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TEMAS BLOG OFICIAL DE LA POETA Y ESCRITORA andaluza Carmen Camacho ©2017

Cartas

Cartas

La poeta a veces para mitigar la soledad se reúne con sus amigos, para tomar helado de chocolate y jugar a la brisca. Las cartas están marcadas y muy gastadas nadie quiere apostar mucho a no ser que tenga tres ases para ganar al contrario. La poeta se sienta en un viejo sillón desde donde observa como sus amigos; se quitan las cartas de las manos, intentan hacer trapa, debajo de la mesa, y guardan con avidez las monedas en los más oscuro de sus bolsillos. La poeta en ese punto nota una ligera vacuidad al mirar a todos los que quieren ganar a cualquier precio, sea como sea, a pesar que lo ganado no les sirve de gran cosa. A esta poeta no le pasa lo mismo y ganar por ganar me deja fría.

Venga Leo raparte las cartas y escupiendo gritos como un loco en todas las esquinas de la ciudad. Grita fuerte sobre la geometría de cemento impuesta por el ingenio, el arte, la cultura y la creatividad de los ayuntamientos, que lentamente han asesinado el palpitar de las calles, a saber por que, ten presente Leo que hace mucho tiempo murieron los pajarillos. No temas nunca decir lo que piensas ni lo que sientes si te apetece decirlo. La derrota solo es otra cara más de ti mismo. Aunque no seas capaz de enfrentarte con ella ante tu propio espejo. Debes pensar que son muy pocos los que tienen una sola cara y que la mayoría de la gente tiene mas de cinco. Por eso no importa si no eres un ganador ya que aun no has averiguado que te va a servir ganar. Olvídate Leo de ensalzar las frases hechas trabajosamente aprendidas, ninguna de ellas es capaz de responder a cualquiera de tus trece preguntas. Fueron hechas por personas que nunca necesitaron respuestas. Ten completa seguridad que la primera persona que cedió parte de su poder y soberanía a otra persona no dejo de arrepentirse jamás, ni un solo momento.

María, no hace falta que escondas tus cartas bajo la mantelería, no vale la pena que hagas trampa, ya que tus amigas serán las primeras en delatarte. Cuando se enteren que te has guardado todos los ases.

Echa las cartas Leo, no pienses en lo que sucede fuera de la luz de tu lámpara y no te concierne. Deja a otros que ponga palabras explosivas con mecha o sin ella en las mesas ovales de universidades y ministerios de cultura. Deja que lo hagan aquellos que se creen capaces de arreglar el mundo haciendo ruido de palabras. Los que no conocen la seguridad profunda que da el silencio. Tolerante con los valores de los demás. Da las cartas Leo piensa que los poseedores de la verdad son personas como tu, como yo, a pesar de su permanente tendencia a disfrazarse de otra cosa. Y no escribas nunca una comedia que nadie será capaz de comprender salvo dos chiquillas eternamente solas y ficticias de segunda fila. No llores Mari que se te corre el rimel y te vas a poner hecha una facha de las cartas. Leo no hagas la guerra, pide la paz, por que a ti no te gusta la guerra, son otros los que quieren luchar en tu contra. Desde que se han dado cuenta que no te gustan sus corbatas, ni sus carteras, ni sus bolsos de piel. Mari ¿Quién te lo ha regalado? ¿Te lo has comprado tú? –Me gustaría- tener uno como ese pero de imitación no es cuestión de que vayamos iguales seria literalmente un corte de cartas. Leo si quieres haz la guerra, si no quieres no hagas el amor. Y sobre todo procura no pensar en tus sueños de niño que nunca pudo conseguir una bicicleta.

La poeta a veces se junta con sus amigos y les cuenta sus proyectos. Esta poeta sabe bien que son cosas irrealizables y me resigno. El precio de mi alma es absurdo.

©Carmen María Camacho Adarve

Les Luthiers - Se destetó teté + República de Banania

Vacías quedarán

Vacías quedarán



Tengo unos poemas

los llevo siempre donde voy.

Son mi tesoro, mi obsesión,

una clara medida de lo que busco.


En el libro están, entre la noche

de las páginas sin abrir.


Atados a mi corazón solitario,

endurecidos en la lápida del tiempo.


Sin aliento, desangrados,

perdidos en la palabra por la palabra.


Tengo unos poemas que entregar

en blanco quedarán las hojas

y solo la vida será la página luminosa que llenar.


Del libro Molinos Poéticos, del poeta chileno

©Sebastian Venegas Novakovic

Simón

Simón

 

 

 

Después de presentar sus respetos, abrazar a la viuda, besar a los niños, acariciar al bebe, volver abrazar a la madre, saludar a los familiares y asentir con seriedad como si fuera dueño de funeraria , se iba al comedor a almorzar. Con intriga la gente se preguntaba ¿“Quien será este señor, dónde y cómo lo han conocido, a qué parentela pertenecerá. Será un nieto del abuelo o algún familiar de alguna rama colateral. Será algún albacea, o un amigo de la familia, un amigo de la señora, un pariente, o alguien muy lejano que viene a presentar sus respetos? Todos los días, o casi todos, Simón, se encontraba almorzando en la funeraria; era todo un profesional, su predilección era; los consomés, las galletas, los chocolates, los cafés de las tardes. Almorzaba abundantemente después de acompañar en la oración; un padre nuestro y aves marías, oír responsos y hasta las misas. Luego se escapaba sigiloso al comedor. Casi nunca había desayuno, pero si un buen café y a veces por las noches se iba en blanco, pero los fines de semana, siempre eran los mejores, se comía el doble. Un difunto en una funeraria, otro en otra y si eran de alcurnia, pues mucho mejor. Un funeral de doctor, de ministro, o de gran señor, eran de un almuerzo, de lo mejor, de los más abundantes, pues además de haber mucha gente, él lograba pasar desapercibido. Su corbata negra, su flux gris muy oscuro, tirando a luto y su camisa blanca de manga de yuntas, lo hacían de buen ver. Había preguntas en los rostros de las personas,” ¿Quién es este señor que caricompunjido saluda a los deudos, dando pésames a diestra y sinistra, dando abrazos y apretones de mano?... Lo dejaban pasar. No tenía trabajo y como último recurso, empezó a visitar las funerarias, viendo los avisos, las esquelas, las invitaciones en los periódicos, que conseguía en las madrugadas, y así podía escoger en donde se podía comer con toda tranquilidad.

