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TEMAS BLOG OFICIAL DE LA POETA Y ESCRITORA andaluza Carmen Camacho ©2017

La encantada

La   encantada La  Encantada

 

 Una noche de Difuntos en un  bosque de pinos, junto al  pueblecito,  de Segura de la Sierra (Jaén). Sus habitantes  encendieron una luminaria para salvar a las ánimas del purgatorio. Pasaron toda la noche de Difuntos rezando: por sus familiares, amigos, y vecinos fallecidos.

 

Alrededor del fuego cenaban según la tradición; higos secos, tortas de manteca, y gachas de harina dulce.

 

Ya de madrugada Antonia y Juan -un matrimonio- cansado de rezar comenzaron a charlar sobre, duendes, brujas, aparecidas, y encantadas.

 

-El marido dijo a la mujer, - me gustaría mucho encontrarme con algún duende- que nos trajese la suerte y nos retirara de pobres, a pesar del recelo y el miedo que Juan tenía a las cosas sobrenaturales.

 

Antonia lo tranquilizo, ya que las madrugadas de Ánimas, -le contó- es cuando surgen las apariciones de encantadas.  Ella le puso como ejemplo la historia de un antiguo vecino del pueblo.  Aquel hombre fue caminando hasta la era del Coso, con uno de los bolsillos, de su pantalón de pana, lleno de higos secos.  Después de aquella noche el campesino se marchó a vivir a Trujala.  Donde tuvo tierras buenas, fértiles, y ganado abundante.  La mujer lo animo para que fuese a la era.

 

-¡Anda Juan no temas¡ nada vas a perder por ir allí, además nunca he oído que las encantadas hallan hecho el mal  a ninguna persona.

 

Antes de amanecer, Juan salió de su casa, cuando llegó hasta la era, la recorrió con nerviosismo y dando zancadas.  De repente apareció ante el una figura vestida con una túnica blanca y vaporosa.

 

-No tengas miedo de mí, -dijo- ¿traes los higos? (le pregunto).

 

Juan lleno de emoción, vació su bolsillo depositando en las manos que la figura encatada le extendía todos los higos.

 

Los higos, empezaron a caer al suelo convertidos en monedas de oro, el hombre se agachó para recogerlas.  Y al ponerse de pie alzo la vista.

 

-Pero solo pudo alcanzar a ver una tenue silueta blanca que se desvaneció ante el.

 

 

 

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