Paganini Caprice No. 24 Jascha Heifetz
NICOLO PAGANINI
Apareció con su abrigo negro hasta los pies estaba esquelético y su figura se erguía muy alta. El cabello largo caía en rizos desordenados, sobre sus hombros y formaba un marco oscuro en torno a la cara casi cadavérica. En mi cabeza surgieron las especulaciones de rigor: ¿qué hacía allí? ¿Qué me había llevado a seguir los pasos de ese extraño músico? ¿Acaso estaba imbuido por una idea extravagante? ¿O intuía la posibilidad de participar de su secreto tenebroso? Preguntas momentáneamente sin respuesta. Pensé que el violinista era inquietante y perturbador. ¿Seria realmente aquel hombre paganini?
-¿Donde esta su violín? , inquirí, a bocajarro ¿Qué hace aquí? ¿Va a dar un concierto?
-Estoy esperando mi equipaje y en el equipaje viene mi violín
- En primer lugar, debo confesarle que me cuesta creerlo...Es absolutamente imposible porque un hombre como paganini no puede abandonar su violín
-¿Se quedara mucho tiempo? ¿Es cierto que tiene usted un pacto con el diablo?
- Demasiadas preguntas... ¿Duda usted de mí? Es usted un estupido y se rió con todo su cuerpo ¡Nunca voy a entender a los periodistas!” Se lo pasan inventando noticias absurdas y delirantes muchas de ellas, afianzadas en mentiras; de pronto, cuándo encuentran la respuesta... se produce la paradoja de ser ellos mismos los que dudan -espeto- Yo siempre me planteo lo siguiente: “¿existe acaso algo más misterioso que la vida misma?” No. Sin embargo, son pocos los que investigan este fenómeno. Lo demás forma parte del imaginario colectivo o de la propia naturaleza de las cosas. El demonio –dijo- me introdujo en el mundo de lo fantástico y sobrenatural. “Para ser el mejor violinista del mundo”. Pronto –continuo- me di cuenta que conviven con nosotros entes visibles e invisibles que se sirven del bien o del mal, según entendemos estos términos desde un punto de vista humano. Ya sabemos que es muy difícil –afirmo- discernir que es el bien y que es el mal. Y comprendí que gran parte de nuestros actos, incluso la vida, se desarrolla en torno a las tinieblas entre extraños y misteriosos moradores; sólo tenía que rastrear en la realidad para descubrir que este mundo no es literalmente lo que creemos ver. Necesitaba un consuelo respecto al absurdo del mundo y la vida –-concluyo- ¿Tú crees en el diablo? ¿Quieres una prueba de mi poder? ¿Cuándo la quieres? ¿Ahora...?
En medio del caos de mi mente traté de pensar. Paganini Inmutable, permanecía rígido frente a un temible haz de luz. Lanzó un grito en una octava por encima del registro agudo de su voz. De pronto me vi empujado hacia aquella luz. Los sentimientos se mezclaban como si el tiempo hubiera detenido su fluir, confundido como yo. Se me hace difícil respirar el calor es insoportable me estoy quemando. El espanto me domina. Me digo que nada tiene sentido; la vida es sólo una espantosa ironía, un perverso juego del diablo; y la existencia no es más que un haz de luz infinitesimal en medio de las ominosas tinieblas. Yo... antes pensaba que a veces conviene cuidarse de las verdades aparentes de los cuerdos, y que debiéramos prestar más atención a los discursos de los locos. Ahora vivo para siempre en medio de esta turbulenta luz cegadora dentro de una bombilla. Algo en mi interior se rebela contra mi existencia.
©Carmen María Camacho Adarve
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