© Rubén D. Patrizi M.


 

VERSOS MUERTOS

VERSOS MUERTOS




Algunos querían que los versos de la poeta acabaran en un soplo poca gente fue capaz de pensar en ellos como si estuviesen vivos ya se sabe que los versos muertos son recuerdos que amarillean al sepia y pocas veces merece la pena volver a buscarlo si además se trata de personas que no han ganado batallas ni perdido su alma en andenes de trenes pero los amigos de la poeta y algunos que no lo eran se reunieron en una comida y optaron por evocar sus versos como si la poeta estuviera sentada con ellos en la misma mesa fue un absoluto fracaso su libro fue leído en voz alta por un actor muy caro eso si poseía una dicción perfecta mientras todos se dedicaban a engullir y se decían todo ha salido muy bien tendremos que reunirnos mucha mas veces que tierno estaba el entrecot nos vemos nos vemos nos llamamos.


No sirvió de gran cosa y se fueron por donde habían venido mientras la poeta permanecía muy quieta en aquella tumba que le prestaron y el actor muy muy caro se llevaba el libro a su ático para calzar con el un librero que tenia una pata mas corta que las otras a pesar de todo los versos muertos permanecieron pegados a las paredes del restaurante y los comensales siguientes que era de una boda tuvieron que oír repetidas veces la narración de un cuento que la verdad no les importaba nada solo un niño lo recordó años mas tarde y creyó revivir trozos de un cuento que una vez escucho de
pequeño mientras comía aunque ya su recuerdo era incompleto y algo difuso.


El libro de esta poeta sigue allí bajo el librero del actor.


©Carmen María Camacho Adarve

Joan Manuel Serrat Miguel Ríos - Para la libertad DE EXPRESION

De Miguel Hernandez

 

MALAS PALABRAS

MALAS PALABRAS

 

  Las palabras escritas de aquella desconocida galopaban a latigazos por mi sangre, como cullillos afilados.

  En contacto con el aire, cobraban formas de panes secos y duros de tonos enmohecidos y olores ocres.

 Dañaban desde el mismo momento en que rozaban el papel blanco cruzando las distancias que me separaba.

 Me producían un dolor intenso insoportable.

Se habían cruzado las palabras en mis textos, en las aceras, de la ciudad corriente.

 Me habían elegido sus palabras para descargar su ira, entre un centenar, un millar anónimas palabras que recorrían en el mismo instante todas las calles.

La  mala impresión inicial y la repulsa inmediata de aquellas palabras,  se confirmaban al contemplar la imagen espantosa de la ladrona de palabras, veía  aquella  figura ante  mis ojos, con  curiosidad y repugnancia, recreándome morbosamente sin ser capaz de evitarlo, en cada uno de las consonantes: un olor nauseabundo de vocales,  grasientas, envenenadas,  enmarañadas,  como un abrigo oscuro y destartalado,  pantalones con los dobladillos descosidos, en los que las palabras se tapaban unas  otras,  calzadas zarrapastrosas en los pies, unas sandalias mediocres…

La ladrona de palabras las encadenaba en una retahíla de sin sentidos, palabras atropelladas y entremezcladas.  Despotricaban, insultaban, gritaban, alzaban las manos en señal de reclamo a algún poder supremo, siempre se dirigían a mí, mortificándome  a lo largo de mi camino.

 La brusquedad del encontronazo me habían atrapado me mantenía inmóvil, anclada a aquella baldosa del suelo.

 En ese diminuto pedazo de mundo que parecía querer que yo habitara desterrada siempre

Las palabras como hojas afiladas de cuchillos empezaban a producirme una sensación de rigidez seguida por un hormigueo insoportablemente intenso y dolorosos calambres.

Al principio, intente analizar la situación, mantener algún tipo de calmada perspectiva, resultó imposible.

No entendía que clase de imperativos irracionales son suficientes para arrastrar a una persona a perder el control, abandonándose por completo, los imperativos, los gerundios, me encadenaron a una paranoia para alejarme de la realidad, cotidiana, de mi realidad.

 

¿Cuándo se rompe el hilo finísimo de las malas palabras que nos ata a la cordura, en qué momento distes a la ladrona de palabras, carta blanca?  ¿Dejaste a otros?  -entrometerse- en el ritmo de tu corazón- ¿en tu existencia?

 

Las malas palabras continuaban creciendo, como la mala hierba, empezaba a resultar insoportable.

Aún así, seguía sin hacer absolutamente nada.

Me limitaba a observarlas perpleja, sin alcanzar la velocidad de los epítetos, de los gerundios, imperativos...

 Debía tomar una decisión:

Opte   por escucharlas

Opte por dejarlas correr

Opte por permitirles desahogarse, gritar, jurar, maldecir, llorar, arrodillarse, arrastrarse, suplicar, callar, esbozar una sonrisa maliciosamente leve, y tras años, los  más largos vividos, Al abrir mis tres baúles de palabras buenas

 Comencé a reír a carcajadas.

Reí con entusiasmo, como ríen los niños, con la frescura que la vida nos arrebata.  Reí con la felicidad que da la libertad, la vida, la verdad.  Al abrir mis tres baúles de palabras buenas –horrorizadas- huían las palabras malas

Mi risa era magia en estado puro que exortizaban a las malas palabras y muchos de los que un día se apartaron de mi, en aquellas calles de una ciudad cualquiera, contagiados, se marcharon sonriendo.

Me fui con mis baúles repleto de carcajadas a vivir con las gentes sencillas.

