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TEMAS BLOG OFICIAL DE LA POETA Y ESCRITORA andaluza Carmen Camacho ©2017

RARO DE LUNA

RARO DE LUNA

RARO DE LUNA

(Elegía a Javier Egea poeta y amigo)

Javier tenía la melancolía. De la Alhambra,
y la "mala follá" de graná,
su pecho era un trapecio,
flaco y enjuto, de hombros angulosos.

Aquella noche de julio,
en el tiempo, que las macetas
de geranios, y jazmines,
florecen, en balcones, y azoteas.

Granada, en la noche de verano:
tenía, colores, rosas, y malva.
Que, sonreían con dulzura,
mientras, Javier caminaba.

Miraba las casas, dentro del río,
y, sus perfiles, se fundían,
como el atardecer,
cuando se pone el sol.

Los pájaros; de la noche,
prendían, con sus picos,
un velo, de seda azul,
de noche, sureña.

El aire, hacia sonar,
las hojas, de los tilos,
traía olores...
madreselva, y, gardenia blanca.

Quisquete, al borde del río,
la muerte asoma,
en los perfiles, de casas,
en los reflejos de cristal, en el río.

Velo de seda azul,
de noche marinera,
jugaba, con los colores, del agua,
pero, no, con sus formas.

El aire limpio y transparente,
en la noche de julio,
Quisquete, vio fachadas de acuarelas,
Verde vega, naranja, aguamarinas.

Las puertas, que alguien se cuidaba, de cerrar:
eran, de azul, ocre, y oro,
y Javier, paseaba,
por la carrera del Darro, a la vera del río.

Tenían, las fachadas nostalgia, y soledad,
el Darro, con sus arenas negras,
la ova, nace en las orillas,
junto con cosas sucias.

Patos, que anclan en, la arena negra,
en su orilla, cerca del agua...


Gatos de la noche.
¿Que gitanos os cantan?

Dos puentes, que detienen,
el lado, de las corrientes,
todas las cosas tristes,
...pasaba por allí Javier.

Al otro lado del Darro;
había acacias,
que, doblaban sus ramas,
rozando, la superficie, del agua.

Nada estaba acabado.
Y todo empezado.


Javier subió,
por el callejón, del Ángel.

Y todos, desembocan, en la carrera
de piedras, gastadas, y blancas,
ignorando el agua...
la Alhambra lloraba.

Quisquete, bordeaba, el paseo de los Tristes,
y estaba, solo todavía,
Granada bella; en la noche de Julio,
con sus tilos.

Y, la Alhambra, era rosa, y morada,
lloraba, con dulzura,
el agua, de los jardines,
los surtidores, de las fuentes.

Javier, sonreía con dulzura,
a la muerte blanca,
como la de las rosas.


Javier estaba solo todavía.

©Carmen María Camacho Adarve

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