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EL RAYO QUE NO CESA”

EL RAYO QUE NO CESA”

El Periódico

                                                  
EL RAYO QUE NO CESA”
 
SALVADOR GINER
 
Catedrático de Sociología de la universitat de Barcelona
Y presidente del Institut d’Estudis Catalans (IEC)

 
Hace pocos días se celebró (¿quién?  ¿Cómo?)  el Día Mundial de Internet, para escarnio de quienes, como el que escribe, llevamos más de una semana descolgados de Internet, sin que la sublime Telefónica haga nada para resolverlo.  Aunque sí mucho para cobrar las inacabables llamadas a un teléfono 902 y, faltaría más, la suscripción mensual a un ADSL que, en mi caso, brilla cegadoramente por su ausencia.

Durante la cibernética celebración global, doctos internetólogos han especulado sobre las profundas repercusiones que según ellos están teniendo la cosa sobre nuestras vidas cotidianas, así como nada menos que sobre la estructura misma de la sociedad humana.

Mientras los unos hablaban de "la sociedad de la información" -el monstruo tiene hace tiempo sus gurús, su retórica vacua y ambigua, y sus congresos- los otros, más progresistas, se deshacían en observaciones sobre "la brecha informática" y otras disfunciones.  (Que algunos de los ayer preocupados por la lucha de clases y la malvada burguesía hayan hoy llevado sus angustias existenciales a la brecha en cuestión no deja de tener su encanto.)  Y todos, al alimón, coincidían en lo mal que anda España en este asunto.  Lo atrasados que estamos.  La cola de Europa.  La rancia cantinela.

Ya el mejor de nuestros periodistas, Larra (pronto celebraremos el segundo centenario de su nacimiento en 1809), ahogó el sarcasmo en la ironía para considerar la fascinante naturaleza del atraso endémico hispánico.  Con él, si no antes, se inició una caudalosa corriente sobre el asunto.  El rayo que no cesa.  Ahora toca Internet.  Otra vez, cómo no, llegamos tarde y mal.  Quizá convenga, ante la permanencia secular de nuestra incompetencia en ciertas materias modernas tomar otra senda, distinta de las anteriores, que nunca dan resultado.

Desde aquí propongo que nos modernicemos ya de una vez olvidándonos de la modernización:  déjense, estimados conciudadanos, de brechas, o de esfuerzos por atrapar a nadie.  No lo lograremos nunca.  Hasta las legendarias Grecia y Portugal -tan cómodas siempre para no ir de farolillo en el furgón de cola, aunque sí en el furgón- nos empiezan a dejar atrás en algunas cosas.  Los griegos ya nos han pasado en Internet.  Y tienen mucha menos gente colgada sin explicaciones por parte de sus correspondientes empresas.  Salónica y Atenas son cibernéticamente hablando más cómodas que Valencia, Barcelona u Oviedo.

NO ACABAN aquí las cuitas:  sesudos sociólogos se han entregado al estudio empírico de las repercusiones sociales de Internet para dilucidar cómo está transformando las sociedades.  El primer hallazgo de tales pesquisas es que o no cambia mucho o no cambia nada.  Para poner un ejemplo espectacular, los matrimonios de conveniencia en la India se fraguan ahora en Internet, y a través de ella negocian las familias el enlace de sus vástagos.  Los matrimonios entre castas son tan raros como antes eran:  la gente se casa con los de su propia clase y casta, como siempre.  Podría dar otros ejemplos.  Hay razones para dudar de que Internet vaya a modificar mucho las relaciones humanas.  Algunos, los adoradores del nuevo vellocino de oro internético, piensan lo contrario, pero los datos cantan.  Por Internet se puede ser fanático, pederasta, sectario y terrorista, entre otras lindezas.  No es ella la que hace mejores ni peores, moralmente, a los humanos.


Pero que no cunda la angustia:  no les propongo un retorno al triste "que inventen ellos" de Unamuno.  (Al contrario de Larra, a ese energúmeno le faltaba sentido del humor, de modo que lo dijo en serio.  Tiene mérito.)  Les propongo una tercera vía:  el budismo cibernético.  Si no eligen ustedes la emigración, abandonen toda aspiración a modernizarse por vía internética, y con igual vigor abandonen todo anhelo por volver al pasado.  Es imposible:  el latifundio, el analfabetismo, el oscurantismo, la dictadura cuartelera no volverán.  Son incompatibles con la zafia realidad posmoderna, con la telebasura, los SMS, el atolondramiento infantiloide y demás fuerzas del mal que impiden semejante retorno.

Por lo tanto, prescindir de ciertas cosas esencialmente modernas no tiene por qué sugerir imposibles vueltas al pasado.  Entendamos las cosas de modo distinto, y seremos más libres y cabales.

¿Quién en su sano juicio quiere que funcione Internet?  ¿No la usan muchos para el gozo pornográfico?  ¿Y muchos más para caer en la vorágine de eso que se llama el estrés?  ¿O para encontrar pareja?  Ni el febril don Juan Tenorio podía imaginar que sus émulos de hoy ya no iban a tener que escalar muros, allanar mansiones y jugarse el tipo para conseguir la flor de su deseo.  ¿No son faenas indignas del homo hispanicus perennis?


Reconciliémonos pues con nuestro modesto lugar en esa loca carrera a ninguna parte, de la cual el anhelo de entrar el ciberespacio es emblemático.  Sin abogar por el pasado, miremos a un porvenir budista de sabias contemplaciones, serena comunión con el cosmos e indiferencia a esta vorágine llena de neofilia (o adoración de lo nuevo) que nos tiene asidos del cuello.  Seremos la admiración del mundo.  Como Séneca, inmortal cordobés que otrora enseñó ética a los antiguos -aunque algunos, como su pupilo Nerón, maldito el caso que le hicieron-, seremos admiración del mundo, guía moral de todos.  Créanme, eso de Internet es sólo un velo de maya.  O si prefieren, el timo de la estampita del siglo XXI.
 
(Acabo aquí, que tengo que reclamar a Telefónica que me restablezca la línea.  El mono se apodera de mí.  Un sudor frío de impaciencia humedece la mano que ase mi teléfono inalámbrico.
 
 
 
 
 
 
 
 

 

2 comentarios

bluki -

hola, 0ctavia
me alegra mucho
que entres al blog
creia q algo te pasaba
¡un café y los q hagan falta¡
q estes bein es lo mejor
muchos besos

Octavia -

Hola Bluki , ya llevaba un tiempo sin dejar ningún comentario , siempre llego y leo a toda prisa , corriendo , corriendo... algún día pararé para tener ese café que nos debemos.

Un saludo cariñoso.