©Carmen María Camacho Adarve

 

 

 

 

ODA A LA CRÍTICA

ODA A LA CRÍTICA


Yo escribí cinco versos: uno verde,
otro era un pan redondo,
el tercero una casa levantándose,
el cuarto era un anillo,
el quinto verso era
corto como un relámpago
y al escribirlo
me dejó en la razón su quemadura.

Y bien, los hombres, las mujeres,
vinieron y tomaron
la sencilla materia,
brizna, viento, fulgor, barro, madera
y con tan poca cosa
construyeron
paredes, pisos, sueños,
En una línea de mi poesía
secaron ropa al viento.
Comieron mis palabras,
las guardaron
junto a la cabecera,
vivieron con un verso,
con la luz que salió de mi costado.
Entonces, llegó un crítico mudo
y otro lleno de lenguas,
y otros, otros llegaron
ciegos o llenos de ojos,
elegantes algunos
como claveles con zapatos rojos,
otros estrictamente
vestidos de cadáveres,
algunos partidarios
del rey y su elevada monarquía,
otros se habían
enredado en la frente
de Marx y pataleaban en su barba,
otros eran ingleses,
y entre todos se lanzaron
con dientes y cuchillos,
con diccionarios y
otras armas negras,
con citas respetables,
se lanzaron
a distupar mi pobre poesía
a las sencillas gentes
que la amaban:
y la hicieron embudos,
la enrollaron,
la sujetaron con cien alfileres,
la cubrieron con polvo de esqueleto,
la llenaron de tinta,
la escupieron con suave
benignidad de gatos,
la destinaron a envolver relojes,
la protegieron y la condenaron,
le arrimaron petróleo,
le dedicaron húmedos tratados,
la cocieron con leche,
le agregaron pequeñas piedrecitas,
fueron borrándole vocales,
fueron matándole
sílabas y suspiros,
la arrugaron e hicieron
un pequeño paquete
que destinaron cuidadosamente
a sus desvanes, a sus cementerios,
luego se retiraron uno a uno
enfurecidos hasta la locura.
Porque no fui bastante
popular para ellos
o impregnados de
dulce menosprecio
por mi ordinaria falta de tinieblas,
se retiraron todos y entonces,
otra vez, junto a mi poesía
volvieron a vivir
mujeres y hombres,
de hicieron fuego,
construyeron casas,
comieron pan,
se repartieron la luz
y en el amor unieron relámpago y anillo.
Y ahora, perdonadme, señores,
que interrumpa este cuento
que les estoy contando
y me vaya a vivir
para siempre
con la gente sencilla.

Pablo Neruda





Hoy 19 de mayo es mi cumpleaños y Hugo Varela -PENSO- Para tu cumpleaños pense...

 ¿y vosotros? ¡quiero regaloooooos¡

gracias ha todos los que me leéis muchos besos. 

Víctor Jara - Ni chicha ni limonaa

Andaluces de Jaén - Paco Ibañez.

La mala reputación -Paco Ibañez.

PACO IBAÑEZ Que se haga justicia

Justicia también para todos los poetas

libres de esta tierra,

justicia para los poetas pobres,

sin abogados,

sin pan,

sin forrarse,

robados y engañados.

 

©Carmen María Camacho Adarve

 

 

Diario de León (edición digital)

 

Melchor Sáiz-Pardo

ESPAÑA

Fecha Domingo, 20 de Mayo de 2007

La Fiscalía cree que la muerte de Couso no fue un crimen de guerra

 

El fiscal de la Audiencia Nacional Jesús Alonso pidió ayer al juez Santiago Pedraz el archivo definitivo del sumario que investiga la muerte del periodista español José Couso, asesinado el 8 abril de 2003 por el disparo de un proyectil desde un carro blindado contra el hotel Palestina de Bagdad durante el asalto norteamericano a la capital iraquí.

 

El Ministerio Público, que pide que de inmediato se revoquen las órdenes de busca y captura internacional contra los tres soldados estadounidenses que viajaban en el tanque, entiende que la muerte del cámara de Telecinco no fue un asesinato ni fue un crimen contra la comunidad internacional (crimen de guerra), porque la actuación de los militares no fue «indiscriminada ni excesiva».

 

El escrito en el que Alonso pide el final de la investigación es la respuesta que da la Fiscalía a la decisión del juez Pedraz del pasado 27 de abril de procesar por asesinato con alevosía y crimen de guerra al teniente coronel Philip de Camp, jefe del Regimiento de Blindados número 64 de la Tercera División de Infantería Acorazada; el capitán Philip Wolford, oficial que estaba al mando de la unidad a la que pertenecía el carro que disparó contra el hotel; y el sargento Thomas Gibson, autor del disparo que acabó con la vida del cámara.

 

http://www.diariodeleon.es/se_nacional/noticia.jsp?CAT=102&TEXTO=581846

 

 

 

La poesia es... - Paco Ibañez.

Esta poeta

Esta poeta

La poeta era una persona amable y confiada quería mucho a sus amigos pero fue asesinada lentamente por casi todos ellos y algunos mas que no lo eran.



Se dice que la gente se ríe de los que aun mueren de tristeza si definitivamente las lágrimas solo son sustancia salada turbia muy mal escrita en los libros que enseñan como rellenar la lotería primitiva y describen triunfalmente las muchas cualidades del ganador a la vez que censuran agriamente a los que pierden la historia solo empezara a ser coherente el día que la escriban los vencidos.



Los amigos de la poeta no eran capaces de entender sus versos escasos carentes de sentido practico tal vez vete a saber porque nunca llego a escribir nada concreto hasta poco antes de su muerte definitiva entonces llegaron los dispensadores de glorias leyeron su libro de forma inmediata buscaron su ataúd para que lo abrieran los profanadores de tumbas aunque nunca lo encontraron la poeta esta profundamente enterrada en una tumba sin lapida de piedra en medio de un plagio de otros poetas concretamente de una poeta y entre los claroscuros de amores rotos e incomprendidos.



