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TEMAS BLOG OFICIAL DE LA POETA Y ESCRITORA andaluza Carmen Camacho ©2017

Soñé el promedio del mundo

Soñé el promedio del mundo

 

 

Anoche tuve un sueño. Ah, es difícil describirlo,  si sé lo difícil del amanecer, y yo quiero que lo fácil amanezca, pero no antes que yo, de otra manera será difícil verlo, hasta que eso sea fácil, y así. Con todas estas meditaciones de madrugas se entiende que lo intentaré, y no por eso dejaré de pensarlo, porque estos pensamientos son todo lo malo que puede ser un dueño, e incluso más, dependiendo esto de la materia  inviable, en la  pasividad de ser invisible. Yo evito las madrugadas por miedo a las caídas, las maldiciones, y conjuros, que no se dan bien a mi organismo, y en ese sentido no es del todo completo, porque el todo se encuentra siempre en otra parte distinta de  donde se está buscando,  ni siquiera cuando parece que los sueños ya han sido enumerados... escritos minuciosamente en una libreta.  Todas estas (llamémoslas) dificultades no hacen sino decidirme más y más en mis decisiones, y hace que las decisiones crezcan en progresión geométrica, mientras que la geometría crece aritméticamente, porque no encuentra otro modo. Por eso,-yo me aferraba desesperadamente a mis endebles estructuras mentales-, no puedo dejar de seguir decidiendo lo que decido,-no me aferro a ninguna estructura ellas se aferran a mi-  y pareciera que mis decisiones más antiguas estuvieran a punto de estallar a causa de su tamaño, pero jamás lo hacen o no lo han hecho hasta ahora, y en promedio eso quiere decir que no lo harán nunca, aunque realmente lo hagan finalmente, porque esto es  lo que soñé: soñé el promedio del mundo y eran realmente muchos promedios, con uno mayor, pero ninguno era el mayor por mucho tiempo, dado que la premediación no tenía fin.

 

Yo no me promediaba, de otra manera no hubiera sido posible ni soñando y debería haber continuado soñando trescientas noches. Eso no hubiera sido problemático en otros momentos de mi vida: es más, a diario solía hacer eso; cuando me aburría de soñar lo que estaba soñando, o me ocurría un percance que me impedía continuar, simplemente se lo transfería a la cabeza que tenía durmiendo cerca. Y también recibía  sus sueños inacabados, y esto ocurría algunas noches treinta tres veces, porque hay gente muy propensa a aburrirse. A veces recibía sueños tan ridículos que decía "en la mañana, cuando despierte, le preguntaré cómo se puede perder tiempo en esos sueños". Pero al despertar me lo pensaba mejor, porque yo también entregaba cada sueño a ser feliz.  Ya no es posible eso,  un día la cabeza que dormía cerca se alejó siguiendo al cuerpo que hacia las maletas. Y eso es lo que más extraño: -su cabeza-, no por lo que pensara, que no era demasiado, en realidad. Le pedí que me la dejara, pero me dijo que no, y no por egoísmo, sino porque yo necesitaba una cabeza cerca. Ahora me arreglo sólo con mis sueños, y por eso es que evité  promediarme yo también, y en cambio, para distraerme, me puse a dibujar la curva de Gauss de la población que iba promediando, que suponía normal,  por favor no me pregunten porqué.

 

Así, la gente que conocía y otra que no conocía se promediaba entre sí (No digo toda), porque dado que no la conozco,  no puedo decir cuántos son, y si estaban todos.  Será un sueño y todo lo que quieran, pero la lógica hay que conservarla hasta el final, -como la dignidad- Lo sorprendente es que se daba por ejemplo que el promedio entre A y B, era exactamente igual, al promedio de C y D. Esto no me hubiera sorprendido de haberlo pensado despierta, es más, resulta tristemente obvio. Pero soñando, me parecía que esto no podía ser, y que si era, también era una lamentable falta de originalidad por parte de quién sabe qué, la materia, tal vez. Y pensé que sobraban muchas cosas, sobre todo porque en ocasiones un promedio daba música o luz.

 

Mientras los promedios seguían promediando y promediándose, me pareció importante sacar la desviación típica, pero una intuición salvadora se opuso. Y en cambio, me encontré haciendo un tes del oráculo chino cuadrado sobre la arena.  Dispuse a los promedios que pasaban por ahí, que parecían muy educados. Cuando todos estuvieron acomodados en la grilla, procedí a interrogarlos. Como ninguno atinaba con la respuesta, le pregunté al que parecía más despierto qué era lo que ocurría. El promedio me contestó que por una cuestión de frecuencia, los promedios estaban muy impedidos hacia la reflexión, y que probara hacerles preguntas sobre cultura general: por ejemplo, qué día es primavera en –“el corte ingles” o qué colores se llevan esta temporada.  Revisé de pe a pa mi Tes., y ese tipo de preguntas no figuraba, tampoco en Tes. Más concienzudos, científicos y doctos. De mis bolsillos saqué entonces las la tres monedas “de los chinos”, y allí los promedios se sintieron más en su casa: que hay que esperar al marrón, el verde manzana viene muy fuerte, pero no pega con el verde limón, si bien en el show de no se qué poeta lo había usado en su  última actuación. Y que ese otro tono que se asemejaba a una tarta de chocolate, si era posible que se mezclaran, ya que con hambre no podían pensar... semanas sin probar bocado. Debo hacer una confesión: los borré. Pasé mis manos por la arena, y dejaron de hablar, aunque tuve buen cuidado de hacerlo de una manera estética.

 

Una pesadilla,  de colores imposibles -dirán- que dura toda una vida.  Fue maravilloso,  ya se que nadie me cree, y he aquí la razón: cuando despierte, me sentiré  feliz de estar en un mundo en donde los promedios no existen, los  sueños.  Son innecesarios racionalmente. Sería una redundancia del más redundante. La naturaleza es muy sabia, aunque ahora mismo no pueda recordar porqué.

©Carmen María Camacho Adarve

 

 

 

 

 

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