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UN MARTES DE MARZO (Publicado en Diario Jaén)

UN MARTES DE MARZO (Publicado en Diario Jaén)

 

Por Carmen María Camacho Adarve

Uno entra a la cafetería de todas las mañanas, la de su barrio. Donde uno sabe  que no va a  encontrar la felicidad, aunque es difícil  que a uno le fulmine el corazón una desgracia, así que uno se sienta, sale a la puerta del local, y fuma, vuelve a entrar, habla del tiempo, mira por la ventana. La lluvia de un miércoles de marzo que  tiene la misma luz   que un domingo de abril. Sobre las diez abre el periódico, la realidad que es costumbre, se rompe desde la primera página del periódico,  a corazón abierto y al desgarrarse ya no existe forma de cerrar – se inunda el alma de agua de este marzo como una barca que naufragase- irrumpe una tormenta de sombra en la mañana de miércoles.

Inútil soltar el periódico y sacudirse la mano, porque la madre ya había huido con su veneno, inútil fingir  que no era tarde para detener el maleficio de su picadura que había alcanzado a la inocencia de su propio bebe abandonado, cuando aún era un martes  de marzo.  Yo ignoraba lo que desde ayer por la noche era el comentario estupefacto y dolido de la clientela del bar. A pesar del veneno que aun escuece, a pesar del periódico, y de esta mañana de miércoles no puedo dejar de preguntarme los motivos del abandono de un bebe, sin bañar –dicen-  desde hace días y mal alimentado dentro de su capazo.

 En la media noche de un martes en el silencio lluviosamente interrumpido por  el llanto que rasgo la noche, junto a la barra del bar.  Mientras discutían con tu hermanita de la mano, salieron de la cafetería y tu madre con el veneno de un alacrán volvió a entrar.  Para con urgencia de picadura letal decirle al dueño; “cuide del niño  que ahora vuelvo será solo momento”.   me ha dicho el propietario del bar  acostumbrado  a casi todo menos a la impotencia del dolor ante tu abandono inconcebible.

  Pasado un tiempo y sobre la media noche con el corazón roto telefoneo  a la policía para que  se hiciese cargo de ti. Y tus ojos asombrados de ser inocente abrieron paso a los agentes tu llanto se perdió en la noche junto al aullido de las sirenas. ¿Qué nos está pasando?  ¿Quién nos dice tu nombre?

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