-Ya se sabe que esto le puede pasar a cualquiera-


©Carmen María Camacho Adarve

El retablo de las Maravillas

El retablo de las Maravillas

Miguel de Cervantes Saavedra

 

No se te pasen de la memoria, Chirinos, mis advertimientos, principalmente los que te he dado para este nuevo embuste, que ha de salir tan a luz como el pasado del Llovista.

CHIRINOS

Chanfalla ilustre, lo que en mí fuere tenlo como de molde; que tanta memoria tengo como entendimiento, a quien se junta una voluntad de acertar a satisfacerte, que excede a las demás potencias. Pero dime: ¿de qué sirve este Rabelín que hemos tomado? Nosotros dos solos, ¿no pudiéramos salir con

esta empresa?

CHANFALLA

Habíamosle menester como el pan de la boca, para tocar en los espacios que tardaren en salir las figuras del Retablo de las Maravillas.

CHIRINOS

Maravilla será si no nos apedrean por solo el Rabelín; porque tan desventurada criaturilla no la he visto en todos los días de mi vida.

Entra el RABELÍN

RABELÍN

¿Hase de hacer algo en este pueblo, señor autor? Que ya me muero porque vuesa merced vea que no me tomó a carga cerrada.

CHIRINOS

Cuatro cuerpos de los vuestros no harán un tercio, cuanto más una carga; si no sois más gran músico que grande, medrados estamos.

RABELÍN

Ello dirá; que en verdad que me han escrito para entrar en una compañía de partes, por chico que soy.

CHANFALLA

Si os han de dar la parte a medida del cuerpo, casi será invisible. Chirinos, poco a poco, estamos ya en el pueblo, y estos que aquí vienen deben de ser, como lo son sin duda, el Gobernador y los Alcaldes. Salgámosles al encuentro, y date un filo a la lengua en la piedra de la adulación; pero no despuntes de aguda.

Salen el GOBERNADOR y BENITO Repollo, alcalde, JUAN Castrado, regidor, y Pedro CAPACHO, escribano

Beso a vuesas mercedes las manos: ¿quién de vuesas mercedes es elGobernador deste pueblo?

GOBERNADOR

Yo soy el Gobernador; ¿qué es lo que queréis, buen hombre?

CHANFALLA

A tener yo dos onzas de entendimiento, hubiera echado de ver que esa peripatética y anchurosa presencia no podía ser de otro que del dignísimo Gobernador deste honrado pueblo; que, con venirlo a ser de las Algarrobillas, lo deseche vuesa merced.

CHIRINOS

En vida de la señora y de los señoritos, si es que el señor Gobernador los tiene.

CAPACHO

No es casado el señor Gobernador.

CHIRINOS

Para cuando lo sea; que no se perderá nada.

GOBERNADOR

Y bien, ¿qué es lo que queréis, hombre honrado?

CHIRINOS

Honrados días viva vuesa merced, que así nos honra; en fin, la encina da bellotas; el pero, peras; la parra, uvas, y el honrado, honra, sin poder hacer otra cosa.

BENITO

Sentencia ciceronianca, sin quitar ni poner un punto.

CAPACHO

Ciceroniana quiso decir el señor alcalde Benito Repollo.

BENITO

Siempre quiero decir lo que es mejor, sino que las más veces no acierto;en fin, buen hombre, ¿qué queréis?

CHANFALLA

Yo, señores míos, soy Montiel, el que trae el Retablo de las maravillas. Hanme enviado a llamar de la Corte los señores cofrades de los hospitales, porque no hay autor de comedias en ella, y perecen los hospitales, y con mi ida se remediará todo.

GOBERNADOR

Y ¿qué quiere decir Retablo de las maravillas?

CHANFALLA

Por las maravillosas cosas que en él se enseñan y muestran, viene a ser llamado Retablo de las maravillas; el cual fabricó y compuso el sabio Tontonelo debajo de tales paralelos, rumbos, astros y estrellas, con tales puntos, caracteres y observaciones, que ninguno puede ver las cosas que en él se muestran, que tenga alguna raza de confeso, o no sea habido y procreado de sus padres de legítimo matrimonio; y el que fuere contagiado destas dos tan usadas enfermedades, despídase de ver las cosas, jamás vistas ni oídas, de mi retablo.

BENITO

Ahora echo de ver que cada día se ven en el mundo cosas nuevas. Y ¿que se llamaba Tontonelo el sabio que el retablo compuso?

CHIRINOS

Tontonelo se llamaba, nacido en la ciudad de Tontonela; hombre de quienhay fama que le llegaba la barba a la cintura.

BENITO

Por la mayor parte, los hombres de grandes barbas son sabihondos.

GOBERNADOR

Señor regidor Juan Castrado, yo determino, debajo de su buen parecer, que esta noche se despose la señora [Juana] Castrada, su hija, de quien yo soy padrino, y, en regocijo de la fiesta, quiero que el señor Montiel muestre en vuestra casa su Retablo.

JUAN

Eso tengo yo por servir al señor Gobernador, con cuyo parecer me convengo, entablo y arrimo, aunque haya otra cosa en contrario.

CHIRINOS

La cosa que hay en contrario es que, si no se nos paga primero nuestro trabajo, así verán las figuras como por el cerro de Úbeda. ¿Y vuesas mercedes, señores justicias, tienen conciencia y alma en esos cuerpos? ¡Bueno sería que entrase esta noche todo el pueblo en casa del señor Juan Castrado, o como es su gracia, y viese lo contenido en el tal Retablo, y mañana, cuando quisiésemos mostralle al pueblo, no hubiese ánima que le viese! No, señores; no, señores: ante omnia nos han de pagar lo que fuere justo.

BENITO

Señora autora, aquí no os ha de pagar ninguna Antona, ni ningún Antoño; el señor regidor Juan Castrado os pagará más que honradamente, y si no, el Concejo. ¡Bien conocéis el lugar, por cierto! Aquí, hermana, no aguardamos a que ninguna Antona pague por nosotros.

