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TEMAS BLOG OFICIAL DE LA POETA Y ESCRITORA andaluza Carmen Camacho ©2017

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Las mareas

Las mareas LAS MAREAS

Estoy en el sur, entre plantas acuáticas, picado por los mosquitos, las aguas sucias me cubren hasta la cintura. Anticipe de forma absurda mi huida mucho antes del toque de queda. Estoy desprovisto de todo. Pienso que esa gente de salvamento no ha venido a buscarme. Solo estoy siguiendo mi destino. Confinado en el lugar menos habitable que ha quedado
de esta isla.

Si en poco días no muero luchando por mi libertad o ahogado. Demostrare con mi muerte que ; el mundo mas avanzado, la policía mas científica, los militares, mas perfeccionados... el periodismo mas tecnológico, los medios de comunicación, tradicionales, y virtuales. Hacen que sea irreparable cualquier error de la justicia, de los que gobiernan, los mas poderosos del planeta, y los que mandan. Es un infierno común a todos los perseguidores.

Anoche me dormí muy tarde viendo ruinas de edificios, personas, animales, plantas, en imágenes rotas. Y, la música y los gritos de supervivientes me despertaron de madrugada.

La vida del fugitivo hace el sueño muy ligero. Estoy seguro que no ha llegado ningún helicóptero de la guardia nacional, ninguna embarcación.

Los pajonales de las puntas de las colinas y los tejados de las casas se han cubierto de gente que baila.

Desde las aguas mezcladas y sobre montículos de escombros soldados.

Están vigilantes y armados con sus uniformes, de camuflaje me parecen una frivolidad.

-¿Quién conoce el destino del condenado a muerte?. Los miro una y otra vez inevitablemente.

Me obligan a arrinconarme contra el mar. Se que en este juego de mirarles hay peligro, como cada destacamento de soldados han de tener escondido un camino, de salida, y de cónsules que me remitirán, (si me cogen) por ceremonias, protocolos, y tramites , al calabozo.Siempre en grandes desastres naturales
lo primero que construyen es un calabozo.

-Hace tanto que no veo gente. Pero sin duda pienso que, estos son abominables intrusos.

Corro el peligro de ser sorprendido; es la primera visita que hacen a la zona; si quiero evitarlos. Tendré que trabajar muy duro construyendo guaridas ocultas en los matorrales.

-Desde aquí son como gigantes, puedo verlos acercarse a los barrancales.

Mi estado es cada vez mas deplorable. Obligado a vivir en estos bajos, mientras las corrientes y las mareas sube.

-Cuando oscurece busco ramas y las cubro con hojas. No me extraña despertarme en el agua. Se que un error me llenaría de agua los pulmones.

He de ajustarme a lo que sé. Me conviene para mi seguridad renunciar, a cualquier auxilio del prójimo.

-No espero nada, ¡debo temer a la esperanza¡. Esto no es horrible. Al ser un fugitivo he ganado la tranquilidad.

Acordes para un blue

Acordes  para un blue ACORDES PARA UN BLUE

Las casas se bañaban desnudas al viento. Un sol mareño en la mañana azul. Acordes para un blue.

De golpe la basura iba y venia arrastrada, arrastrada, por el viento. Árboles que rodaban como caracolas, polvo, espuma, dentro de aquella marea de muertos.

Las casas en medio del camino barrinoso y barrido, arrastradas por el agua, dejando la tierra lisa. Un ruidal de huracán en las aguas, podridas, sucias, y contaminadas llenaban la costa entera, desde cerca era verde, hasta allá, donde, era azul. Acordes para un blue.

Una notas que escapaban de un vieja trompeta, sintieron el viento dentro, notas de sangre, atropellándose, unas contra las otras, soplando valientes, al cielo. Los acordes para un blue. Como si les quemara su libertad de música sureña: Parampa, paran, Parampa, para... Sonaban las notas cuando ya no sentían el suelo. Eran cada vez mas agudas, mas sonoras por el miedo a un vuelo desconocido.

-El heroísmo es un exceso de vida que a veces puede producir la muerte.

A, ratos el viento ponía mujeres de polvo, bailando, con movimientos vertiginosos por las veredas asoladas por el agua, lodo, basura, y muerte; bailando sobre las puntas des sus pies. Cogiendo el paso de mantas de nubes negras. Tatarareando acodes para un blue.

-Venia un perrillo perdido que la calle de agua sucia traía, arrastrando una larga y gruesa cuerda. Era color canela, lagartijo, canijo, despavorido, encogido.

Echaba hacia atrás las orejas; el rabo entre las patas, un ruido de espanto lo rodeaba, tambaleándose en sus ojos polvorosos. En aquella anchisima soledad, ensordecida por el viento, era otro dolor mas extraviado. La fuerza del oleaje le hacia girar, subir, bajar, dando tambaladas. Se paraba y ponía un vano empeño por amarrar el cavo. Volvía tímida la cabeza, para mirar cuan solo estaba. Entonces emitía aullidos lastimeros haciendo un rasguño en los acordes para un blue. Iba hacia atrás igual que hacia adelante, miraba al cielo negro, mientras nadaba. La cuerda lo seguía dócil, marcando un surco en la negrura del agua por un instante. Era como un amor náufrago. Buscaba al amo perdido en el ventarrón. A lo lejos como un diminuto punto marrón nadando en aguas de muerte y desolación. Nadando hacia lo incierto. Aquel ser tan misero, bajo él, un cielo negro, sucio, y enfurecido.

