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Articulo de opinión, del diariojaem.es suplemento donincal. Por Carmen MaríaCamacho Adarve OTOÑO ES OTOÑO

Articulo de opinión, del diariojaem.es suplemento donincal. Por Carmen MaríaCamacho Adarve OTOÑO ES OTOÑO

OTOÑO ES OTOÑO

Esta mañana subí a Jaén, los que habitamos el Gran Eje, llamamos- Jaén al centro de la ciudad-  al llegar al centro me crispe una vez mas al ver la “la plaza nueva”… (Para que luzca mas la Catedral), dicen  los defensores a ultranza de su nueva arquitectura.

 Recordaba la antigua plaza de S. María aquel  jardín donde los niños dibujaban risas, en torno a una fuente. Tenía esa vejez  melancólica de los lugares por donde en otro tiempo pasó la vida. Bajo las grandes losas, habrían florecido (en  antiguas primaveras) las rosas y los magnolios.- Yo también los evoqué-   cuando la mañana otoñal envolvía  la plaza los  jardines húmedos  por la constante lluvia de la noche. Bajo el cielo, de una azul cobalto, una  arboleda venerable parecía tener el ensueño de la vida monástica. La caricia de la luz temblaba sobre las hojas caídas- como un mirlo  despistado-  la brisa trazaba en  la yerba, huellas  y quimeras  de invisibles duendes. 

 Este otoño con la prisa de escapar de la crisis de todos los jaeneros, como si el que viene tuviera unas tremendas ganas por llegar , nosotros habitantes inquietos  de una Jaén desolado por el índice de parados somos capaces de llenar meses enteros de un año, con prisa.  Sin achicarnos en las estrecheces ni en la depresión que consume a Europa.  Tenemos esperanza  y optimismo. Que da la tierra de olivares y la seguridad que nos da ser poseedores de uno de los mejores aceites de oliva del mundo.

En esta mañana, soy una inquieta buscadora de sorpresas de arte, de historia, de leyendas y recuerdos… de esa arboleda perdida que llama sin cesar.

 JAÉN. Un de paraíso, de  una naturaleza bella y escondida:    una  ensoñación que a los artistas nos atrae para no dejar nunca de reinventarnos. Todos amamos nuestra ciudad con  la fuerza del corazón.

  Mis antiguas  lecturas, sentada  en un banco,  bajo la grata sombra de  un magnolio  se pierden entre, las rosas y los surtidores. Aún perdura un sol tinto de anemia en la fachada de la Catedral.

 

Carmen María Camacho Adarve

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