CAPACHO

¡Pecador de mí, señor Benito Repollo, y qué lejos da del blanco! No dice la señora autora que pague ninguna Antona, sino que le paguen adelantado y ante todas cosas, que eso quiere decir ante omnia.

BENITO

Mirad, escribano Pedro Capacho, haced vos que me hablen a derechas, que yo entenderé a pie llano; vos, que sois leído y escribido, podéis entender esas algarabías de allende, que yo no.

JUAN

Ahora bien, ¿contentarse ha el señor autor con que yo le dé adelantados media docena de ducados? Y más, que se tendrá cuidado que no entre gente del pueblo esta noche en mi casa.

CHANFALLA

Soy contento; porque yo me fío de la diligencia de vuesa merced y de su buen término.

JUAN

Pues véngase conmigo. Recibirá el dinero, y verá mi casa, y la comodidad que hay en ella para mostrar ese retablo.

CHANFALLA

Vamos; y no se les pase de las mientes las calidades que han de tener los que se atrevieren a mirar el maravilloso retablo.

BENITO

A mi cargo queda eso, y séle decir que, por mi parte, puedo ir seguro a juicio, pues tengo el padre alcalde; cuatro dedos de enjundia de cristiano viejo rancioso tengo sobre los cuatro costados de mi linaje: ¡miren si veré el tal retablo!

CAPACHO

Todos le pensamos ver, señor Benito Repollo.

JUAN

No nacimos acá en las malvas, señor Pedro Capacho.

GOBERNADOR

Todo será menester, según voy viendo, señores Alcalde,Regidor y Escribano.

JUAN

Vamos, autor, y manos a la obra; que Juan Castrado me llamo, hijo de Antón Castrado y de Juana Macha; y no digo más en abono y seguro que podré ponerme cara a cara y a pie quedo delante del referido retablo.

CHIRINOS

¡Dios lo haga!

[Vanse] JUAN Castrado y CHANFALLA

GOBERNADOR

Señora autora, ¿qué poetas se usan ahora en la Corte de fama y rumbo, especialmente de los llamados cómicos? Porque yo tengo mis puntas y collar de poeta, y pícome de la farándula y carátula. Veinte y dos comedias tengo, todas nuevas, que se veen las unas a las otras, y estoy aguardando coyuntura para ir a la Corte y enriquecer con ellas media docena de autores.

CHIRINOS

A lo que vuesa merced, señor Gobernador, me pregunta de los poetas, no le sabré responder; porque hay tantos, que quitan el sol, y todos piensan que son famosos. Los poetas cómicos son los ordinarios y que siempre se usan, y así no hay para qué nombrallos. Pero dígame vuesa merced, por su vida: ¿cómo es su buena gracia?,¿cómo se llama?

GOBERNADOR

A mí, señora autora, me llaman el licenciado Gomecillos.

CHIRINOS

¡Válame Dios! ¿Y que vuesa merced es el señor licenciado Gomecillos, el que compuso aquellas coplas tan famosas de Lucifer estaba malo y tómale mal de fuera?

GOBERNADOR

Malas lenguas hubo que me quisieron ahijar esas coplas, y así fueron mías como del Gran Turco. Las que yo compuse, y no lo quiero negar, fueron aquellas que trataron del Diluvio de Sevilla; que, puesto que los poetas son ladrones unos de otros, nunca me precié de hurtar nada a nadie: con mis versos me ayude Dios, y hurte el que quisiere.

Vuelve CHANFALLA

CHANFALLA

Señores, vuesas mercedes vengan, que todo está a punto, y no falta más que comenzar.

CHIRINOS

¿Está ya el dinero in corbona?

CHANFALLA

Y aun entre las telas del corazón.

CHIRINOS

Pues doite por aviso, Chanfalla, que el Gobernador es poeta.

CHANFALLA

¿Poeta? ¡Cuerpo del mundo! Pues dale por engañado, porque todos los de humor semejante son hechos a la mazacona; gente descuidada, crédula y no nada maliciosa.

BENITO

Vamos, autor; que me saltan los pies por ver esas maravillas.

[Vanse] todos. Salen Juana CASTRADA y TERESA Repolla, labradoras: la una como desposada, que es la CASTRADA

CASTRADA

Aquí te puedes sentar, Teresa Repolla amiga, que tendremos el retablo enfrente; y, pues sabes las condiciones que han de tener los miradores del retablo, no te descuides, que sería una gran desgracia.

TERESA

Ya sabes, Juana Castrada, que soy tu prima, y no digo más. ¡Tan cierto tuviera yo el cielo como tengo cierto ver todo aquello que el retablo mostrare! ¡Por el siglo de mi madre, que me sacase los mismos ojos de mi cara, si alguna desgracia me aconteciese! ¡Bonita soy yo para eso!

CASTRADA

Sosiégate, prima; que toda la gente viene.

[Salen] el GOBERNADOR, BENITO Repollo, JUAN Castrado, Pedro CAPACHO, el autor y la autora, y el músico, y otra gente del pueblo, y un sobrino de BENITO, que ha de ser aquel gentilhombre que baila

CHANFALLA

Siéntense todos. El retablo ha de estar detrás deste repostero, y la autora también, y aquí el músico.

BENITO

¿Músico es éste? Métanle también detrás del repostero; que, a trueco de no velle, daré por bien empleado el no oílle.

CHANFALLA

No tiene vuesa merced razón, señor alcalde Repollo, de descontentarse del músico, que en verdad que es muy buen cristiano y hidalgo de solar conocido.

GOBERNADOR

¡Calidades son bien necesarias para ser buen músico!

BENITO

De solar, bien podrá ser; mas de sonar, abrenuncio.

RABELÍN

¡Eso se merece el bellaco que se viene a sonar delante de...!

BENITO

¡Pues, por Dios, que hemos visto aquí sonar a otros músicos tan...!