Era un dolor grandioso. Entre madejas de polvo, de basuras, de cadáveres, y cascaras doradas.

-Apoyado en un poste un viejo negro, tocaba con su trompeta un blue . La mano levantada al cielo.

El viejo, vio, topar junto a una alambrada, a su perrillo canela. lagartijo, encogido, y despavorido.

Y, llamó ya sin esperanza.

-¡Blue, blue¡...

Para Eloisa

Para  Eloisa PARA ELOISA

Eloisa tiene los ojos cerrados. Hace tres días que no los abre. Se está muriendo.Eloisa, mi tía, en su lecho, ya no se queja, no pide nada, ya casi no se mueve.

Recuerda su balcón lleno de macetas con muchas flores -y se pregunta- ¿ quién las regara?.
Piensa en sus canarios azules, en la jaula de plata , que a todas horas cantan -se pregunta- ¿quién les dará mijo, alpiste y agua?.

-Prometo escribiros -ha musitado- esta mañana.

-¿Desde donde madre? -han preguntado las hijas.

Eloisa ve, con lo ojos cerrados, ve pañuelos que se pierden con el atardecer, oye risas de muchachas, rostros de todos a los que un día, amó, conoció, y vio. Que caen sin peso sobre el agua del mar, sobre la húmeda hierba. Allí donde las musarañas tejen ahora azules telas de sueños.

-¿Os acordáis?.

-¿De qué madre?.

De la vieja casa del bosque donde crujen, viejas maderas, en la moche. Y el viento agita cortinajes de terciopelo raído.

- No pienses madre.

-El viento ¿lo oís?.

El viento hace temblar la casa del bosque, entra por las rendijas. Los espejos están callados, ahora, silenciosos, envenenados peines, maleficios con manzanas rojas.

-¡Que olor a cerrado y medicinas¡. Abrid las ventanas de par en par.

Os echaré de menos. Nunca os olvidaré.

Pañuelos se pierden en la tarde que se va. A lo lejos se escuchan golpes secos que da la muerte. Los árboles se derrumban.

-¿Hijas?.

-¿Qué madre?, preguntan a la vez las siete hijas, acercándose a la cabecera de la cama. Pálidas y temerosas. Esperando a la muerte. Intuyendo el final de la larga vida llena de amor y trabajo de la madre.

-Está en venta el jardín de la fuente del Avellano.

Adelina

Adelina Adelina

Adelina, tenía cinco años, sus recuerdos ya lo había olvidado.

La madre, para hacerla consciente del cambio que le esperaba, llevó a Adelina cogida de la mano hasta la alambrada de espino; allí a los lejos pasaba un tren. La madre se lo enseñó a la pequeña.

-Adelina, ¿ves?. Allá, por la colina. ¿Lo ves?. Es un tren.
ese tren nos llevara a casa.

¿Estas contenta?

-¿Que es una casa madre?.

-Es nuestro hogar, un lugar donde vivíamos antes.
-¿Y, que hay allí madre, ¿que hay?.

-¿Te acuerdas de un osito blanco y tierno de peluche?, que tu tanto querías se llamaba pupy.

-Madre, ¿en casa hay también soldados y centinelas?.

-No, hija mía, no hay.

-Entonces, madre ¿se podrá escapar de allí?.

Un cuento para Nofret

Un  cuento para  Nofret UN CUENTO PARA NOFRET

Paseaba por el jardín de un viejo palacio que no sabemos quién lo habito, que no sabemos si tuvo dueño.

Es una tarde húmeda de otoño. El atardecer: la tierra es blanda esta cubierta por una capa de hojas que mueren adheridas a ella. No sopla el viento. No oigo ruidos entre los árboles que forman la alameda con paseos en los que reinan las estatuas sobre pedestales de hiedra y de madreselva, alzan su desnudez.

Intento recorrer el mágico jardín pero estoy quieto. Nadie lo visita, nadie hace crujir con sus pasos la vieja madera del puentecillo sobre el constante rumor del arroyo.

Nadie descansa apoyado sobre la balaustrada del parterre, para admirar, una glorieta rodeada de bustos, que la intemperie cubrió con multitud de manchas verdinegras.

Me detengo ante la gigantesca fachada del palacio, que muestra haber sufrido de forma resignada y paciente las envestidas del tiempo, pero los rigores no dañaron a la única ventana que yo siempre miro.

Cada día tras la cristalera aparece, una delicada silueta, aparta la cortina de seda salvaje y lentamente posa la mirada, en la alameda, la glorieta, y los senderos que se alejan hasta el río. Nofret vestida de olas y estrellas de mar, eternamente bella, conserva un rostro lleno de frescura. Nofret Inmóvil, tras la cristalera, no habla. Si acepta mi presencia aunque acaso no me vea.

Y mi cabeza se dobla resignada sobre mi hombro mordido, por los pájaros, las lluvias, y los vientos.Desearía tanto que sus dedos me rozasen antes que sus manos se conviertan en agua, desfallece mi cabeza; Tras mis ojos vaciós guarde tantas cosas: Tesoros de palabras bellas, de fuerza, valentía, amor y esperanza.
Dedicadas a Nofret. Acaso ellas logren mover un día mis labios de dura piedra.