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TEMAS BLOG OFICIAL DE LA POETA Y ESCRITORA andaluza Carmen Camacho ©2017

De cómo diálogamos

De cómo  diálogamos CÓMO DIALOGAMOS

Hoy todos somos dialogantes, le damos su importancia a su imprescindiblidad. Sin lugar a dudas que es la contra-arma que oponemos a todo el arsenal el diálogo.

Se puede casi asegurar que en llevar está bandera todos somos tolerantes.

Pero...¿Que es dialogar?, ¿Solo hay un tipo de diálogo?, ¿cual es el mio y el de usted?, ¿ que entendemos por dialogar en un mundo sordo?, ¿por qué no miramos sus divergentes direcciones?. Revisión al canto, con cinco estilos que se convierten o dan pie a su vez a cinco preguntas:

1- ¿Dialogamos para humillar?.

La intención debe ir por delante porque ella imprime carácter aunque a veces lo contrario sea verdad y en la praxis se den tales nervios en usted o en otro dialogante que de la impresión que el diálogo no viene a ser sino arma. Entonces la cosa está muy clara. La armería, en una academia militar, en un ring de boxeo... Este diálogo pertenece a Marte y sobre él casi todos sabemos demasiado. Procuremos olvidarlo usted y yo.

Revisión hecha.

2-¿Dialogamos para llegar a un término medio entre opiniones distintas?.

Algún forista ingenuo, impulsivo, y precipitado dirá que sí, que este es el valido, que ya había escuchado aquello de que la virtud se encuentra en la mitad del camino. Y, no seré yo quien denigre tal arte, pero tampoco recomendare un instrumento que pertenece tanto al mundo de la diplomacia como el anterior al mundo de la guerra. Este de los términos medios es... demasiado cómodo y falaz da la impresión que todo lo arregla , -por lo menos ante la inminencia de las bofetadas-, aunque claramente encierra el noble sentido de una concesión al interlocutor, no menos supone una traición a la propia y personal verdad. La paz es un bien que exige toda una serie de renuncios y sacrificios, -siguiendo nuestro orden, - hasta el de renunciar al diálogo- pero jamás debe llegar a comprarla al precio de un trozo de conciencia. Revisemos y no nos satisfaga si nuestros diálogos apuntan o son conformes con este estilo de modesta pretensión.

3- ¿Dialogamos para justificarnos y explicarnos a la vez?.

Esta pregunta, es extensa y excluye las dos de antes, a la vez que establece un orden y sitúa a tal diálogo en una categoría inferior en cuanto a nobleza. Por que justificarse y explicarse uno es necesario, pero también lleva la carga en si del egoísmo, "que si dije o hice esto"... que si pienso así es por estas o aquellas razones... que sí bueno... que sí claro... ¡que me escuche usted por favor¡..."
El derecho a tal defensa es licito, pero ¿muy bonito no?. Al menos es menor que el de la segunda intención, el de convencer de la verdad tal como cada uno la ve y convencer de ella porque el de enfrente carece de luz... ¡Muy bien, pero que muy bien¡; lo que sucede que este fin incluye también como una falta de respeto a quien tiene sus verdades y el derecho a exponerlas a su estilo.
Entonces tal vez no sea demasiado atinado situar al final de tan nobles intenciones la de escuchar para uno reflexionar y salir enriquecido del resultado.
Entonces, lo primero no debería ser nunca la personal justificación, ni lo segundo, ni lo tercero mero empeño de convencer por convencer.

4- ¿Dialogamos para convencer no para reflexionar?.

Pues tampoco, el convencimiento debe ir subordinado al de la propia reflexión, al de oír al otro, sea quién sea, y piense de la manera que piense. No hay otro respeto que no comience por este "pequeño detalle". Y tampoco hay que considerarlo como el diálogo perfecto, dejemos la manía por explicarnos cada uno por aquello de quedar bien, de la excusa de la aclaración, del "quise decir..pero... no me comprendió..." seguramente ni usted ni yo hemos pasado de este cuarto diálogo que es como un juego académico o magistral donde el peligro es evidente; el diálogo se convierte entonces, en un monólogo.

5- ¿Dialogamos por aclaraciones, por el subsistir de puntualizar...?

Entonces todo se empequeñece, el diálogo se ilumina y se trueca a la verdad cocida entre los dos, -él y usted, o yo y usted-. Una verdad a dúo no por lo del término medio, sino por aquello que cada hombre tenemos de algo de mentira o error y algo de verdad . Y del resultado de haber minimizado la sucesión mutua de errores y haber enriquecido las verdades.

Pensemos en nuestros diálogos. Nos dará algo de rubor...

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