GOBERNADOR

Quédese esta razón en el de del señor Rabel y en el tan del Alcalde, que será proceder en infinito; y el señor Montiel comience su obra.

BENITO

Poca balumba trae este autor para tan gran retablo.

JUAN

Todo debe de ser de maravillas.

CHANFALLA

¡Atención, señores, que comienzo!

¡Oh tú, quienquiera que fuiste, que fabricaste este retablo con tan maravilloso artificio, que alcanzó renombre de las Maravillas por la virtud que en él se encierra, te conjuro, apremio y mando que luego incontinente muestres a estos señores algunas de las tus maravillosas maravillas, para

que se regocijen y tomen placer sin escándalo alguno! Ea, que ya veo que has otorgado mi petición, pues por aquella parte asoma la figura del valentísimo Sansón, abrazado con las colunas del templo, para derriballe por el suelo y tomar venganza de sus enemigos. ¡Tente, valeroso caballero;

tente, por la gracia de Dios Padre! ¡No hagas tal desaguisado, porque no cojas debajo y hagas tortilla tanta y tan noble gente como aquí se ha juntado!

BENITO

¡Téngase, cuerpo de tal, conmigo! ¡Bueno sería que, en lugar de habernos venido a holgar, quedásemos aquí hechos plasta! ¡Téngase, señor Sansón, pesia a mis males, que se lo ruegan buenos!

CAPACHO

¿Veisle vos, Castrado?

JUAN

Pues, ¿no le había de ver? ¿Tengo yo los ojos en el colodrillo?

GOBERNADOR

[Aparte] Milagroso caso es éste: así veo yo a Sansón ahora, como el Gran Turco; pues en verdad que me tengo por legítimo y cristiano viejo.

CHIRINOS

¡Guárdate, hombre, que sale el mesmo toro que mató al ganapán en Salamanca! ¡Échate, hombre; échate, hombre; Dios te libre, Dios te libre!

CHANFALLA

¡Échense todos, échense todos! ¡Húcho ho!, húcho ho!, ¡húcho ho!

Échanse todos y alborótanse

BENITO

El diablo lleva en el cuerpo el torillo; sus partes tiene de hosco y de bragado; si no me tiendo, me lleva de vuelo.

JUAN

Señor autor, haga, si puede, que no salgan figuras que nos alboroten;y no lo digo por mí, sino por estas mochachas, que no les ha quedado gota de sangre en el cuerpo, de la ferocidad del toro.

CASTRADA

Y ¡cómo, padre! No pienso volver en mí en tres días; ya me vi en sus cuernos, que los tiene agudos como una lezna.

JUAN

No fueras tú mi hija, y no lo vieras.

GOBERNADOR

[Aparte] Basta: que todos ven lo que yo no veo; pero al fin habré de decir que lo veo, por la negra honrilla.

CHIRINOS

Esa manada de ratones que allá va deciende por línea recta de aquellos que se criaron en el Arca de Noé; dellos son blancos, dellos albarazados, dellos jaspeados y dellos azules; y, finalmente, todos son ratones.

CASTRADA

¡Jesús!, ¡Ay de mí! ¡Ténganme, que me arrojaré por aquella ventana! ¿Ratones? ¡Desdichada! Amiga,apriétate las faldas, y mira no te muerdan; ¡y monta que son pocos! ¡Por el siglo de mi abuela, que pasan de milenta!

[TERESA]

Yo sí soy la desdichada, porque se me entran sin reparo ninguno; un ratón morenico me tiene asida de una rodilla. ¡Socorro venga del cielo, pues en la tierra me falta!

BENITO

Aun bien que tengo gregüescos: que no hay ratón que se me entre, por pequeño que sea.

CHANFALLA

Esta agua, que con tanta priesa se deja descolgar de las nubes, es de la fuente que da origen y principio al río Jordán. Toda mujer a quien tocare en el rostro, se le volverá como de plata bruñida, y a los hombres se les volverán las barbas como de oro.

CASTRADA

¿Oyes, amiga? Descubre el rostro, pues ves lo que te importa. ¡Oh, qué licor tan sabroso! Cúbrase, padre, no se moje.

JUAN

Todos nos cubrimos, hija.

BENITO

Por las espaldas me ha calado el agua hasta la canal maestra.

CAPACHO

Yo estoy más seco que un esparto.

GOBERNADOR

[Aparte] ¿Qué diablos puede ser esto, que aún no me ha tocado una gota, donde todos se ahogan? Mas ¿si viniera yo a ser bastardo entre tantos legítimos?

BENITO

Quítenme de allí aquel músico; si no, voto a Dios que me vaya sin ver más figura. ¡Válgate el diablo por músico aduendado, y qué hace de menudear sin cítola y sin son!

RABELÍN

Señor alcalde, no tome conmigo la hincha; que yo toco como Dios ha sido servido de enseñarme.

BENITO

¿Dios te había de enseñar, sabandija? ¡Métete tras la manta; si no, por Dios que te arroje este banco!

RABELÍN

El diablo creo que me ha traído a este pueblo.

CAPACHO

Fresca es el agua del santo río Jordán; y, aunque me cubrí lo que pude, todavía me alcanzó un poco en los bigotes, y apostaré que los tengo rubios como un oro.

BENITO

Y aun peor cincuenta veces.

CHIRINOS

Allá van hasta dos docenas de leones rampantes y de osos colmeneros; todo viviente se guarde; que, aunque fantásticos, no dejarán de dar alguna pesadumbre, y aun de hacer las fuerzas de Hércules con espadas desenvainadas.

JUAN

Ea, señor autor, ¡cuerpo de nosla! ¿Y agora nos quiere llenar la casa de osos y de leones?

BENITO

¡Mirad qué ruiseñores y calandrias nos envía Tontonelo, sino leones y dragones! Señor autor, y salgan figuras más apacibles, o aquí nos contentamos con las vistas; y Dios le guíe, y no pare más en el pueblo un momento.

