamente para vengarte porque es público y notorio que me la tenías jurada... (Vete a saber por que) pero por la pinta tenías unas ganas locas de volverte gato. Mire a Moisés tenía la cara toda” rajuñada” y estilando sangre, mi cara como un eceómo, la camiseta hecha tiras, dejando ver mi espalda “rascuñada”.
Sarna con gusto no pica, dicen... –me dijo- “! Que eres domador de gatos” ¡“¡Vete al carajo!” “¡tonto el haba!”. Baje las escaleras, maltrecha, dolorida, engañada, con furia y odio. Por el paseo me encontré con mi padre que andaba buscándome y al verme… termino de descomponerme. Todo por culpa de un domador de gatos.
©.Carmen María Camacho Adarve