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TEMAS BLOG OFICIAL DE LA POETA Y ESCRITORA andaluza Carmen Camacho ©2017

El tipo de la gabardina

El tipo de la gabardina

 

 

 

 

La tarde invitaba a hacer ejercicio y Julia había quedado con una amiga para ir al parque del Bulevar. Salió de casa a buen paso, enfiló Avda. Andalucía donde había quedado con ella y tomaron rumbo al parque. Una vez allí, realizaron unos estiramientos previos e iniciaron el circuito que circunvala el Parque por su parte más externa. Estaban animadas y bromeaban entre ellas.

 

_Vamos ánimo, que te quedas rezagada -decía Julia.

 

_Tranquila, tranquila, me vas a fundir. –contestó la amiga.

 

La tarde caía. Para finalizar realizaron algunos ejercicios en los aparatos dispuestos a tal fin y otra serie de estiramientos.

 

_ ¿Nos tomamos una cervecita en El monje antes de marcharnos a casa? -propuso Julia.

_Por supuesto.

 

Decidieron acortar por el Parque Juan Pablo II, donde se ubicaba una estatua en su honor. Sólo cruzar Paseo de España y estarían en El monje.

 

Se acercaban y observaron como una pareja se comía a besos en un banco. Silenciosas, pasaron junto a ellos que ni advirtieron su presencia.

De repente, de entre los arbustos, apareció un tipo con un sombrero y una gabardina que se plantó ante las dos y abriéndosela, dejó al descubierto un triste miembro viril y unas ridículas perneras atadas con gomas a las rodillas.

 

Lejos de asustarse, se echaron a reír y hacer comentarios jocosos sobre el tamaño del pene. Al tipo del la gabardina le cambió la cara, el desconcierto se apoderó de él, miraba incrédulo a las chicas sin saber que hacer y por fin se abrochó como pudo la gabardina y salió corriendo mientras ellas reían.

 

_¡Mira, corre como alma que lleva el diablo!. –dijo Paula.

 

Y viendo como volvía la cabeza hacia atrás por si lo perseguían, cruzaron Paseo de España dirección El monje.


Honorio

 

Aquella tarde de Abril, en el Parque del Bulevar, la vida transcurría felizmente, demasiado feliz y demasiado tranquila. No veía ninguna oportunidad; las familias paseando a sus hijos, otros que paseaban a sus perros y enamorados acurrucados en los bancos. Nada interesante.

 

Ya pensaba abandonar, cuando a pocos metros del lugar donde me ocultaba, aparecieron dos muchachas que iban a pasar delante de mí.

 

Así que me preparé. Comprobé las gomas con las que me sujetaba las dos perneras del pantalón. Todo correcto. Cuando las tenía justo enfrente, salté ante ellas desde detrás de mi arbusto abriéndome la gabardina y mostrándoles mis genitales. “Seguro que querían sorprendidas”.

 

Y me vi allí con la gabardina abierta ante las dos. Ellas reían, hacían comentarios sobre lo pequeño que era mi pene. No cesaban de reír.

 

El desconcierto se apoderó de mi, por primera vez no sentí ninguna excitación, sólo un deseo de cerrarme la gabardina y salir corriendo hasta abandonar el Parque. Sus risas me perseguían ¿me seguían? Corría cada vez más, con más miedo mirando hacia atrás, hasta que por fin vi la salida del Parque.

 

 

© Carmen Camacho Adarve

Margarita Lizcano Prestel

 

 

Jaén 02 de Mayo de 2010

 

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