CASTRADA

Señor Benito Repollo, deje salir ese oso y leones, siquiera por nosotras, y recebiremos mucho contento.

JUAN

Pues, hija, ¿de antes te espantabas de los ratones, y agora pides osos y leones?

CASTRADA

Todo lo nuevo aplace, señor padre.

CHIRINOS

Esa doncella, que agora se muestra tan galana y tan compuesta, es la llamada Herodías, cuyo baile alcanzó en premio la cabeza del Precursor de la vida. Si hay quien la ayude a bailar, verán maravillas.

BENITO

¡Esta sí, cuerpo del mundo, que es figura hermosa, apacible y reluciente! ¡Hideputa, y cómo que se vuelve la muchacha! Sobrino Repollo, tú que sabes de achaque de castañetas, ayúdala, y será la fiesta de cuatro capas.

SOBRINO

Que me place, tío Benito Repollo.

Tocan la zarabanda

CAPACHO

¡Toma mi abuelo, si es antiguo el baile de la Zarabanda y de la Chacona!

BENITO

Ea, sobrino, ténselas tiesas a esa bellaca jodía; pero, si ésta es jodía,¿cómo ve estas maravillas?

CHANFALLA

Todas las reglas tienen excepción, señor Alcalde.

Suena una trompeta, o corneta dentro del teatro, y entra un FURRIER de compañías

FURRIER

¿Quién es aquí el señor Gobernador?

GOBERNADOR

Yo soy. ¿Qué manda vuesa merced?

FURRIER

Que luego al punto mande hacer alojamiento para treinta hombres de armas que llegarán aquí dentro de media hora, y aun antes, que ya suena la trompeta; y adiós.

[Vase]

BENITO

Yo apostaré que los envía el sabio Tontonelo.

CHANFALLA

No hay tal; que ésta es una compañía de caballos que estaba alojada dos leguas de aquí.

BENITO

Ahora yo conozco bien a Tontonelo, y sé que vos y él sois unos grandísimos bellacos, no perdonando al músico; y mirad que os mando que mandéis a Tontonelo no tenga atrevimiento de enviar estos hombres de armas, que le haré dar docientos azotes en las espaldas, que se vean unos a otros.

CHANFALLA

¡Digo, señor Alcalde, que no los envía Tontonelo!

BENITO

Digo que los envía Tontonelo, como ha enviado las otras sabandijas que yo he visto.

CAPACHO

Todos las habemos visto, señor Benito Repollo.

BENITO

No digo yo que no, señor Pedro Capacho. No toques más, músico de entre sueños, que te romperé la cabeza.

Vuelve el FURRIER

FURRIER

Ea, ¿está ya hecho el alojamiento? Que ya están los caballos en el pueblo.

BENITO

¿Que todavía ha salido con la suya Tontonelo? ¡Pues yo os voto a tal, autor de humos y de embelecos, que me lo habéis de pagar!

CHANFALLA

Séanme testigos que me amenaza el Alcalde.

CHIRINOS

Séanme testigos que dice el Alcalde que lo que manda Su Majestad lo manda el sabio Tontonelo.

BENITO

Atontoneleada te vean mis ojos, plega a Dios todopoderoso.

GOBERNADOR

Yo para mí tengo que verdaderamente estos hombres de armas no deben de ser de burlas.

FURRIER

¿De burlas habían de ser, señor Gobernador? ¿Está en su seso?

JUAN

Bien pudieran ser atontonelados: como esas cosas habemos visto aquí. Por vida del autor, que haga salir otra vez a la doncella Herodías, porque vea este señor lo que nunca ha visto; quizá con esto le cohecharemos para que se vaya presto del lugar.

CHANFALLA

Eso en buen hora, y véisla aquí a do vuelve, y hace de señas a su bailador a que de nuevo la ayude.

SOBRINO

Por mí no quedará, por cierto.

BENITO

Eso sí, sobrino; cánsala, cánsala; vueltas y más vueltas; ¡vive Dios, que es un azogue la muchacha! ¡Al hoyo, al hoyo! ¡A ello, a ello!

FURRIER

¿Está loca esta gente? ¿Qué diablos de doncella es ésta, y qué baile, y qué Tontonelo?

CAPACHO

Luego, ¿no ve la doncella herodiana el señor furrier?

FURRIER

¿Qué diablos de doncella tengo de ver?

CAPACHO

Basta: ¡de ex illis es!

GOBERNADOR

¡De ex illis es; de ex illis es!

JUAN

¡Dellos es, dellos el señor furrier; dellos es!

FURRIER

¡Soy de la mala puta que los parió; y, por Dios vivo, que si echo mano a la espada, que los haga salir por las ventanas, que no por la puerta!

CAPACHO

Basta: ¡de ex illis es!

BENITO

Basta: ¡dellos es, pues no ve nada!

FURRIER

Canalla barretina: si otra vez me dicen que soy dellos, no les dejaré hueso sano.

BENITO

Nunca los confesos ni bastardos fueron valientes; y por eso no podemos dejar de decir: ¡dellos es, dellos es!

FURRIER

¡Cuerpo de Dios con los villanos! ¡Esperad!

Mete mano a la espada y acuchíllase con todos; y el Alcalde aporrea al Rabellejo; y la CHERINOS descuelga la manta y dice

[CHIRINOS]

El diablo ha sido la trompeta y la venida de los hombres de armas; parece que los llamaron con campanilla.

CHANFALLA

El suceso ha sido extraordinario; la virtud del retablo se queda en su punto, y mañana lo podemos mostrar al pueblo; y nosotros mismos podemos cantar el triunfo desta batalla, diciendo: ¡vivan Chirinos y Chanfalla!

* * *

El Ultimátum

El Ultimátum

Vienen las malas suertes atrasadas,

y toman tan de lejos la corriente,

que son temidas, pero no excusadas.

El bien les viene a algunos de repente,

a otros poco a poco y sin pensallo,

el mal no guarda estilo diferente.

El bien que está adquirido conservallo

Con maña, diligencia, y con cordura

es no menor virtud que el granjeallo.

Tú mismo te has forjado tu ventura,

y yo te he visto alguna vez con ella;

pero en el imprudente poco dura;

mas si quieres salir de tu querella

alegre, y no confuso, y consolado

dobla tu capa y siéntate sobre ella;

que tal vez suele un venturoso estado,

Cuando le niega sin razón la suerte,

Honrar más merecido que alcanzado.

Miguel de Cervantes

(Viaje del Parnaso)

Cuello De Camisa

Cuello De Camisa

 

Un cuento de Hans Christian Andersen

 

Érase una vez un caballero muy elegante, que por todo equipaje poseía un calzador y un peine; pero tenía un cuello de camisa que era el más notable del mundo entero; y la historia de este cuello es la que vamos a relatar. El cuello tenía ya la edad suficiente para pensar en casarse, y he aquí que en el cesto de la ropa coincidió con una liga.

Dijo el cuello: “Jamás vi a nadie tan esbelto, distinguido y lindo. ¿Me permite que le pregunte su nombre?”

“¡No se lo diré!” respondió la liga.

“¿Dónde vive, pues?” insistió el cuello.

Pero la liga era muy tímida, y pensó que la pregunta era algo extraña y que no debía contestarla.

“¿Es usted un cinturón, verdad?” dijo el cuello, “¿una especie de cinturón interior? Bien veo, mi simpática señorita, que es una prenda tanto de utilidad como de adorno.”

“¡Haga el favor de no dirigirme la palabra!” dijo la liga. “No creo que le haya dado pie para hacerlo.”

“Sí, me lo ha dado. Cuando se es tan bonita,” replicó el cuello, “no hace falta más motivo.”

“¡No se acerque tanto!” exclamó la liga. “¡Parece usted tan varonil!”

“Soy también un caballero fino,” dijo el cuello, “tengo un calzador y un peine.” Lo cual no era verdad, pues quien los tenía era su dueño; pero le gustaba vanagloriarse.

“¡No se acerque tanto!” repitió la liga. “No estoy acostumbrada.”

“¡Qué remilgada!” dijo el cuello con tono burlón, pero en éstas los sacaron del cesto, los almidonaron y, después de haberlos colgado al sol sobre el respaldo de una silla, fueron colocados en la tabla de planchar; y llegó la plancha caliente.

“¡Mi querida señora,” exclamaba el cuello, “mi querida señora! ¡Qué calor siento! ¡Si no soy yo mismo! ¡Si cambio totalmente de forma! ¡Me va a quemar; va a hacerme un agujero! ¡Huy! ¿Quiere casarse conmigo?”

“¡Harapo!” replicó la plancha, corriendo orgullosamente por encima del cuello; se imaginaba ser una caldera de vapor, una locomotora que arrastraba los vagones de un tren.

“¡Harapo!” repitió.

El cuello quedó un poco deshilachado de los bordes; por eso acudió la tijera a cortar los hilos.

“¡Oh!” exclamó el cuello, “usted debe de ser primera bailarina, ¿verdad? ¡Cómo sabe estirar las piernas! Es lo más encantador que he visto. Nadie sería capaz de imitarla.”

“Ya lo sé,” respondió la tijera.

“¡Merecería ser condesa!” dijo el cuello. “Todo lo que poseo es un señor distinguido, un calzador y un peine. ¡Si tuviese también un condado!”

“¿Se me está declarando, el asqueroso?” exclamó la tijera, y, enfadada, le propinó un corte que lo dejó inservible.

“Al fin tendré que solicitar la mano del peine. ¡Es admirable cómo conserva usted todos los dientes, mi querida señorita!” dijo el cuello. “¿No ha pensado nunca en casarse?”

“¡Claro, ya puede figurárselo!” contestó el peine. “Seguramente habrá oído que estoy prometida con el calzador.”

“¡Prometida!” suspiró el cuello; y como no había nadie más a quien declararse, se las dio en decir mal del matrimonio.

Pasó mucho tiempo, y el cuello fue a parar al almacén de un fabricante de papel. Había allí una nutrida compañía de harapos; los finos iban por su lado, los toscos por el suyo, como exige la corrección. Todos tenían muchas cosas que explicar, pero el cuello los superaba a todos, pues era un gran fanfarrón.

“¡La de novias que he tenido!” decía. “No me dejaban un momento de reposo. Andaba yo hecho un petimetre en aquellos tiempos, siempre muy tieso y almidonado. Tenía además un calzador y un peine, que jamás utilicé. Tenían que haberme visto entonces, cuando me acicalaba para una fiesta. Nunca me olvidaré de mi primera novia; fue una cinturilla, delicada, elegante y muy linda; por mí se tiró a una bañera. Luego hubo una plancha que ardía por mi persona; pero no le hice caso y se volvió negra. Tuve también relaciones con una primera bailarina; ella me produjo la herida, cuya cicatriz conservo; ¡era terriblemente celosa! Mi propio peine se enamoró de mí; perdió todos los dientes de mal de amores. ¡Uf!, ¡la de aventuras que he corrido! Pero lo que más me duele es la liga, digo, la cinturilla, que se tiró a la bañera. ¡Cuántos pecados llevo sobre la conciencia! ¡Ya es tiempo de que me convierta en papel blanco!”

Y fue convertido en papel blanco, con todos los demás trapos; y el cuello es precisamente la hoja que aquí vemos, en la cual se imprimió su historia. Y le está bien empleado, por haberse jactado de cosas que no eran verdad. Tengámoslo en cuenta, para no comportarnos como él, pues en verdad no podemos saber si también nosotros iremos a dar algún día al saco de los trapos viejos y seremos convertidos en papel, y toda nuestra historia, aún lo más íntimo y secreto de ella, será impresa, y andaremos por esos mundos teniendo que contarla.


FIN

Papi, Papi Torres no me lleves Pa´Alhaurin. Buscando la canción del verano

Cleopatra Stratan English Buscando la canción del verano